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-Molino de papel- Porque el mundo está lleno de historias En el día nacional de la hamaca LA HAMACA… (Aventura pendular de nuestro destino)
| | Cuentos y relatos globales. 25.07.22 | | “El mejor destino que hay es el de supervisor de nubes, acostado en una hamaca mirando al cielo.” -José Luis Rodríguez Zapatero-Escribe, Walter Pimienta.En mi pueblo (el de antes), después que el niño (a) había nacido, al mes o mes y medio, como mucho a los dos meses, del amoroso regazo de su santa y abnegada madre, desprendido del calor de su costilla, pero no de su jugosa y láctea teta, lo pasaban a una hamaca o chinchorro artesanal, comodidad de sencillo “columpio” donde este dormía y descansaba a baja altura, suspendido por la seguridad fija de dos amarres de cabuya en dos puntos firmes evitándole así una peligrosa caída… Y de allí, de la hamaca, a los 10 u 11 meses, al niño, a ratos se le bajaba para que, previa su etapa de gateo y de mininos, se atreviera a dar sus primeros pasos de pronto agarrado de la mano de su mamá, de su papá o de su abuelo; o cuando no, entonces éste, aventurándose, agarrado de asientos y sillas, se soltaba y daba camino a una senda de tres o cuatro pasitos cayendo de nuevo y de nalgas al piso…y así, una y otras vez hasta conseguir una tambaleante marcha de brazos abiertos con la que, en medio de una “río” de orín, quisiera dejar huellas… heroica batalla personal que entre risas y besos y aplausos se le festejaba y premiaba. …Y por lo leído hasta aquí, para el mismo ejercicio, nada de caminador que de eso en tal tiempo no había y que de pronto se improvisaba haciéndole al niño un carrito de madera con llantas de ceiba, el cual el niño rodaba cuando en este le dejaban metido siendo dicho parapeto el primer “vehículo” que el infante, sin curso de conducción, sin pase ni licencia, para allá y para acá, tumbando cosas, a placer manejaba… En mi caso, les cuento que caminé a los 9 meses y que perfeccioné mi inicial andar por este mundo sosteniendo entre manos un palo escoba, me- contaba mi madre… | Pero volvamos a la hamaca, “la ministra de todas las camas”, donde la humanidad ha capitalizado sueños y hasta romances meciendo matrimonios que duraban décadas y décadas en la prudencia fundamental de que esta fuese académicamente resistente y grande y en ella cupieran dos para hacer pelaos…
La hamaca tiene la trayectoria normativa y purista de ser “una cama” que prevenidamente se lleva junto con sus amarres porque en algún recodo de la vida, sobreviene su urgente uso y en la suerte de llevarse con uno, ah qué útil resulta y asunto resuelto… Mi abuelo Hernán ( el paterno), en casos así, como una prioridad, siempre al monte la llevaba metida en el pellón de su montura, era roja a rayas liberales, como él, y ahora recuerdo el inolvidable evento…”Una vez, mijo, por la tarde, entre oscuro y claro, de regreso al pueblo en mi caballo, me cogió un fuerte aguacero por el camino, y en “la revuelta de “Vueltabraba” con “Ceiba e’ lana”, el arroyo crecido no me dejaba pasar. No cesó de llover y la corriente no bajo en toda la noche. Dormí en mi hamaca amarrándola de dos árboles de ceiba aledaños…”- me dijo.
Por su parte, mi abuelo Ismael (el materno), precavido por demás, por costumbre llevaba en una bolsa de manigueta la hamaca de sus dos viudeces. Era a rayas azules, no por conservador porque él también era liberal, sino por ser esta el estimado regalo de una novia, asumiendo con la misma – con su hamaca- sus visitas itinerantes donde sus hijas en Barranquilla sin ocasionarles la doméstica molestia de no tener donde dormir y haciendo de “su cama andante” una institucionalidad de familia con énfasis en los procesos de: “préstamela abuelo para darme con mi hermana Cristina tres “juinjuines”, larguras él que nos permitía y consentía igual que un padre…
Cómo recuerdo la hamaca de abuelo Ismael suspendida en el corredor de mi casa viva…Qué “cama” tan suave, tan fresca y…regalada… A veces la guindábamos en el patio meciéndonos al aire descubriendo la bóveda azul de un cielo de junio, benigno y manso…Hamaca, prodigio de hilos donde duerme la pereza y sin cansancio despierta la esperanza…Hamaca, tibieza de coloridos hilo donde la filosofía de las manos que la tejen, tienen la mesura de los telares de las abuelas…Hamaca, cama colgante donde duerme la soledad y se amortajan los recuerdos de una virginidad entregada con besos de vaivén…con besos de hamaca…
…Hamaca, sueño con alas donde Bolívar soñó la patria…
Poso hoy mis recuerdos en las hamacas de mis abuelos y caigo en la cuenta de que en ellas se quedó la insondable dicha de un tiempo…Hamaca, cama eventual del político que tuvo que quedarse en el pueblo porque dijo un discurso muy largolleno de mentiras y se lo cogió la noche…Hamaca, cama eventual del cura pobre que regalaba a los más pobres que él, la mitad de su pan y de su plato de sopas…Hamaca del juez que entre presunciones y demandas, en ella sueña ser justo e imparcial como Dios…Hamaca del policía que corretea ladrones siendo protector de causas justas, legales y razonables… Hamaca del maestro de escuela, obrero con manos sucias de tiza que enseñan…
Hamaca, aventura pendular de mi destino…
“¡Salud, salud dos veces al que inventó la hamaca!” Walter Pimienta
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