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Tu diario. Libertad de expresion

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-MOLINO DE PAPEL-
Porque el mundo  está  lleno  de historias.
MI MADRE,  UN  LEGADO DE  RECUERDOS…
Cuentos y relatos globales. 15.05.22 
Escribe; “el  Mono  de Átala-.- Mamá, desde tu partida, eres mi legado de recuerdos que no alcanzo a escribir en quinientos pliegos, y que quisiera zurcir con hilos de plata y mandártelos al cielo… Están escritos con letra temblorosa y con los ojos en llanto.  Al final de cada párrafo me detengo para que   el otro que inicio   no lo presidan mis lágrimas. Te escribo con esa letra doméstica que  se me quedó de mi escuela de pueblo.  Tienen mis  textos  la  monotonía de  la  tristeza  de quien se siente  muy  solo y  el  largo  de las  horas en  que  recuerdo tanto  de  ti….Cada  recuerdo  tuyo es un  libro estrecho de lomo  con  hojas amarillas  por  el  tiempo y un separador  que es un cordón  dorado para que marques la  página que lees y  con  tu  huella humedecida  por  los  labios,  pase la siguiente y  así,     leyendo  una por  una,  te  distraigas  en  el  cielo donde  a falta  de   oficios  domésticos,   porque ya  los  hiciste todos  en  la  tierra,  estrechamente te  ligues  a mis escritos con  ese  espíritu aficionado  conque  leías  la novel  María  de  Jorge  Isaac y unánime creías  en el amor,  cuando  el  amor  no  era un  comercio  de almas y  se tejía  en  los encuentros de  la  trama duradera de amar  por siempre  y sin engaño,  supremo  regalo  que  diste  a mi  padre en el  convenio  del  respeto y  en el  favor  de  unos  besos que  la  vida  no  quiso  fueran  hasta  tu  vejez; cuando el  amor  era generoso y  sonriente y soñabas  con verte llena  de nietos… Madre poseedora de  aquellas amistades que en  el  barrio  te  dio  tu  simpatía entre  vecinas mencionando  aun  tu  nombre  y en  las  que  ya  viejas, pervives  y  nunca  te extrañan.
Mamá, desde niño, guiado por ti, se me hacía fácil hacer la abstracción de las cosas llenas de más para qué,  que  de por qué;  animando  con mis sentidos todos mis juegos y con la palabra ser capaz de inventar historias que solo existían en mi realidad y mi presunción;  dándole  nombre a lo intangible,  a lo indefinido y sublime;  sin  quitarme el fervor de los labios cuando describía esas mismas cosas con mis entonces y entonces y entonces agotados  en mi idioma…Palabras sin tiempo conjugado en la indulgencia de dejarme hablar acudiendo a tu “bueno, háblame, cuéntame. Yo  te escucho”…

