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-MOLINO DE  PAPEL- Porque el mundo está lleno de historias
¿A QUÉ IBA ORLANDO A LA PLAYA?
Cuentos y relatos globales. 10.07.22 
Hay cosas que no se nos meten en la cabeza sino en el corazón.
Escribe;  Walter  Pimienta.- Era  su  acto  ritual  de  cada  domingo. Ir  a  las playas de  Santa  Verónica.  Para  el  efecto nunca dejaba de llevar  sus gafas oscuras. Le resultaban para esto  vitales y esenciales ya  que con ellas puestas, vivía el momento  de lo  más dichoso y  placentero. Tenía, amén de  todo, una increíble pinta de detective americano, serio, circunspecto y  exitoso,  requerida  para la  tarea, pero no; nada de ello  era. Ni  por allí cerquita. Llevaba colorida camisa  tropical de palos de cocos estampados  puesta, sandalias y pantalón vaquero. No  sé si  dinero, que para lo referente quizá no  le  era  necesario, excepto  sí  llevar  el  pago  del  transporte de ida  y  vuelta en bus,  sino ocurría  que algún  conocido le llevaba de chance, y quizás algo de gasto  para una gaseosa,  unos  cigarrillos y a lo sumo  dos  o tres  cervezas y  un plato  de sopa de pescado que  se pagaba  con  lo  que de  lunes a viernes se  ganaba  como  pintor  de brocha gorda y  otros oficios menores.

Orlando se recorría la playa  de punta a punta, desde  las nueve de la mañana hasta  las cinco  de la tarde,  como  si  aquello  fuera  su asignado trabajo. Qué  perseverancia y  qué  tesón. Iba  y  venía, iba  y  venía…El  sol  más  brillante  de  cada domingo le  facilitaba  la “ocupación”.
Alguna vez una bañista gorda y  ajamoda allí presente, como  de  40  años, algo  pizpereta e  interesada, lo  confundió con un laico español, pero en  el lugar  no  había  sinagoga y ella,  apenada  le  pidió  disculpas  y  bajó la  cabeza.
Orlando era invulnerable e  inmune a la luz  solar.  Sus gafas de contraluz le  permitían mirar sin  ser  mirado y,  fugaz, girando ahora la cabeza para  uno  y  otro  lado, no se le escapaba  ninguna. Su  camisa tropical  de palos de  cocos estampados,  le camuflaba y especulaba haciéndole pasar por un turista extranjero de gastos provechosos en  los  restaurantes  y bares del balneario.
La  verdad de verdad,  a sus 25 años y  soltero empedernido, Orlando tenía la  pinta  de  un  actor acabado de desertar  de Hollywood y  que  buscaba  en  la  clandestinidad de aquella playa  disfrutar de su merecido ocio. Se paraba  en  el  umbral  de la puerta  de alguna caseta o  restaurante de los existentes  en el lugar  y  fácil, desde lejos, las  mujeres en  alboroto, haciéndole guiños,   mínimo lo  creían  un  Paul Newman, un James Dean, un Robert Redford, un  Clint Eastwood, un Cary Grant, un Gary Cooper o un James Stewart , inexplicablemente caído  por estos  lares  de  imprevisto, confusión que se daba hasta  tanto, ellas al acercársele para  pedirle  un  autógrafo,  notaban con  algo  de desconsuelo y  pesar ,  que éste  no tenía  el  color  de  ojos ni la misma estatura  de aquellos  pues Orlando era más  bajito y  de facciones  algo rubicundas.
Corrían los   rebeldes y musicales  años 70.
…Y Orlando, era  sin  duda, allí, el  galán del domingo, aunque  nunca  se le  vio  acompañado de una  diva monumental  y  despampanante de  pelo mono con  la  cual, además de  bañarse y beberse unos whiskies, también anduviera en otros proyectos quizá eróticos sumergidos los dos  en la desnudez  de  una cama…(¿?).
Yo  diría que el  sentido de todo su  deleite,  se lo  daban a Orlando  sus oscuras gafas…La mente todo lo  desnuda,  todo…Además, Orlando,   para su habitual distracción  no  pagaba a nadie  un  solo  peso.  Solo  miraba  y  miraba  sin  causa de  conflicto  porque  a eso   va   uno  a una playa llena  de  hermosas bañistas: a mirar, a mirar…Sí  o no… Cosas  de  la  existencia  humana porque  hasta  yo  también lo  he  hecho.
No  lo he  dicho todavía,  y  lo  diré  ahora,  diré que el  tipo  en  referencia,  Orlando, engominado  el  pelo con  “Brillantina  Moroline”,  siempre  iba  correctamente  peinado y  que, por  si  fuera poco, le  gustaba  acicalarse con  solvencia  y  profesionalismo 45   veces  al  día usando  para  esto una pequeña  peinilla  de carey, marca  “Vandux”, de las que estaban de moda  en la época.; lo  que  remataba mirándose en  un espejito  de bolsillo para  reconocerse y decirse: “Este,  en efecto,  soy  yo”.
Otra vez,  una extranjera alucinante, movida  del  corazón,  enardecida lo  confundió con  un  famoso futbolista argentino, pero Orlando nunca  había  pateado  un  balón en  su vida, y  por  el  tono  de voz al  hablar, diciendo ella no  con  un  movimiento repetido  de cabeza,  lo descartó encontrándolo más de acá  que  de  por  allá,  razón  por  la  cual él  no  tuvo  necesidad de confesarle siquiera quién  era y  a qué honradamente  se  dedicaba.
Cuando Orlando veía  a una bañista  acostada al  sol  en  la arena de la playa,  desde  luego, fingiendo  ser  una persona cualquiera, se acercaba y  sin que esta  se percatara la  torturaba  de vista que  para  eso  se  lo  permitían  sus  gafas oscuras  y  su  pinta de  turista. Y  toda aquella llamativa belleza de cuerpo y  cara, quedaba  en él  para  siempre grabada… Lo reconozco,  a Orlando  el  ardid, para  nada  indecente, le  funcionaba.
Era  su  acto  ritual  de  cada  domingo. Ir  a  las playas de  Santa  Verónica.
…Y llegó  la  hora de solucionar en mi  “Molino  de papel” del día de   hoy,  el  enigma del  caso. Advirtiendo al lector que, si  va  a la playa  este  domingo,    se aplique el  verosímil cuento llevando  para  el efecto la  utilería del  caso, como lo  hacía Orlando, y  después  me  cuenta  cómo  le  fue…
¿Qué a qué iba Orlando asiduamente al  balneario de  Santa Verónica? Se preguntarán  todos y  todas.  Pues, lógico, Orlando, el de las  imprescindibles gafas oscuras,  el  de la  camisa tropical con  palos  de coco  grabada,  el  del  pantalón  vaquero  y  sandalias, el  de la  increíble  pinta de detective,  de actor o  futbolista argentino, y a quien en el pueblo todos cariñosa y  afectuosamente llamábamos “Ñapita”, como usted, como  muchos  y como yo  también lo  haría,   sin  falta iba  cada  domingo a la  playa a  ver a  las muchachas en atractivos bikini…

Walter  Pimienta

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