En ambos casos fue invadido un campo abonado en el que siempre, y con facilidad, había prendido y arraigado la semilla de tantos creadores que mantenían viva la savia en el tronco de cada uno de los estilos. Siempre, y por varias razones, he creído que existe un innegable paralelismo entre el cante flamenco y la copla ya que, aunque brotando de dos árboles distintos, sus raíces, entremezcladas entre sí, son andaluzas y en Andalucía es donde han dado sus mejores frutos. Hoy, por suerte, ambos están venciendo no pocas dificultades y se superan con la decidida y clara pretensión de alcanzar el lugar que durante mucho tiempo han ocupado y que les pertenece por propio derecho.
Pero mientras el cante flamenco crece adoptando unas maneras ajenas a sus orígenes, la canción andaluza se mantiene fiel a sus principios; y mientras el cante acepta los engañosos sobrenombres de “flamenco fusión” o “nuevo flamenco”, la copla reivindica toda su antigua tradición tanto en las formas como en el fondo. Hoy asistimos desolados a muchos espectáculos de seudo flamenco en los que algunos cantaores salen luciendo un antiestético atuendo de camisa por fuera sobre un pantalón americano. Por contraste, la figura del cantaor/ra de copla sigue siendo original en su vestimenta: traje de corte impecable en él, y la airosa bata de cola en ella aderezada con todos los complementos que su actuación requiere en cada momento: el clásico mantón y la inexcusable peineta junto a las flores sujetas a la mata de pelo.
El pasado sábado tuvimos la satisfacción de asistir a la gran final del I Certamen de Canción Española “Ciudad de Torremolinos” en la que se nos brindó la ocasión de abundar en la idea de cuanto digo más arriba. Un gran y vistoso certamen organizado por la Peña Flamenca “Los Amigos del Arte”, de Torremolinos, y que patrocinado por el propio Ayuntamiento se suma al esfuerzo que realizan asociaciones y peñas con el objetivo de que la copla alcance todo el esplendor que tuvo en tiempos pretéritos. Y a fe que lo están consiguiendo porque cada vez aumenta más la siempre prometedora pléyade de artistas de uno y otro sexo que sueñan con colgar su nombre entre las luces de neón de un escenario. Como ha sido siempre. El certamen, dotado con 14.000 euros en premios, ha convocado a artistas de prácticamente todas las capitales y provincias andaluzas que han dado lo mejor de sí para lograr un puesto en la final que, además de la satisfacción de estar entre los mejores del certamen, les daba opción a un sustancioso premio en metálico establecido según el orden de clasificación de cada uno. En total, diez finalistas que la noche del sábado compitieron entre sí con la nobleza que caracteriza estos concursos.
Ni que decir tiene que, siendo la gran final, los diez artistas considerados por el jurado los mejores del certamen salieron a por todas. Y fue una noche rica en música y color, en la que la orquesta dirigida por el gran maestro Eufrasio Molina arropó a cada uno de los finalistas entre las notas marcadas bajo su impecable dirección. Impecable también, como siempre, la profesionalidad de Diego Gómez, insustituible como hilo conductor de un certamen de coplas.
Algo nerviosos, asistíamos al desarrollo del espectáculo en el que todos los concursantes actuaron de maravilla; Lorena estaba entre los diez finalistas y, junto a la seguridad de que se alzaría con uno de los primeros premios, nos roía la inquietud de lo imprevisto, de que en el escenario competía con artistas todos versados en estas lides, y todos dispuestos a disputar los envidiados primeros puestos.
Pero Lorena, la Lorena que todos conocemos, no estaba dispuesta a ceder un milímetro en el terreno profesional que ella domina tan bien, y salió a demostrar todo el arte que lleva dentro. Porque Lorena no solamente es una voz potente y bonita capaz de cautivar al público que la escucha: Lorena tiene un saber estar en el escenario que la hace diferente; Lorena no tiene necesidad de estereotipar la figura ni recurrir a un vocerío desaforado para decir la copla como hay que decirla, cosa que el jurado reconoció sin dificultad otorgándole el merecido primer premio.
Como hemos hablado de la importancia del saber vestir en el escenario; hay que decir que la vista quien la vista, Lorena siempre sale impecable y con el vestido que mejor se presta a la canción que interpreta, luciéndolo con una elegancia propia y natural que va con ella. Así, con un elegante traje negro, la blanca mantilla cayéndole por la espalda como una catarata de encaje soportada por la airosa peineta, la rosa roja en el pecho y los brazos en cruz, era la viva imagen de la Virgen del Romance de Zamarrilla, que es la canción que interpretó como ella sola sabe hacerlo, con un tiempo de saeta impresionante que puso al público de pie, y que tuvo que repetir al obtener el primer premio del certamen. Eso y uno de los mayores éxitos de la mítica Juanita Reina cantado con el sentimiento que imprimía a sus cantes la genial sevillana le dieron el merecido triunfo a esta artista afincada desde muy joven en Alhaurín de la Torre.
Al primer premio en metálico hay que sumar otro no menos importante y puede que más para cualquier artista: la grabación de una maqueta con cuatro temas, gentileza de los prestigiosos Estudios ACM RECORDS. S.L., de Tony Carmona, contribución ésta en la misma línea que siguen peñas y asociaciones para que la copla continúe ganando adeptos entre las nuevas generaciones de jóvenes intérpretes. Y nos volvimos a casa con la satisfacción de que Lorena, a quien felicitamos de todo corazón, había conseguido una vez más dejar en lo más alto el pabellón musical de Alhaurín de la Torre. |