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-MOLINO DE PAPEL- Porque el mundo está lleno de historias- LOS MUERTOS SALEN (O “Noche de ronda”) | | Cuentos y relatos globales. 05.06.22 | | “Que las rondas/No son buenas/Que hacen daño/Que dan penas/Que se acaba/Por llorar…/”-Escribe; Walter Pimienta.- Los muertos salen y si no, entonces uno los hace salir. La serie, recuerdo, era R-19, “Jamás te olvidaré”, en la voz de Felipe Pirela; H-21, “Adoro”, cantando Roberto Ledesma; T-27, “Ola soledad”, cantando Rolando Laserie; C-51, “Frente a una copa de vino” en la voz del cantante español Luisito Rey, pero, de pronto, sin haberlo marcado nadie, salía “Noche de ronda” en la interpretación original de su autor Agustín Lara, ya muerto. El traganiquel tenía un daño nunca compuesto. Al dueño eso le importaba un pito y siempre, por algún lado se colaba el señor Agustín Lara diciendo: “…Luna que se quiebra/Sobre la tiniebla/De mi soledad/A dónde vas…/”…y otras cursilerías con su voz de tos de tuberculoso nunca curado. El traganiquel de García debe ser ahora una valiosa pieza de museo rescatado por Colcultura, señal de un tiempo que en el bar del barrio llevó mostachudos de pantalones “Lee” en el desgaire de los setenta cuando estos, los yines, agotados en Sanandrecito, comprados por canillones que les quedaban “cogepuerca”, de lo estrecho, se los ponían con mantequilla, y de que se los ponían, se los ponía… | Algunos decían que García tenía trastocado el traganiquel y que cuando Luisito Rey, moribundo “frente a una copa de vino” decía: “...No preciso de tu amor/No preciso de tu amor/Pero si un día tú vuelves/¡Qué feliz sería yo!/Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja/Ji, ji, ji, ja, ja, ja, ja, ja, ja…/”, Lara, el menesteroso, se colaba y con su voz que le venía de los huesos, ahí estaba siempre diciendo: “…Dile que la quiero/Dile que me muero/De tanto esperar/Que vuelva ya/Que las rondas/No son buenas/Que hacen daño/Que dan penas/Que se acaba/Por llorar…/” Era Lara con su irreparable fuera de tristeza, flaco y falto de comida porque en los cabaret no dan comida sino ron…Lara y los presentes, hombres y mujeres, olorosos a “Carioquito morado” en la extrema hediondez de las putas y putos…Eche, y le decían “maestro”. Lara, un garabato del carnaval de Barranquilla pero que cuando ponía sus huesudas manos sobre el piano, hacía beber a la muerte encontrando en él un parecido óseo de cuenca, tendones y falanges disecadas en la paciencia de una copa inacabable que esta traía del infierno y que la hacía dipsómana acariciante de botellas que se llenaban solas de licor, y, en tal caso, sensible lloraba porque un día, después de una “noche de ronda” por el mundo, mirándole y riéndosele en la cara, aspirando el humo de su cigarrillo, bebiendo el último trago de una copa rota, sin cobija, se lo llevaría a sabiendas de que las rondas no son buenas, que hacen daño, que dan pena y se acaba por llorar…, disco 263 veces repetido machacado en el traganiquel de García anunciando adulterios que al decir de ellos, los allí presentes, amaron “solamente una vez” y terminaban con un “Arráncame la vida” como pedido “de duro cienzo invernal”.
Lara no cantaba, hablaba y en el tramposo traganiquel de García, dejó cartas musicales escritas con palabras duras… “Cuando quieras/Quitarme la vida/ no la quiero para nada/Para nada me sirve sin ti…/”.
En el bar de García, Lara tenía todo su tiempo disecado en forma de disco de 78 RPM de la RCA Víctor… Y cómo le gustaba a García, escuchar a Lara con su voz de “tengo hambre” en su “Luna que se quiebra/ sobre la tiniebla de mi soledad…/”…(cosa rara, una Luna quebrada)…
Se hacía el pendejo García detrás del mostrador, le pasaba la bayeta roja al mesón y cuando oía… “Dime si esta noche/ Tú te vas de ronda/ Como ella se fue/Con quién está…/”, se quedaba quieto, pensativo, chupaba hondo su Marlboro y se servía un trago olvidando en presente a la que le olvidó.
Yo, a veces, le pedía a García me prestara la carátula del disco de Lara y allí, cuando este estaba vivo y lo retrataban frente a un piano que tocaba, ya tenía cara de muerto estando vivo pero rumbo a fantasma…
R-19, “Jamás te olvidaré” en la voz de Felipe Pirela; H-21, “Adoro”, cantando Roberto Ledesma; T-27, “Ola soledad”, cantando Rolando Laserie; C-51, “Frente a una copa de vino” en la voz del cantante español Luisito Rey, era la serie, pero, de pronto, sin haberlo marcado nadie, salía “Noche de ronda” en la interpretación original de su autor Agustín Lara ya muerto…
Eche, después dicen que los muertos no salen…
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