Gálatas 2:20: “Mas vive Cristo en mí” / Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí”.Escribe; Walter Pimienta.- Leras a continuación, amigo, y si lo quieres, esta historia y, de pronto, estés de acuerdo conmigo; pero no es una exigencia, te aclaro… si no lo estás, por lo menos, sin bizantinas discusiones que a nada llegan, déjame escribir mi sin razón… Soy, para que me conozcas un poco mejor, y por cuestión de ideología, de los que cree que el mundo necesita un Cristo vivo y anticapitalista; que sea la esperanza nuestra; que por estar vivo, quiera que todos vivamos…Que esté en nosotros…Contigo y que nunca se nos vaya…Que nos llame para volver a empezar…Que acabe las tristezas, los rencores, los miedos, las dudas, los fracasos, las enfermedades y las dolencias…Que esté allí para darnos fuerza y esperanzas…Que sin religiones, llegue a todos los creyentes…Que rompa cuestionamientos y aclare absurdas preguntas…Que reivindique a hombres y mujeres…Que desafiante, acabe con los abusos…Que sea un revolucionario de la caridad… Que sea el camino que nos lleva a un destino seguro…Que como un amigo fiel, nunca nos abandone…Que sea la paz del mundo…Que frene injusticias y violencia…Que haga dar frutos a la esperanza y a la dignidad…Que elimine la esclavitud y las discriminaciones de todo tipo…Que elimine del lenguaje de los políticos la mentira…Que ponga fin a las guerras…Que haga respetar los derechos humanos….Que se oponga al hambre de los sin pan…Que evite el abandono de los abuelos…Que defienda el futuro de los niños. |
Este Cristo vivo en el que creo es aquel que, de manera justa, habrá de repartir las riquezas evitando que unos pocos tengan tanto mientras los pueblos mueren en la miseria sin trabajo, sin salud, sin educación, sin escuelas, sin comida en tantas bocas. Este Cristo vivo del que escribo, no sería otro que aquel que desarma al que mata, que saque de la prostitución a hombres y mujeres equivocados, que elimine el odio y que haciéndonos amar a nuestros hermanos, haga de todos sus mandamientos uno solo: amaos uno u otros como EL nos ama… Estamos obligados a creer en un Cristo vivo, que more entre los pobres y oprimidos, que esté siempre con el pueblo...Un Cristo vivo que junte en la fe a ateos, agnósticos, católicos, judíos talmúdicos, testigos de Jehová, mormones, adventistas, evangélicos, musulmanes, hinduistas… para luchar por la liberación del hombre, por los oprimidos y explotados, habitantes de una patria igual donde reine la justicia…Parecerá que esto no es más que un sueño, un sueño que quisiera compartirte y una realidad y necesidad innegable…Mas me temo ocurra lo que Ñato, un personaje popular de mi pueblo, sobre el particular considera en esto que, tan relacionado con lo anterior, entre la ficción y la realidad macondiana nuestra de cada día, va de cuento; pero que me pone a pensar dejándome casi que sin palabras…
…Y dice él que, se encargó una vez en el pueblo a Rafael Buturrunni, el mejor y más famoso escultor del mundo, italiano él, hiciera, para la llegada inminente de la Semana Santa, un Cristo para la iglesia. Y habiendo preguntado el artista a la comunidad si querían que les hiciera un Cristo vivo o muerto –porque hasta de esto era capaz el afamado tipo- no hubo quien pusiera de acuerdo a nadie. La discusión duró días. El alcalde, Habacuc Molina, como representante del ejecutivo, elegido por voto popular por cuatro años, dijo que vivo. El padre Hernández, persona consagrada a su vida y a los sacrificios de divinidad, según la austeridad franciscana que le identifica hasta en su raída sotana, dijo que lo hiciera muerto. El juez, Nicasio Jiménez, autoritario y sentencioso, en función de su oficio, dando un duro mazazo sobre su escritorio, consideró que vivo. El presidente del Concejo, Justino Molina, en el uso de sus atribuciones de carácter normativo e institucional, actuando como fiscal del caso, en representación de la comunidad, por la potestad que le daba legislar cualquier acuerdo, votó porque lo hiciera muerto. Las damas de la Congregación del Sagrado Corazón de Jesús, consagradas de pensamiento, palabra y obras al Divino Corazón, Eterno Padre, opinaron que vivo. El debate se tornó ardiente. Opiniones iban y opiniones venían. Cada quien exponía sus ideas y defendía su interés. Argumentos, puntos de vista e ideas, para nada similares, se tornaban discordantes e inconexas. Los pobres, más de mil, invitados a la reunión, elevados a la categoría de Junta de Acción Comunal, actuando como una corporación cívica sin ánimo de lucro, compuesta por todos los vecinos del lugar, identificados con la solución de las necesidades más sentidas del pueblo, determinaron por unanimidad, que muerto en respeto a la doctrina y la costumbre pues así valía un poco menos y vivo salía algo más costoso pues tocaba alimentarlo y vestirlo…Total, sin dar largo ni ancho, sin dar ancho ni largo, convenio no hubo de parte alguna y el escultor, experimentando cierta crisis existencial, al borde de un trastorno psicológico, porque el debate no tenía limite, aislado por su idioma, solo observaba sacándole el cuerpo a una depresión endógena.
…Pero he aquí que uno de ellos, allí presente, el popular Nato, personaje de personajes por sus ocurrencias y decires, algo más agudo, gracioso y oportuno, y al mismo tiempo más prevenido que todos los demás, llamando aparte al escultor, en voz baja y quién sabe en qué idioma o jeringonza criolla, esto le dijo al creativo y famoso artista: - ¡Oh sole mío! Por Caruso y Pavarotti, maestro, maestro no pierda más el tiempo… Haga de una buena vez el Cristo vivo…Para lo qué a durar…y seguro no seré yo, pero ya verá, ya verá que otra vez alguno vuelve y lo mata para complacer y satisfacer a quienes siempre, siempre, ¡lo han querido muerto…! ¡Oh sole mío! ¡Oh sole mío! ¡Cáspita! Le escuché esto a Ñato y, lo repito, aún estoy sin palabras…
Walter Pimienta
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