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Tu diario. Libertad de expresion

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No somos negativistas
Jose Maria Barrionuevo Gil. 02.07.22 
Siempre nos rodearon las negaciones: “no vayas a hacer..., no digas eso..., no se te ocurra pensar...” Y todo, porque como tenemos ocurrencias salimos, no al paso, sino, a veces, demasiado rápido. Y salimos sin volver la vista atrás, porque entonces si que nos la damos, a nosotros mismos, se entiende. Y es que en esta huida hacia adelante, no nos podemos permitir el mirar hacia atrás, porque, además de ser una actitud muy fea, nos podemos despeñar sin poder desempeñar absolutamente nada más adelante. Así de hondo es el abismo, aunque no nos lo hayan pintado nunca tan expresamente o si no lo vimos así, porque somos ocurrentes en demasía, y a pesar de que nos lo dibujaban así de alguna manera.
El negacionismo nos rodea y, es más, le gustaría que todos fuéramos de su parroquia, porque así nos tendría enredado en su tela de araña que va largando hilos a diestro y siniestro. El negacionismo va presentándose con muchas caras, para que tengamos que estar demasiado atentos a un sinnúmero de proclamas que intentan atraernos como cantos de sirenas antiguas y que nos distraen de lo que verdaderamente nos debería importar.
El negacionismo va de la mano, como antiguos colegiales, de la ignorancia cada vez más endémica, cada vez más uniforme y, a la vez, más universal o, si no, más generalizada, como si todavía nos mandara  un único general que nos sometía a una autarquía, no solo económica, sino también de filosofía, de ciencia y de religión. El gran dictador no tenía altas miras y solo se aferraba a las que sirven para ajustar la mirada de las armas de fuego. ¡Que calor nos produce, cuando escuchamos algunas proclamas! No sabemos qué nos pasa cuando oímos tan encendidas palabras.
Todas las ocurrencias podrían ser válidas, pero los discursos se van disparando como verdaderos disparates, habida cuenta de la ignorancia más general y más básica aprendida del personal y, a la vez, premeditada de anónimos lideres que crecen como setas y que intenta atraer a toda la gente por aquello de tanta demanda de una antigua originalidad ya periclitada.
Y en esto llegó Messi y precisamente porque se iba. Todo el mundo retomó la cordura de la locura y se nos vio el plumero, porque la ignorancia patria se dejó llevar de la enajenación y fuimos pacientes del dolor que nos producía el romper aguas de una burbuja más de nuestro solar patrio que hacía economía de ese aire tan viciado que nos habita y que va de globo en globo y de pelotazo en pelotazo.
Cuando todo el mundo parece ser correligionario del positivismo, de lo puesto delante de los ojos por los medios de comunicación, que cumplen con las alegrías efímeras, para que no aflore la tristeza, una vez más se nos vuelve el santo de espaldas. Sin embargo, tampoco importa mucho  si se mantienen las miradas superficiales y no llegan al fundamento ni a los cimientos del sistema que nos depara tanto alegrías y penas que siguen siendo superficiales y también ligeras y fáciles de ser digeridas.
De todos modos, como ya estamos vacunados por el espanto y contra el espanto, puede ser que la vida nos lleve por nuevos caminos, si es que nos coge vivos y conscientes, antes de que nos metan en otra burbuja que nos distraiga de la conciencia que le debemos a estos tiempos que nos han tocado vivir y, a veces, enfermar y padecer. No está de más que nos vayamos dando cuenta.
La pandemia del Atlántico Norte cada día nos tiene más desnortados, como si no tuviéramos bastante con nuestra endémica democracia monárquica y la del vecino del sur que, a la chita  callando, tiene más respaldo que nosotros del Tío Sam, ese eterno Tarzán que nos aturde constantemente, al menos desde la guerra de Cuba, de la que tanto debíamos haber aprendido, asustándonos siempre con sus alaridos, con su que viene el lobo, cuando hemos podido comprobar que el que iba y va dando zarpazos es él, que es prácticamente el único que vive de la economía de guerra y el que, además, con su mendaz poderío mediático, cada día nos pide más despilfarros militares y vitales, como hemos podido ver, por lo menos, en el NO rotundo, que sigue rodando, a las negociaciones de Rusia con  Ucrania y el imperturbable asedio atlantista a Rusia, desde que se abandonó y rompió el Pacto de Varsovia.
-¿Somos negativistas, negacionistas o qué?
-Que.
josemª  
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