
En la sociedad digital en la que ya estamos instalados se nota la influencia de la dispersión producida por la digitalización constante y continua. Estamos asistiendo a un cambio social sin parangón.
En la política cada vez con mayor intensidad se libran batallas mediáticas en las campañas electorales a través de medios técnicos y digitales que son más sofisticados que hace años o décadas.
La esfera pública se está fragmentando y esto perjudica claramente el debate político público, de una forma tremenda. Si a esto se añaden los bots que producen noticias falsas y los ejércitos de troles que impulsan la desinformación es evidente que el panorama actual y el de los próximos años es desalentador, respecto a las elecciones en diversos países occidentales desarrollados.
Es indudable que, en países como Estados Unidos, la psicometría y la psicopolítica digital están siendo utilizadas, como instrumentos puestos al servicio de algunos partidos, para condicionar las decisiones conscientes y de este modo lograr que los votantes voten, en un sentido político determinado.
En un libro titulado Infocracia el filósofo coreano Byung-Chul Han analiza los problemas que surgen de la digitalización especialmente en el campo de la política y de la sociedad.
Es como si el mundo se atomizase, porque lo digital en vez de potenciar la universalidad y la discusión con pautas comunes en los diálogos, en realidad, tal como está siendo usado por la gente, sirve para crear miles de millones de universos individuales y fragmentarios.