Hoy eres mamá, mi mejor memoria.  Nada  extraño  si  la  heredé  de ti…El  orden  de  la lista  de mercado siempre  igual pero  nuevo porque tocaba  escribirla  en nueva  hoja  de papel y  tus “espérate, falta  algo”…Y  el  lápiz de  nueva  punta  al  que no  le era  extraño que “hablándome  al  oído” me dijera: “Dile  que te traiga  las  panochas  que  tanto  te  gustan”…Y al  toc, toc, de  la puerta me ordenabas: “Asómate.  Seguro  es Conchita – la  vecina- ábrele.  Algo  necesita”…Conchita,  la  de  las antiparras amarradas a la cabeza con  un  cordón de  negro  de  zapato…Conchita,  gente  de  paz como  los  ángeles,  mandándote  a decir  que  si  vas  para  Barranquilla  mañana, le  traigas tres  aguajes  para tejer lana, una número  3, otra número  4 , una  más  número 5 y 6 para crochet y  un hilo ovillo rosado,  marca  “Alise”, que  ella después  te  paga  con  huevos”…Y  tú  que  te  reías al  escucharme  aquello  al  pie  de  la letra y  ella que, parada en  la  puerta escuchaba  tu  respuesta: “Bueno,  como  no…Ya  las  apunto”…Y todo aquello  lo  oía el familiar  y  hospitalario corredor de  la  casa…Conchita,  amable y humilde vestigio de su edad  de los  ochenta,  fraternal de entrada sin  llave a  la  puerta,  causa  y circunstancia  de  una risa y  de un llanto  porque  era  fácil  para  el lloro… Conchita, amistad  “de ve,  corre y  dile”… Y a quien no  vi  en  su  muerte…Barrio  bullicio  de  voces con  radios  prendidos a todo volumen  a  la  hora  de  la novela…Casa  con  ventana  de  barrotes  de madera torneada y  rostro  pegado a esta  para  merecer  una  mirada de  la  vecinita…Casa, tu  casa,  la  de dos  pavos  reales  en cuadros  enmarcados  en vidrio contemplando  desde  una rama  un desierto  extranjero…Casa con mecedoras tejidas  en  hilos  plásticos azules…Casa y  patio  lleno de macetas, de helechos  colgando y  de  novios  en  flor…Casa pozo  artesiano con  brocal  alto  para  que no  se  metieran los  sapos… Casa con canal  entre corredor  y cocina,  surtidor de  invierno cuando  imparable llovía… Y tu voz,  otra  vez  tu voz diciendo “Corre.  Recoge  la  ropa  que  se me  moja”…

Todo  lo miro  igual mamá…Es  tu  legado y  tu  pensamiento  en mi  donde el  pasado  es  como  ayer…Y  te  busco  y  no  estás…Y  ya  tengo  casi 70  y todo  esto  fue  a los  12…Y  tu  canto  cuando  lavabas  la  ropa entre espumas de jabón que  te  oían decir : “Bésame/ bésame  muchos/  como  si  fuera esta  noche/  la  última vez/Bésame/Bésame mucho/Que tengo miedo a perderte/Perderte después…/”…Casa del  oloroso  café  de  las  tres  de  la  tarde azotando  pocillos,  surtidor caliente  saliendo  del  termo y su aroma  en  viaje  por  la  ventana abierta….Casa  llena de  música en  el  canto  de  los cucaracheros  que como  siendo nuestros, se metían y en el  maderamen  del  techo los insectos se comían y  volaban diciendo  volvemos  mañana… Casa dulzura  en  el  plátano  pícaro  que  nos  hacías, melcocha  que  se  incrustaba  en mis dientes, azucarado  robo  que  me delataba dejando  en  el  caldero  la  cuchara  pegada… Casa con  loro de  tres  repetidas  palabras: “Átala, café, café”….Y  de  nuevo: “Átala,  café, café”…Loro  casi  mudo  hasta  la  hora  de  la  comida…Loro  detalle  verde de  tu  jardín desojando  tus rosas y  acabando  tus  flores…

Mamá, lo  sé, sabías de mi  escondite detrás del  escaparate cuando hacía  algo  malo…y allí  me  buscabas para no  castigarme si no  para  decirme :  “Sal  de  ahí y  ve a darle  de  comer a las  gallinas y  no  te hago  nada”… Casa agua del pozo  sacada a  baldados para que tú,  regando tus  margaritas, como hablando  con  alguien,  les dijeras:

—Mira, estas margaritas son jóvenes coquetas y  presumidas que quieren las vean con su vestido de baile bien escotado… Y  hay que regar las “diezdeldía”, viven tristes porque no  tienen  novio” …Casa  con flores de mayo y  tu  mata  de  “millonaria”  para  la  buena  suerte.

