Pinta tu casa de un bonito color al salir y de uno más hermoso al regresar…Escribe; Walter Pimienta.- En diciembre, el palpitante corazón de las casas del pueblo, “se enamoraba” de “el Cuco”, el pintor de brocha gorda. En diciembre, las casas del pueblo; ahora, pintadas de verde y amarillo, de rojo y blanco; de blanco y azul; de amarillo y blanco, de rojo y crema; “se volvían adolescentes”, “más jóvenes” y todas cambiaban sus caras de la adultes por el de la mocedad. Ahora, era diciembre y , en ellas, una nueva historia, descubriéndose en los colores de la esperanza… pronto esperarían otro año y si las chicas de la vecindad estrenaban vestidos y zapatos porque era diciembre; las casas del pueblo, de la mano de la brocha de “el Cuco”, estrenaban colores o , mejor pintura, descubriéndose a la vista de todos en las tonalidades y matices sensibles de sus paredes hablando del color que éste les puso como si en ellas hubiera escrito coloridos poemas y entonces no callaban y dejan de decir nada.. Hasta las hojas caídas de los almendros del parque, se pintaban de ocre y marrón y de anaranjado con una pizca de mostaza y grosella en diciembre…No sé si era “el Cuco” quien, por ser diciembre, a solas, de noche lo hacía… |
…Y en diciembre, a la ciudad que todo lo vendía, porque “el Cuco” hacía lo decía, la gente iba a comprar un tarro de nieve abedul, un tarro de blanca gota, un tarro de blanco hueso, un tarro de azul tintado y de añil marino… o de rosa atardecer, y si no encontraban este, entonces de atardecer de mayo… Y salida de su escobilla de pelos no faltarían las casas pintadas con rubor de carmín…como las emociones…
(…) En el pueblo, las lentas horas del verano, llenas de suave sol, eran amigas de las casas recién pintadas por ser diciembre….y ¡uffffffffff! En aquella combinación de todos los colores que eran ellas; ninguna escapaba de las fiestas de diciembre…Y así, de oro blanco, bailaba la de Pedro; de azul natural, con trazos violeta, la de Juana; de malva orquídea, la de Ciro; de blanco nube, la de Isidora; de verde marzo, con tonos azules, la de María Claudia…Y en estas, por ahí, un frente verde esmeralda en el orgullo de todas sus dueñas sacando en la vecindad las poltronas de las conversas vespertinas …
(…) Y así, entre los colores de las casas de mi pueblo en diciembre, discurría mi vida en el capricho de verla a ella (¿?) y decirle un requiebro pintado de palabras bonitas, que tuvieran el mejor aroma de la naturaleza virgen y cercana, convertidas en un suspiro de amor como este…“…Eres El Arcoíris de este pueblo recién salido del invierno…” . Qué locura… Y detrás de esto, al verla, un sublime respiro profundo oloroso a pintura fresca que todo lo invadía…
En diciembre, en aquellos diciembres, en aquellos lejanos diciembres, “ el Cuco” pintó como nunca de colores imposibles las casa del pueblo…En tanto yo le pedía los sobrantes de sus tarros para pintar mi bolón de fútbol, heroico en azules, en rojos, en verdes y en amarillos y con este, así pintado, ganar épicos partidos esforzando goles con los pies descalzos en las porterías de la ilusión y así provocar en vacaciones la admiración de las chica que no se fijaban en uno sino que nos decían; “qué balón más bonito y colorido tienes …¿Te lo pintó “el Cuco”? Porque el corazón del pintor de las casas de mi pueblo en diciembre, estaba en todas las cosas concentrado en vinilos, esmaltes, aceites y acrílicos de grito inmarcesible y que, a su decir, con la primavera, florecían en marzo… En diciembre, todo tenía color en la casa del pueblo…y en los lápices escolares y en las hojas de mis libretas donde, imaginando y viviendo, también las pintaba…Y de verde era la casa del abuelo…
En diciembre, las casas pintadas del pueblo, sabían de qué color era la estridente risa colorida que “el Cuco” montado en su escalera vieja, sacando de su tarros animados la forma mágica de plasmar en sus paredes los retratos de ellas en el premio de volverlas otra vez nuevas…Era que, hasta en diciembre, en aquellos diciembres, las palabras salidas del corazón, se vestían de colores, de tonos y brillos porque solo el corazón es capaz de inventar colores que hablan de amores, de sentimientos, de recuerdos, y de emociones que nos mantenían vivos para construir la historia de aquellos momentos…
Mañana y tarde, en aquellos diciembres de todos los años, las casas del pueblo las pintaba “el Cuco”…que un día se fue y en lo efímero vivido, de noche navega en la certeza del olvido y en la placida espera de que le digan que pinte la iglesia de blanco pureza, el color de Dios…
Tienen las viejas casas del pueblo que subsisten y que ya nadie pinta por lo viejas, el lenguaje remoto de la brocha de “el Cuco” chorreando pintura en sus paredes sintiendo así el desencanto de lo que se va a morir porque nadie, en el ejercicio lúdico de hacer malabares montado en una escalera, las pinta acentuadas de verde, de amarillo, de rojo y de azules chillones cuando de estos colores era antes la existencia…Y el olor de la pintura acariciado por la brisa de diciembre, era la poesía de cada calle en el pálpito grato de estar vivos…
Todo fue y es hoy vieja mi infancia allí vivida, mientras el duende del espejo de la vida, me devuelve de canas mi cabeza pintada…
Todo lo esfuma el tiempo, el paisaje del pueblo ahora es otro. Una selva de cemento y pavimento; ruido de carros y de motos; pitos y motores estridentes… y en sus calles el verso antiguo y romántico e inquietante de los colores de sus casas que se supieron infinitos y que me hablaban hoy de este recuerdo… que las casas del pueblo se pintaban en diciembre… Walter Pimienta
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