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-MOLINO DE PAPEL- Porque el mundo està lleno de historias ¿A quien escribe la mujer que escribe? | | Cuentos y relatos globales. 13.03.22 | | …Y allí, en el encierro de su cuadro, la mujer que escribe defiende aún la soledad en la que vive.Escribe; Walter Pimienta.- ¿Sobre qué escribe la mujer que escribe? ¿A quién le escribe la mujer que escribe? El secreto se quedó con Johannes Vermeer quien la pintó entre los años 1670 y 1671, obra épica del barroco que tiene como tema el de una dama vestida de amarillo que, inclinada sobre su bufete, absorta, perdida la mirada, buscando palabras, pluma de ganso en mano, escribe una carta. El caso es que la señora en referencia llevaba ya, a tiempos de hoy, la friolera de 352 años escribiendo y escribiendo dicha misiva y nada de nada que la termina todavìa, siendo esta la carta más larga de las largas que se halla escrito en el mundo. Y allí, en la Galería Nacional de Irlanda, en Dublín, los que no me creen, pueden ir a verla. Ella, impertérrita, metida en su marco y su mundo, sin espabilar siquiera, encerrada en lo suyo, escribe que escribe sin inmutarse por su presencia si es que, de pronto, usted se anima a ir a visitarla. Hay que decir que, en el ejercicio, la mujer que escribe lleva también varios pliegues u hojas de papel escritas, entregadas por una camarera que parece le dijera: “Siga mi ama, siga”. | ¿Y qué dicen los conocedores del arte? Que la obra es importante porque uno no sabe qué admirar más: si el gesto de concentración de la mujer que escribe, magistralmente ausente del mundo, si a ella en el ámbito de un rincón familiar de su casa o el “visible silencio” del lugar y, en lo figurativo, la música suave del rosar de la pluma sobre el papel…Esto hace que la obra no halla muerto ni para el presente ni para el pasado ni para el futuro, dicen los doctos en estas vainas… Yo soy de los que piensa que la mujer que escribe, escribe a un desengaño amoroso. Debió ser el de ella un amor historico, modificado por otra mujer que también quiso hacer historia con su hombre. Una mujer a la que ella dijo sus cuatro verdades en miles y miles de palabras entre silencios y silencios y desdenes que de adentro le salían enclaustrada en un cerco que no le permitiría pensar en nuevas conquistas…Y todo aquello quedaría allí escrito, en esa carta pregunta y testimonio: ¿Sobre qué escribe la mujer que escribe? ¿A quién le escribe la mujer que escribe? Debe ser esta la carta, la de la mujer que escribe, una carta llena de melindres sentidos, llena de palabras tristes, pero delicadas, afectadas por el dolor del desamor. Algún día la tecnología que todo lo mira con lupa, nos dirá a quién escribe la mujer que escribe y qué supuestos móviles plasmaría en esta…Yo quisiera curiosear y conocer más del caso, pero a lo mejor sus familiares no me lo permitan…pero todo indica que, ella escribe sobre un desengaño, un desengaño de esos que arrancan palabras de despecho y que originan distancias y ausencias entre enamorados. En el banco de los datos nadie sabe nada…Ni Google en sus carpetas. