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Tu diario. Libertad de expresion

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-MOLINO DE  PAPEL_ Porque el mundo  está  lleno  de  historias.
“El  Mono  de  Átala”
Cuentos y relatos globales. 19.02.23 
OTRO  ENANO, GUSTAVO
Para los  enanos el  mundo es  chiquito  y así  lo  conocen  todo…
A Gustavo Arango, gigante escritor de enanos

Escribe; Walter  Pimienta  Jiménez.- Gustavo,  este  era  otro  enano,  disntinto  del  que  tú  escribiste en  tu  libro de  cuentos “Unos  cuantos  tigres  azules”; pero   este,  del  que escribo,  centímetrros  más  o  centímetros menos,  igual  al  tuyo  porque también  era  enano.
Este, el  de mis  letras,  tenía  nombre,  aunque también  es  cierto lo  que escribiste; el  nombre  de los  enanos debe ser  ese: “Enano”,  ya  que  nadie les distingue  por como se llaman  sino por  ser enanos:  “Allá viene  el  enano” ...”¿Viste al  enano?...”Pa jodé a ese  enano”; dice  la  gente y  resulta que el enano a sí llamado puede  llevar  por  nombre el  de Gustavo, como  tú; Santiago; Alfonso… y en   el caso de ser  mujer, no  cambia para  nada   la cosa: “ Ahí  viene  la enana”…¿Viste a  la  enana?...”Pa  jodé a esa enana”,  dirá el  común dentro  de  los  cuales  hay  muchos  que  no se  han  dado  cuenta que  son enanos y que  no  sobrepasan  el  1.50 metros; y  la  tal  enanana  a la  que se  refieren es  factible  se  llame. “Ana” ( un nonbre  corto   y  apropiado  para  una enana), Rodesiadalginia..( este sí  un nomnbre  muy  largo  para  una  enana)…
Este enano, Gustavo,  el  de mis letras, respondía por  “Cesar  el  Grande” ( Julio César ),  tal  vez  en  honor  al importante  políticoy militar  romano así llamado. Lo  de Cesar,  se le  aceptaba;  pero  lo  de Grande, ahí  sí  que no. Medía   apenas 1.42 metros…Nació  chiquito y   desde  bebé  ya se sabía sería  enanno de  padres normales que  al  verlo tan  chiquito le daban teterito,  lo  dormian  con cancioncitas en  una  cunita, comía  sopitas en  un  platico con  una  cucharita y  le  ponían  una  ropita  y  unos zapaticos…y fue a una escuelita con  unos  libritos,  lugar  donde  los niños nunca le  dijiero  Julio Cesar  sino  el enanito…
Gustabvo, te cuento:  en  el  caso del  enano de  mis  letras; este difurcaba la  vida  entre llamarse “Enano” o Julio  Cesar, lo  que ocurrió fue que al llegar al  mundo  del espectáculo,  tuvieron que  darle otro  nombre: Ya  había enanos  llamdos: Gruñón, Estornudón, Dormilón, Tímido, Tontín y Feliz; los de  Blanca  Nieves. Ya  había otros  ironicamente identificados  por Sansón,  Hércules, Maciste, Pulgarcito, Meñique o Goliat…Y  a este,  al  de mis  letras,  alguien  dio  en  llamarlo “ Cesar  el  Grande”) y  así en  una compañía  de  otros  enanos y  enanas,  presentrarlo de  pueblo  en  pueblo boxeando, payaseando, haciendo  de mago, de  luchador de lucha  libre y de  torero…
Ganas  de  joder, Gustabo, la  gente jode  mucho,  y  más a los  enanos… Eche,  Gustavo, y  es  cierto  lo  que  afirmas: Los enanos  son  adultos  en miniatura y yo  agrego: Que  a veces  tienen más grande  lo que  falta a los gigantes  (¿?)