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-MOLINO DE PAPEL- Porque el mundo está lleno de historias BARRANQUILLERIAS DE AYER… RETRATANDO LA NOSTALGIA | | Cuentos y relatos globales. 21.08.22 | | Los fotógrafos de antes sabían que el tiempo es oro, por eso lo capturaron… Escribe Walter Pimienta.- Era un género único hacia los nostálgicos años sesenta al setenta. No requería de alfombrado estudio, tampoco de luces graduadas, ni de modernos reflectores, ni de maquillajes ostentosos. Uno salía en ellas, como informalmente salía a la calle: de ciudadano de a pie. Te la tomaban cortándote el paso, con o sin prevención ni autorización; te daban un papelito numerado para el reclamo y, procesada esta, en una cartelera esquinera, junto con cualquier cantidad de otras , por varios días estaba tu foto callejera exhibida al pueblo, quedando a tu criterio si la reclamabas pagando por ello o si te daba igual no pedirla. -Pedro, si supieras, te vi en una foto en el centro…y, uyyy uy uyy…ibas de bracete con una chica que no es precisamente tu novia…Te pillaron o te dejaste pillar…¿Qué tal si la otra la ve o alguien la saca y se la da a ella? Después no digas que no te avisé- era la casual charla entre conocidos referente al dudoso caso. | Y el fotografiado, previendo el lío, por si las moscas, corría a sacar la diciente foto…Y hay mamita mía si ya otra persona la había pedido… Y cómo acabó por esto, la práctica de la foto callejera con noviazgos de años y años y con matrimonios en apariencia estables delatando infidelidades con tan patéticos testimonios gráficos que no faltaban a la verdad… Y al mismo tiempo también, cómo detuvo el tiempo la fotografía callejera en agradables escenas convenidas y familiares que hoy son verdaderas reliquias de un tiempo que tuvo como espontaneo escenario, ese: la calle…La bullosa y agitada calle...
Por aquel entonces, exhibidas en cualquier esquina del centro de la ciudad las fotos callejeras, se convertían para peatones y multitudes de ocasión, un deleite de sano esparcimiento al descubrir conocidos fotografiados en diferentes sitios y tomas.
-Ve, ve, esa es María, la hija de la señora Carmen, de peinado permanente, salió igualita.
-El de corbata y gafas oscuras, es José, el de la esquina cerca de mi casa, seguro ese día buscaba empleo. Salió como un artista de “la Metro.
-Mira, mira... Jaime y Luisa, de lazo y constantemente enamorados, después dicen que no.
…Eran las formas del decir y chismosear en el divertimento colectivo de una ciudad-pueblo. Uno pasaba por las habituales carteleras y cada día había nuevas y nuevos fotografiados. Cada fotógrafo tenía su zona, su estación atento a su disciplina de cazar con su cámara colgada al cuello, viandantes y circunstancias a veces banales o cargadas de enorme belleza captando momentos que nunca más se repetirían, instantáneas únicas y excepcionales donde la magia de la fotografía detuvo el tiempo para siempre…
Tenían no se si algo de originales las fotos callejeras; no permitían segundas tomas… “Uno salía como salía”. Eran el momento, el efímero instante. Eran un cerrar y abrir de ojos…Había gente que aparecía en ellas con cara de miedo, creían que el fotógrafo les iba a disparar con ese aparato …Y así también era el tema recurrente o el vacilón de los demás decirle a uno, al verlo en esas, lo siguiente: “No te bañes en tres días porque se daña”. Consejo que algunos se aplicaban hasta el día de reclamarla sin que faltara la fresca excusa, de parte del fotógrafo, que al cliente esto así le decía si la misma le quedaba mal: “No joda, loco, se borró. Seguro te bañaste”.
La foto callejera no daba tiempo para la sonrisa estudiada y, sobre la marcha, a veces, lo que salía era un gesto en alianza con una cara de pendejo o de pendeja o de bobo de pueblo… Al respecto, había fotógrafos conscientes y sinceros que, al entregar el retrato, le decían al fotografiado: “No puede hacer más…con esa cara…Disculpe, pero la fotografía no saca supuestos”.
La música nunca ha salido retratada en ninguna foto, pero se me hace mentalmente que en las fotografías callejeras de antes, estas llevaban el compás caminante de quien, en plena marcha, era retratado…Tampoco se ha retratado en ellas el hambre, pero en las mismas había gente que salía con cara de no haber comido en días o de estar enfermo o enojado…Qué intrépidos que eran aquellos fotógrafos de la calle, buscando que un malgeniado aburrido, que lo que menos quiere saber es de fotos, les empujara la mano…Y agreguemos que a la gente de los pueblos, que venía a la ciudad por diligencias, no les gustaba que les tomaran fotos; muchos de ellos decían que si se dejaban, se les iba la conciencia….Y cómo les daba de miedo el clic, del aparato…Y hubo extrañas cosas, fotógrafos que dispararon tres veces seguidas a al objeto caminante, sonriente, de sombrero y saco y no salió: habían retratado un fantasma por que en la calle hay de todo…Los puntos fuertes de la fotografía callejera en Barranquilla fueron el Paseo de Bolívar, la Plaza de San Nicolas y la Calle 35 entre carreras 41 a la 44, lugares por donde rondaban estos, los fantasmas de la falsa pose… Hubo fotógrafos geniales, expertos en inmortalizar momentos: el barbero dándole navaja a un barbón enjabonado. El niño con la cara “embarrutada” de helado de la “Heladería Americana”. El librero de Picapica dormitando una siesta de guandules con carne salá… porque en la calle todo es protagonismo y por ello creo que nadie tiene tanta historia muda por contar que aquellos fotógrafos callejeros de la nostalgia y que ya no están. El hecho era capturar la escena, el enfoque y el encuadre quién sabe…
-Por ahí estas tú, en una foto callejera que te tomaron. Saliste más chiquito de lo que eres- me contó un vendedor ambulante que así le dijo a “el Gran Cesar”, cuando en aquel tiempo, en una esquina, en la cartelera del fotógrafo, vio la foto del popular personaje, un enano que vendía loterías en el Paseo de Bolívar y hacía números circenses. A eso me refiero cuando digo que la foto callejera era exitosa cuando capturaba las escenas… Era esto lo fascinante que tenía la fotografía callejera retratando el constante cambio de la calle, del día, de la hora…cada segundo diferente…Solo había que estar atento a lo inesperado y divertirse… Divertirse, esa es la palabra…
Hoy, he querido hacer para ustedes, con mis letras, una fotografía callejera en blanco y negro de las fotos y fotógrafos de la Barranquilla del pasado…no sé si las que se toman ahora con celulares, nos permitan echar un vistazo al futuro… |
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