Me ha costado mucho escribir esta reflexión en voz alta, llevo tres años callando y ya las cosas me parece que han llegado a su límite. Me considero una mujer que defiende la tolerancia y la solución de los conflictos mediante el diálogo, soy de las que no se me ocurre cuestionar las decisiones del profesorado del Centro Escolar delante de mis hijos inculcándoles el respeto a los mismos, me parece una aberración que un progenitor pegue al profesorado, los progenitores tenemos que ser conscientes de que lo que vean en nosotros será lo que nuestros menores hagan. Pues bien, creo que queda clara mi postura, por eso tengo que decir que no puedo más, llevo casi tres años, con miedo a decir cualquier cosa y que se me malinterprete, a tener miedo a entrar en el colegio de mi hijo y mi hija, incluso cuando tengo la necesidad de hablar con el profesor, a no poder recoger los libros o los abrigos que ambos se dejan en el colegio, por supuesto una vez terminadas las clases. |
Sí aunque les parezca mentira, en el colegio de mi hijo y mi hija, no han oído hablar de la democracia ni mucho menos de las campañas que presenta la Delegación de Educación sobre que el Colegio somos todos y que los padres y las madres, también formamos parte del Colegio.
Sí he de decir en honor a la verdad que no ocurre con todos los profesores, es más quiero felicitar a los pocos profesores que acudieron el año pasado a la fiesta de fin de curso y que no he tenido ocasión de felicitar y no puedo olvidarme del profesor que este año tienen mi hijo y mi hija, que trata a todos los padres y madres como personas y no como posibles adversarios/as, ya que esto es lo único que se me ocurre para justificar que se intensifique el distanciamiento cada vez mayor del equipo directivo del colegio y los padres y madres, lo malo es que también afecta a los niños y niñas, desde el momento que no quieren ningún contacto fuera del horario estrictamente escolar, no quieren fiesta de fin de curso, no quieren jornada de puertas abiertas, y lo último, los Reyes Magos no pueden acudir este año a entregarles sus cartas a los niños y niñas del Colegio, posiblemente los consideren también una mala influencia.
En definitiva, tan sólo pretendía compartir una reflexión, ya que me cuesta mucho convencerme cada día que mi cometido como madre sea tan sólo, ocuparme de que mi hijo y mi hija hagan sus deberes, pero no puedo quejarme de que obliguen a niños y las niñas de ocho años a llevar una mochila con un peso superior a 10 kilos y tengan que subir con ella hasta dos plantas.
No puedo decir que después de este artículo se me vaya a considerar persona non grata dentro del Colegio, porque ya lo soy, tan sólo espero que algún día se me diga cuál es el motivo, si es que lo hay, o el problema es que todo lo que no está con el equipo directivo está contra él. Muchas gracias a todos por soportar mi reflexión en voz alta. |