… Total,  Gustvo,  que  el  enanno  de  mis  letras, nunca  fue  corto  de espíritu para  ganarse  la  vida: Vendía  loterias,  hacía de  fotografo, vendía  libros  de segunda para  lectores de segunda;   lo usaban de  monaguillo, algo  que  siempre   a estado escaso; animaba fiestas  infantiles sin  poder  romper  la  piñata,  se sabía  el  cuento  del  gallo capón  hasta  hacer  dormir de  rabia a  los niños; que  le decían  por  favor,  ya  no  más;  no  lo  repita; lo  empleaban  en  los  talleres de  mecanica  para  que encontrara tornillitos  perdidos; pintaba  edificios  y  no  le daba  mal  de altura;  lo  buscaban  para  sacar  el  granito de arena  que  a  la  gente  le  cae  en  los ojos; no era  tonto  y  cuando  la  policía  le  decía;  “Alto”, no  se molestaba y  se  queda  quieto y  se  prestaba para  la  requisa evitandose  así una bala  perdidda  no  tan  perdida si salía  corriendo; el  mismo  que  tiene  esta  anécdota  solo a él  ocurrida: Que  una vez entró a  en un bar, saludó a todo el mundo, y llego hasta donde estaba la persona que servía  el trago, pero no alcanzaba y empezó a saltar diciendo: ¡Un whisky, por favor! ¡Un whiskyy, por favor! Y así varias veces, hasta que se cansó de saltar porque nadie lo atendía, y se dió cuenta que había una silla donde subirse para ver por qué nadie le atendía, y se subió y cuando se subió se dio cuenta de que al otro lado del mesón había un  enanito saltando  y  diciendole: ¿Con hielo o sin hielo? ¿Con hielo o sin hielo?...
Gustavo,  te  cuento  más: el  enano  de estas letras era  tan normal que se casó  con  una mujer  normal, y  tuvo  hijos e  hijas  normales,  y  en  el  lo   fenomeno no era  fenomeno,  era  fenomenal. Bailaba  en  las  comparzas  del  carnaval, jugaba  fotbolito  con  otros enanos y  metía  sus  golecitos;  era capaz de hacerse  humor  negro  de sí mismo  al  decir: “No  soy  enano, es  que  mis  zapatos  son muy  profundos” o esto:  “Soy  tan  enano que  si  me  siento en  una  moneda  de  a cincuenta centavos,  me  quedan  sobrando  veinticinco”.
Gustavo,  y  en  algo coincidimos, el  enano en  tu  libro era torero, y este de aquí  también: Practicaba  en  rodeo   montado en  una vecina epilectica y  nunca  se  caía…Riéte  si  quieres… Se la  gozaba   el  tipo…Y  mataba  a los  toros apenas de media estocada…Este  iba a  la playa, se  tostaba  al  sol,  se acostaba en  la arena y  con  sus biniculares ,  fijandsose en las  mujres  que  lucían  bikinis,  todo lo veía cerquita y   de la  cintura  para abajo…
Lástima,  Gustavo… Qué  gran  lástima que el enano  de  tu  cuento  muere en  el  ruedo,  en  una fiesta  de  pueblo, luego  de  haber saltado cinco veces  por  encima del  toro, de  cabalgarlo  por  8 segundos y  cuando ya le  iba  a hacer  al más peligroso de la tarde,  la  danza de de los siete velos, a solo tres  centimentos  de los filosos  cuernos del  astado…!Ay Gustavo! ¡Ay  Gustavo, qué pesar,  qué tristeza! La  historia  tocó a su  fin…el  alma de  tu  enano literario voló y  voló  y  voló   pa’ el  cielo y  su  cuerpo ¡Plop!  (como  “Condorito”),  entre  gritos  de :   ¡Lo mató! ¡Lo mató!  Cayó en  la arena… Fue  una muerte corta como  la  muerte de   los  enanos…Mientras que el de estas letras,  del  que escribo, se  me  dijo por  boca  de  otros enanos y enanas ( a fin de no ser  excluyente),  hace  años  murio  de enano… No  de cojo  ni  de feo por  ser  enano. Murio  de  lo  que mueren los enanos, murió  de  la risa  o,  mejor,  de reirse  a carcajadas de la  gente que se rie de los  enanos y   que esa vez  en  el  circo   se reía  de él…Murió feliz,  Gustavo, meaito  de  la  risa… Gustavo,  perdóname  el  final…

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