Mamá, tu  vida  de  madre cuando de niño  estuve a tu  lado, sació  por entero  todas  mis  curiosidades ¿Qué era  un  huevo  con corona?¿Qué era  un  huevo  de viento? ¿Qué era  un  tronquito de rosa  con  yema? ¿Qué era  un pollito  cinqueño?¿Por  qué se corta  la leche? ¿Los  muertos  salen? ¿Qué meterles a  los zapatos  si  me  quedan grandes? ¿Por  qué córtale  las plumas de las alas al loro?¿Cuántos  día dura  la gallina  para  sacar  pollitos? ¿Cómo  embolar  los zapatos con  flores de “arrebato macho” si  no  tenía betún?  ¿Qué  son  las siete  cabrillas? Yo  no sé  si  el mundo  de  hoy  sabe de estas  cosas…

No  sé cómo  hacías  mamá y  dabas  con mis escondites cuando sorprendiéndome arriba  del  cielo  raso  de  la  terraza me  decías.

-“Bájate  de  ahí…Qué crees que no  te  he  visto”- Y  yo diciéndote:

-“No  soy  yo… es otro.  Yo  estoy  en otra  parte…¿no  ves?” Y al  bajarme,   el  juego acababa  en  un  abrazo.

…Y  después, mamá,  siendo ya un adolescente, también  pasaste tu mano por  la  frescura de  mi  primera  afeitada todo  por la  inquietud  de saber  si  no  me  había  cortado y  por  la  gracia del  cielo de  la  cuchilla de mi  padre salía  indigne.

Para  mis pocos años de  la  infancia,  aquella larga  existencia  maternal encerró en  tu  nombre, mamá,   todas  mis  aventuras, mis  alegrías  de  juguetes  navideños y  mis  tristezas  de  muerte  al  irse los  abuelos y  vecinos…Tus números  de  la  prosperidad sacando  cuentas de las  ventas  de   huevos en Barranquilla  y  después,  cuando  el  mundo  cambió, de  las  ventas  de tus  “trapos” -como    decías-  en  Maicao y  El  Copey…Y  de allá  venías más  maternal  que  nunca  con  algún  regalo o  impregnada  de  melancolía  cuando  me decías. “Me  tocó  dejar  todo  fiado, hijo”…Y  entonces  no  éramos  rico por  lo que  la  vida  nos  daba sino por lo que, con  la  ayuda de  Dios, esta  nos  prometía…

Hoy,  mamá,  ya  no  estas  en  la  que  fuera la  paz del  paisaje  de  tu  calle de  pueblo…Encanto  urbano de donde emanaba dulcemente  un mundo  de cosas y  de  historias de  otro  tiempo narradas  en el  peregrinar  de  las  palabras de que  vienen  visitas  y  habrá  que  prepararse y  del “mañana entregan boletín  en  la escuela” y  las amigas  de  lo  cotidiano que te preguntaban: “Qué  vas  a cocinar  hoy”…Y “mañana  vengo  para  que  me des  unas  lecciones  de  punto  en  cruz”.

Mamá, tu  amor  maternal  traspasó  los  límites de  tu  casa.  El  cuidado  de  tus  muebles con brazos  de  madera a  los  que sacabas  lustre  con  la  tintilla  de  caoba. Tu  papelera  de  loza gris en  forma de mojarra empotrada en  la pared, llena de  recibos,  de  apuntes y  de cartas,  perseverante  a  que de allí  no  se  cayera y  al ser de yeso no  poder “ comérnosla frita”…Tu  radio  novelero con  historias de amores  tórridos y  bodas  de  gran fausto.  Tus  medallas en  cofres de totuma o  en  tú  bolsita  de peluche  púrpura…Y  los  bolsillos  de las  gentiles chaquetas  de mi  papá files al  vació de los  billetes  hasta  que él  vendiera  las  cosechas de  la  promisión  o  su  negocio  de  carbón nos  trajera  el  encanto semanal del  Evangelio  de unos billetes cuando  era  común decir “Dios  aprieta,  pero  no  ahorca”…

Casa decorada  con  tus  manos. Casa de  cortinas  floreadas obstinadas  en  lucir  de  primavera  todo el año…Casa de  puerta abierta  de buena fe  para  pobres  y  “ricos”…Casa de Sagrado  Corazón en  el  cuadro del  comedor…Casa nutrida en el  sabor cotidiano de tus  guisos y  asados…y  tu  avena  y  tu  nutricia cuando  no  había  para  más…”Y  tú  verás si comes, eso es lo  que  hay”…

