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-MOLINO DE PAPEL- Porque el mundo está lleno de historias EL VIUDO (Una memoria de infancia) | | Cuentos y relatos globales. 26.06.22 | | “La soltera escoge, el viudo recoge”.-Juan de Arona-Escribe Walter Pimienta.- El viudo que le trae frutas a mi maestra del tercer años de escuela primaria, está que da la vida por ella. La visita siempre a la media mañana. Se acerca recatado a la ventana del salón contigua a su escritorio, la saluda y cuando no le ofrece manzanas, entonces le regala flores y caramelos. El viudo que le trae frutas y flores y caramelos a mi maestra del tercer año de escuela primaria, es el hombre más rico del pueblo, es millonario. Se le ve la fortuna en el fino reloj que usa, en el sombrero marca barbisio que se pone, en la ropa y el calzado que luce y en el jeep en que llega…Además, tiene varias fincas y ganado y propiedades… Todos dicen en el pueblo que el viudo quiere casarse con mi maestra. Mi maestra es atractiva, bonita, como de 30 y él de unos 50. Ella tiene caderas firmes de hembra para hombre y una mirada huidiza de ojos azules y unas manos finas, útiles para acariciar a un novio fino. Cuando mi maestra del tercer años de escuela primaria ve al viudo, se sonroja toda, se pone nerviosa, le da vergüenza con nosotros sus estudiantes, en tanto a él se le nota lo sentimental por todas partes, capaz de sacarse el corazón por amor y dárselo a riesgo de morir en el acto…Cosas del amor… | El viudo que está enamorado de mi maestra del tercer año de escuela primaria, tiene cinco años de ser viudo y no quiere más encuentros con la soledad…
Mi profesora toma precauciones ante el evidente caso y, comedida, le habla al viudo en voz baja, él también; mientras ella, con tiza y en el tablero, a propósito, nos escribe una larga clase a fin de atenderlo y así no serle grosera porque esta no es su costumbre.
Una vez le oí al viudo decirle a ella la palabra “decídete”…Y observé y escuché que el techo del salón de clases traqueteo quejumbroso. El parecía molesto, incómodo, algo le fastidiaba. Dio media vuelta, montó en el jeep, le dio encendido y se fue.
Por la escuela, por todo su frente, en medio del lodazal que es la calle llamada de “La Felicidad” donde mi colegio está ubicado, pasa dos veces en su caballo montado en pelo, una por la mañana y otra de tarde, Martín Durán, llevando en algarabía sus vacas. Tosco, grosero, basto, ordinario y rudo como el solo…Nada le cuestiona maldecir las lentas reses que no arrean y que semi atascadas en el barro, piden ayuda.
Martín también pide novia. Una novia que le aguante sus no jodas y carajos como introducción a su alma de pocos amigos: siempre Martín de mal humor. Siempre Martín el gruñón y mala leche. Siempre Martín el atarbán y el patán. En el pueblo le temen por sus abusos y por su mal temperamento…Ignoran sus reses de los buenos sentimientos que éste no tiene castigando con firmeza de fusta a su caballo cuando el pobre animal, miedoso ante el lodo, patina y la ley del látigo es su justicia… Martín viste sucio y sudado, de ropa descolorida y botas rotas. No está hecho para marido de una mujer fina, sutil y delicada; grácil y cortes en el trato.
Tres días después de su última visita, el viudo sobrevive. En esta oportunidad le trae a mi maestra del tercer año de escuela primaria, una mantilla española para que con esta ella asista los domingos a misa. La saluda tenue de voz, inclinando la cabeza y quitándose el sombrero. Es calvo. Sonríe fugaz. Ella lo compensa diciéndole: “Gracias, no has debido ponerte en estas”. Un ambiente solemne les envuelve. Nosotros, los alumnos, miramos como quien no quiere la cosa. Hubo risas por lo del viudo calvo y un murmullo de burlas…
¡Hagan silencio y sigan su trabajo”! Ordenó mi maestra.
Con su caballo de vaquero pasa en ese momento Martín Durán. Sus gritos de caballería y de maldición no tienen lugar en este mundo. Es brutal en sus acciones y drástico con su pobre montura.
El viudo sigue que da la vida por mi maestra del tercer año de escuela primaria. Nunca la visita sin un presente…Siempre algún detalle como merecido tributo de amor.
Por la ventanas de la escuela, infaltable veo pasar a Martín Durán y su ventolera de maldiciones en el desprestigio verbal de las vacas de su casa.
Mi maestra del tercer año de escuela primaria, por educación, jamás deja de atender en la ventana de la escuela al viudo como era su estilo, dejándonos una larga tarea para realizar en silencio.
Los ruidos de la calle, tanto de mañana como de tarde, los hacen, al pasar, las vacas de Martín en el suplicio de un barro de invierno que parece tragárselas junto con él y su caballo en el límite de la resistencia.
Es octubre. Un octubre que tiene voces de trueno y un cielo roto.
Una cesta con peras y duraznos le trajo esta tarde el viudo a mi maestra del tercer grado de escuela primaria y escuché que le dijo:
-Te invito el sábado al balneario para pasar un rato-
Y pasó lo mismo que otras veces: él dio media vuelta, subió al jeep, apretó al fondo el acelerador y se fue sin respuesta…Y creo que esa vez el viudo se sintió más viudo que nunca…
…Y de nuevo, a través de la ventana veo pasar al agreste de Martín sacándole lagrimas a su caballo.
Se me ocurre pensar que el viudo, de amor, moría lentamente, dejando en la ventana de siempre el aroma de su loción flotando en la reverberación de la media mañana en plena clase de matemáticas.
Era viernes, el viudo empleó en tal fecha todos los recursos de seducción que sabía. Un sombrero recortado que lucía una fina pluma en un costado llevó puesto, lo mismo que fina ropa y sus modales buscaban para mi maestra del tercer grado de escuela primaria el mejor deleite. Su refinado espíritu vivía la terrible intensidad de un amor huido que pedía intimidad y ternura. Tenía cara de fiesta. Mi maestra estaba prodigiosa con su vestido a rayas, pudorosa de escote y apenas una tímida muestra de sus rodillas desnudas. Y por primera vez ella, en señal de gratitud, le dio un abrazo. Lo vi porque paré de hacer en ese instante mi tarea.
A lo lejos se oía el tropel de Martín, el de sus vacas y su caballo.
El lunes no tuve escuela, el director nos mandó para la casa porque con el cumplimiento de una profecía que le marcara el destino, mi maestra del tercer año de escuela primaria, se había ido con Martín… |
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