Hace unos instantes he terminado de enviar algunos mensajes de felicitación a mis compañeros, amigos y conocidos. Este año sin embargo me ha resultado más complicado, y no ha sido de cómo enviarlo en mi nuevo móvil, ni mucho menos qué decir, puesto que creo que todos hacemos y decimos lo mismo: Feliz Navidad para todos los tuyos y para ti. Salud y mucha suerte. Me ha resultado muy difícil felicitar a los míos cuando hay algunos que ya no están con nosotros, y que éstos apenas hacen unos días que se han marchado y han dejado de existir, como es el caso de un gran hombre: Martín Rodríguez. |
En estos años que he tenido la bendita oportunidad de conocerlo y disfrutar de infinitas veladas con él y todos sus familiares, matanzas, comidas, trillas y un largo etc., y sólo pude hacerme eco de su gran corazón servicial y atento para todos, nunca escuché un No de su boca, siempre y aunque sus males estaban presentes, allí estaba para ayudarte y complacerte, sin pedirte nada a cambio.
El sábado cuando falleció, me tocó decirle a su nieto, mi sobrino, que su abuelo ya no estaría más con nosotros, y él, llamado también Martín, con la naturalidad que caracteriza a los niños de 8 años me dijo: Sí, tita, ya lo sé, pero aunque yo no pueda verlo, él siempre estará conmigo y me mirará desde el Cielo.
Y ya que su recuerdo siempre estará con nosotros, sólo nos queda decirle y enviarle este mensaje: Martín: aquí en este mundo terrenal, velaremos y cuidaremos de los tuyos, Santi tu esposa, tus hijos Pepe y Paqui, tus nietos Martín y Carmen Rodríguez, Juan y Martín Lara, hermanos y demás familiares. Descansa en paz y Feliz Navidad.
Dolores García López |