Si te van a dar cena, no escatimes la merienda…Escribe Walter Pimienta.- SENTÍ MUCHA TRISTEZA, ese día, mi amigo y compañero de pupitre escolar del segundo año de escuela primaria, no trajo merienda. Conversaba conmigo mirando la bolsa de papel en que yo tenía una arepa y una empañada de maiz-maiz y, por aparte, cuidando que no se me partiera, un envase de gaseosa “Postobón”, lleno de chicha de millo de la que me regalaba Ernestina, la de José del Carmen, cuando yo le compraba bollos… Nadie usaba lonchera. Eso no existía en tal tiempo. Él, mi compañero, a veces lleva cerezas y corralero de monte; mangos, mamones, guayabas o las frutas que estuvieran de cosecha. Sacaba de su mochila un pedazo de panela envuelto en papel de tienda y era constante su peregrinar por este y eran varios los mordiscos que le daba aprovechando cuando la seño Ruth Lechuga nos daba la espalda para escribir algo en el tablero. -Qué desayúnate?- le preguntó en voz baja Chema, a Heriberto el de Emiliano- -Un huevo de pava frito, café de leche y pan de sal- le respondió. |
-Silencio- ordenó la profesora y continuó diciendo: “El verbo es la palabra que indica… -Yo comí cazabe con café de leche- le dijo él. -Roberto, el de “España”, trajo mamón cutuplí- dijo Lucas. -Suri, galletas de soda y queso- manifestó Galo. -Sixto, el de Hortensia, una botella llena de agua de panela- por su parte señaló Jaime- -Están hablando mucho- increpó la seño- -“El Gringo” de Aurelia Cariaga, trajo una pitahaya- se escuchó. Mi compañero de pupitre, no le quitaba la vista a mi bolsa de papel. En una cantimplora plástica azul, que tenía forma de pescado, la que se colgaba al cuello, “Jachi”, traía siempre una “Kola Postobón” que pasaba con un pan de dulce. Mariano Molinares, por su parte, de acuerdo a la temporada, su botella de chicha de tamarindo nunca le faltaba. -Saquen la libreta de lenguaje, y dejen de hablar tanto. Hoy vinieron como un loro- dijo la docente. A Lucas le daban monedas para que, a la hora del recreo, comprara cucas en la tienda de Nina. Se decía que Charris Padilla Aquiles Ernesto, desayunaba con leche de camella. Y que su primo, Niloberto, con leche de Búfalo. Cipote embuste… Franco Cariaga, entre tanto, quedaba satisfecho con una mazorca de maíz asado que traía. Algunos pupitres olían a comida y, si se revisaban, en ellos se encontraban pedazos de carne cocida de la comida del día anterior, de yuca cocida y, de vez en cuando, una bolsita llena de arroz cocido y cucayo. El talento escolar de ese momento, lo manejaban los bostezos y el instante deseado del recreo para comernos lo que cada quien llevaba. No faltaba el malencarado que no le daba a nadie de lo suyo, mostrando engreído una manzana madura que la mamá le trajo de Barranquilla. Pero ahí estaban en contra prestos bolos de patilla, guindas, corraleros, cerezas, granos de maíz tostao, mangos, guineos chorotos y en el asomo de algún bolsillo, una caribañola y su sorpresa de carne molida… Tocaba, sacarle a la guayaba muy madura el gusano y morderla por la parte sana. Había también “gurúes” del pan de sal con “Kola Postobón caliente”; se le hacía un hueco con el dedo al pan seco de tienda y sobre este se echaba la gaseosa poniéndose el pan inflado y así morderlo al tiempo que el líquido rojo nos corría por los codos… En aquellos tiempos, los escolares de la escasez , éramos capaces de comernos un sahumerio con sal igual que pirulies, bombones, conservitas de leche, bolas de coco, tapabocas, jartapobres y boca abiertas… las golosinas y delicias de aquel mundo…Y qué maní motos ni qué naaa, ni chitos, ni papitas fritas, ni gudis, ni boliquesos y trululues como ahora…Gozábamos en el “experimento” de medio guineo para hoy y guardar el otro medio para mañana… y quién diría que no tropezó agua de azúcar con limón… El entusiasmo del recreo no eran tanto los juegos como las meriendas destapando hasta peroles que alguien traía con frijoles calentados… Era un lujo en manos de Lucas, un tarrito de leche condensada; en las de Chema, un pedazo de queso criollo con tres cazabes y en las de Jaime un emparedado con mortadela de los que le regalaba el padre Robles… Y para todos era un sueño la gelatina que a todo color salía en la Revista Selecciones… O un “Postre Royal” con una fresa arriba… Entonces la opción era reventar cerezas o mago viche con sal…Y bueno, no faltaba el lloro de una merienda robada… Delito que todos sabíamos quién lo cometió y que se arreglaba a la salida con un… “Afuera te espero”… La base nutricional de aquellas meriendas escolares, era natural, se vivía al día y a plazos. Hoy se llevaba un pan, mañana unos mamones de cutiplí, aunque Lucas, para picarnos, una vez delante de todos se comió un ramito de brócoli verde que no supimos de donde trajo… Y así alimentados, reíamos y éramos felices, estaba nos delgados, pero reíamos y soñábamos con hamburguesas de las que les daban en las casas ricas a las monjas cuando estas venían en santa misión…Y se nos hacía agua la boca cuando la profe traía de Barranquilla uvas maduras y peras y manzanas y no nos daba… Olíamos a cebollín, a ajo y a comino… SENTÍ MUCHA TRISTEZA, ese día, mi amigo y compañero de pupitre escolar del segundo año de escuela primaria, no trajo merienda. Salimos al recreo y le di media botella de la chicha de millo de la que llevé en la botella diciéndole: -No me la voy a bebé toida…Te voy a dejar un poquito, desde donde dice “Posada Tobón” pa bajo. ¡Qué tiempos!
Walter Pimienta
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