Cuento mamá  la  gracia  infinita de  tus  dichos: “Tras que el  ojo  llora,  échale  sal”. “El  pago  de  la  vaca  atollá”. “Cuando  burro  no  moría,  gallinazo  qué  comía”.  “El  que  cría  perro  ajeno,  pierde el  pan  y  pierde el  perro”. “Con hambre  no  hay  pan duro” “El muerto  al  hoyo  y el  vivo  al  bollo”. “Yo  soy  como  Juan  Palomo,  como  me  las  dan, me  las  tomo” “San Juan viene  y  a  la  fiesta  iremos”. “Guarden  pan  pa  mayo”. “Una  cosa piensa  el  burro  y  otra quien lo  arrea”…Lenguaje  de  malicia  y  de  chispazos…memoria  de  tantos  recuerdos…Lenguaje  de  azúcar  y  sal  como  la  vida,  indispensable  para  entender  la  vida misma…Mamá  reina de  velillo negro  para  ir  a misa, pero  antes  dejando al  cuadrito de   San Judas  Tadeo,  tu  santo favorito,  una vela  encendida  para  el pendiente   milagrito.

…Casa de la  “tragedia” el  día  en  que se  te partiera  el  jarrón de la sala y  salpicada  de  ingenio lo   pegaste  con “cemento  duco”, porcelana  reliquia  de  tu  matrimonio en  la  interrogación  de  unas  flores  de  plástico  que  jamás se  marchitaba ni  morían…

…Casa de  la cristiana y  familiar estampa de  San  Ignacio de  Loyola  pegada  a la  puerta  principal y su  oración  “Al diablo  no  entréis”…En  tanto  “Limber”, nuestro  perro, fiel a  su  ira  santa  con celosos dientes  y colmillos,  alejaba  rateros y malas horas… Y  Dios  contigo  no  se indignaba,  era  un  poco sordo,  distraido  quizás,  pero con  su  majestad de los  cielos, ahí  estaba…Oyéndote en  el  golpear del  jabón de  lavar  con  el manduco para  hacerlo  en  una  bola  en  tus  manos y presente  en  la  divina aparición de  un  bolero que  así   cantabas: “Solamente  una vez/  amé en  la  vida/ solamente  una  vez/  y  nada  más…/”….Y  el  sol apremiante  del mediodía  secaba  tu  ropa tendida y yo,  en el  laberinto  de  tus  sabanas colgadas , jugando  con  “Limber”  me  perdía… Y  tu  regaño  de dientes  para  afuera:  “Te  he  dicho  mil  veces que  no  me ensucies la ropa”.

…Y  en  la  puerta de  la  casa la  voz del  pelao que nos dejó en la mañana los  bollos  fiaos y tu desde  la  batea diciendo:  “Dile  que vuelva en la tarde”…Y el  deudor renuente  no  volvía  porque yo   le  llevaba la  paga…

Deploro  tu  ausencia  mamá entre  lágrimas  que asoman.  Miro  tu  foto y  sonrío y  en  la  confidencia  de  mis  años  de  ahora,  digo  tu  nombre y  rezo  una  oración.

Te fuiste  mamá.  Yo  estuve a tu  lado  el  día  de  tu  partida.  No  tuviste  tiempo  de decirme  nada…Pero en  tu mirada  comprendí tu  adiós…Un  adiós  de  no  me  olvides  nunca…Mamá,  te  fuiste  dulcemente camino al  cielo,  bien  vestidita, arreglada  y  maquillada  al  encuentro  con  Dios…Intima de  alegría sonreías,  parecías  dormida…Y lloré en  la  realidad  de  que los  muertos  no  se  mueren  con  uno sino  que  se  mudan  de lugar  y  se  van a vivir  a  la memoria… y  con  la señal del  silencio impresa en   mi  triste sonrisa te digo  hoy…  ¡FELIZ DIA  MAMA!...

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