 ¿…Y qué insinuaba la diciente publicidad de las pilas “Everedy” y su gato negro atravesando el número 9?...Que las pilas “Everedy”, tenían nueve vidas, dos más que las del gato común y corriente al que se le presumen 7, esto en atención a la duración que tendrían las famosas pilas… Toda una obra de arte, en su tiempo, fue lo del gato de las “Everedy”, apostándole a no fallar nunca en su salto cuando, puesto a prueba una y otra vez en periódicos, revistas, carteles y folletos, trascendente seguía vivo en los radios y focos de mano de aquel tiempo. Yo, de niño, derivado del auge publicitario de aquel gato, cuando veía el asombroso dibujo, me preguntaba: ¿Qué le pondran de señuelo a este gatos para que ágil y quizás hambriento salte preciso por entre el circulo del 9, quizá un ratón vivo? ¿Cuántas veces lo ensayarían? Y como resultado de mis inquietudes, mirabaen consecuencia el gato ladrón que tenía mi abuela Cristina y, comparándolo con el de las pilas, igual me interrogaba: ¿Será capaz el gato de mi abuela, de saltar como el de las “Everedy”?...Y el de mi abuela, a escondidas, sí que saltaba, saltaba hasta la alta tabla o d zarzo que ella, en mitad de su cocina tenía colgado y donde siempre, en una ollita de alumnio, dejaba una presa de carne salada para, desmechándola y fritándola con huevos, a mi abuelo y a mi, darnos en el desayuno si era que, sin dejar de pensar en su gato, la referida porción de carne de res,enconrtraba… Desddeluergo, la fama de los dos felinos, tenía una distancia como de la Tierra a la Luna…El gato de las “Everedy, inacabable, interminable , inagotable e ilimitado en el tiempo hasta el presente, vio su mensaje escrito en todos los idiomas…El gato de mi abuela, en cambio, hasta los cinco años, no dio más pruebas de vida…Un veneno potente y letal que le dio Rosana, la vecina de enfrente, por ladrón le quitó el poder de sus 7 existencias para siempre. Hasta hoy, el gato de las pilas “Everedy”, sigue vivo, vivito y coleando, el de mi abuela tristemente no, por culpa de Rosana. Y, mientras tanto, por ahí veo todavía el de las pilas con las pilas puestas admiradp por una gatuna cantidad de hembras de su especie que encantadas y embobadas, en noches de luna, lo llaman y le cogen críaarriba de los techos de las casas, pues estas, antes, pasmadas de amor, lo han visto en la televisión en pelea de furioso raiting contra el comic de “Garfiel”, un gato medio maricón alimentado con ratones dietéticos… Admirese y contenplesehasta la saciedad y sin duda, la idoneidad del salto del gato de las “Eveready” que, salte que salte, lleva ya 67 años largos haciendolo desde 1955 cuando , apareciendo a todo color en las páginas de la Revist LIFE, se nos dijo que salió al mercado y nunca, hasta ahora, ha fallado en el intento…De veras…qué ingeniosos que fueron estos publicist ya que, hasta la fecha, también, ni lo han retocado. Y sigue igual que la primera vez interpretando la “pieza dramática” de su propio lema: “Tienen más vida que un gato”, ante lo cual, acobardado y pendejón, por que cree que se lo va a comer, se le esconde su contendor, el conejo de las “Duracell”. En todos los radios de antes, estaba metido un gato, el de las pilas “Eveready”, encargado en la infaltable tarea de hacer funcionar el aparato; quizá, a lo mejor sí, escapando de noche para hacer sus necesidades y en carrerillas, antes de que se lo cogiera el día, en la contradicción del refrán: “De noche todos los gatos son pardos”; pero este no porque era negro, a lo Romeo y Julieta, hacerle el amor a una gata que entre románticos maullidos de placer, le daba un triunfo al amor de calle gracias al modelo seductor impecable de las renombradas y célebres pilas, todo esto producto de mi ficción que lo hacía volver al radio con la limpidez de un salto magistral que, en sístesis, era perfectoy allí, sí, allí, temprano, bien temprano, sin spsechar nada lo encontraba mi abuelo al enceder su philips de seis bandas para escuchar el noticiero, ajeno a su aventura “shakespeareana”. La versión original del gato de las pilas, fue un idea de Eduardo Schejtman. en su dibujo, y de Alejandro Dolina en el escrito; la criolla versión del gato ladrón de mi abuela, por el contrario, no dio nunca ni para una foto en blanco y negro de las que en el pueblo, en tales calendas, sacaba “Cabica”-el fotógrafo del pueblo- porque, inquieto y presuntuoso, este -el gato- no era capaz de atraversar el circulo del numero0 siquieraya que Dios, gracias a Dios, no lo hizo tigre sino gato… de esos que aruñan y hacen …!Miau!.. Por el momento, amigos, se cierra el gatuno telón…!Miau! Walter Pimienta |