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- Molino de  papel - Porque  el mundo  está lleno  de historias
Cuando… LAS CASAS  DEL  PUEBLO  SE  PINTABAN EN  DICIEMBRE
Cuentos y relatos globales. 04.12.22 
Pinta tu  casa de  un bonito color  al salir y  de uno más hermoso al  regresar…
Escribe; Walter Pimienta.- En diciembre, el  palpitante corazón de las casas  del  pueblo,  “se enamoraba”  de “el  Cuco”,  el  pintor  de  brocha  gorda. En  diciembre, las casas del  pueblo;  ahora,   pintadas de  verde y  amarillo,  de  rojo  y  blanco; de  blanco  y azul;  de amarillo  y  blanco,  de  rojo y  crema;  “se  volvían adolescentes”, “más  jóvenes” y   todas cambiaban  sus  caras  de  la adultes por  el de  la  mocedad. Ahora,  era  diciembre y , en  ellas, una  nueva  historia, descubriéndose en los  colores  de  la esperanza… pronto  esperarían otro  año y si  las  chicas de la vecindad estrenaban vestidos y zapatos porque era  diciembre; las  casas del  pueblo, de  la mano  de  la brocha de “el  Cuco”,  estrenaban colores o ,  mejor  pintura, descubriéndose a la vista  de  todos en  las  tonalidades y  matices sensibles de sus  paredes hablando  del  color  que  éste  les  puso como si en ellas hubiera  escrito  coloridos poemas y  entonces  no  callaban y  dejan  de  decir  nada..
Hasta  las  hojas  caídas de los  almendros  del  parque, se pintaban de  ocre y  marrón  y  de anaranjado con una pizca  de  mostaza y  grosella en diciembre…No  sé si  era  “el  Cuco” quien,  por  ser  diciembre,  a solas, de noche lo hacía…

…Y  en  diciembre,  a  la  ciudad que todo lo  vendía, porque “el  Cuco”  hacía  lo  decía, la  gente  iba a comprar un  tarro  de  nieve  abedul, un  tarro  de  blanca gota,  un  tarro  de  blanco  hueso,  un  tarro de  azul  tintado y  de añil marino… o  de rosa atardecer, y  si  no  encontraban  este,  entonces de atardecer de mayo… Y salida de su escobilla de  pelos no  faltarían las  casas  pintadas  con  rubor  de   carmín…como  las  emociones…

(…) En el  pueblo, las lentas  horas  del  verano,  llenas  de  suave sol,  eran  amigas  de  las casas recién  pintadas por  ser  diciembre….y ¡uffffffffff! En  aquella combinación  de  todos  los colores que  eran  ellas; ninguna  escapaba  de  las fiestas de diciembre…Y así,  de oro blanco, bailaba la de Pedro; de azul  natural, con  trazos  violeta, la de Juana;  de malva orquídea, la de Ciro; de blanco  nube, la de Isidora; de  verde  marzo,  con  tonos azules,  la de María  Claudia…Y  en   estas,  por  ahí,  un  frente verde esmeralda en  el  orgullo de todas sus dueñas sacando  en  la  vecindad las poltronas de  las  conversas vespertinas …

(…) Y  así,  entre los colores  de  las  casas de mi  pueblo  en  diciembre,  discurría  mi  vida en  el  capricho de verla a ella (¿?) y decirle un  requiebro pintado  de  palabras  bonitas,  que tuvieran  el  mejor  aroma  de la  naturaleza virgen y  cercana,  convertidas  en  un  suspiro  de amor  como  este…“…Eres El Arcoíris  de este  pueblo recién  salido  del  invierno…” . Qué  locura… Y  detrás de esto,  al  verla, un sublime respiro  profundo oloroso a pintura fresca que todo  lo  invadía…

En  diciembre, en  aquellos diciembres,  en  aquellos lejanos  diciembres, “ el Cuco” pintó  como  nunca  de  colores imposibles las casa  del  pueblo…En  tanto  yo  le  pedía  los sobrantes  de sus tarros  para  pintar  mi  bolón  de fútbol,  heroico  en azules,  en  rojos,  en  verdes y en amarillos y  con  este,  así pintado,   ganar  épicos  partidos esforzando  goles  con  los pies  descalzos en  las  porterías de la  ilusión y  así  provocar  en  vacaciones la  admiración  de  las chica  que   no se  fijaban  en  uno  sino  que nos decían;  “qué balón  más bonito y  colorido tienes …¿Te lo pintó “el  Cuco”? Porque el  corazón  del  pintor  de  las casas de  mi  pueblo en  diciembre, estaba  en  todas las cosas concentrado en  vinilos, esmaltes,  aceites  y acrílicos de  grito inmarcesible  y que, a  su  decir,  con la primavera, florecían en marzo…
En  diciembre, todo tenía color en la casa del  pueblo…y en los lápices  escolares  y en las hojas  de mis libretas donde, imaginando  y  viviendo,   también las pintaba…Y  de  verde  era  la  casa  del  abuelo…

En  diciembre, las  casas pintadas del  pueblo, sabían  de  qué color era  la  estridente  risa colorida que  “el  Cuco” montado en  su escalera  vieja, sacando  de  su  tarros animados la forma  mágica de plasmar en sus  paredes los  retratos de ellas en  el  premio de volverlas  otra vez nuevas…Era que,  hasta  en  diciembre, en  aquellos diciembres,  las  palabras salidas del  corazón, se vestían  de colores,  de  tonos y  brillos porque solo el  corazón es  capaz  de  inventar colores que hablan de  amores, de sentimientos, de recuerdos, y de emociones   que nos mantenían  vivos para  construir  la  historia de  aquellos  momentos…

Mañana  y  tarde, en  aquellos  diciembres  de  todos  los años,  las casas del  pueblo  las  pintaba “el  Cuco”…que  un  día  se  fue y  en lo  efímero vivido, de  noche  navega  en  la certeza  del  olvido y  en la placida espera de  que  le  digan  que pinte la  iglesia de  blanco  pureza, el  color  de Dios…

Tienen las  viejas  casas del  pueblo que subsisten  y que ya  nadie    pinta por  lo  viejas, el  lenguaje  remoto de la brocha de “el  Cuco” chorreando  pintura en sus  paredes sintiendo así   el  desencanto de  lo  que  se va  a morir porque  nadie,  en  el ejercicio  lúdico  de  hacer  malabares  montado en  una escalera, las  pinta  acentuadas de  verde,  de amarillo,  de rojo y  de  azules  chillones cuando  de estos  colores  era antes  la  existencia…Y  el  olor de la  pintura acariciado  por  la  brisa de diciembre, era  la poesía de  cada  calle en  el  pálpito  grato de estar  vivos…

Todo fue y  es hoy vieja mi  infancia allí  vivida, mientras el duende del espejo de  la  vida,  me  devuelve  de  canas mi  cabeza  pintada…

Todo lo esfuma  el  tiempo, el  paisaje  del  pueblo  ahora es otro. Una selva de cemento  y  pavimento;  ruido  de  carros  y  de motos;  pitos y  motores  estridentes… y  en  sus  calles  el  verso antiguo y romántico e  inquietante de  los colores de sus  casas que  se supieron infinitos y que  me hablaban  hoy de este  recuerdo… que las casas  del  pueblo  se  pintaban en  diciembre…

Walter Pimienta

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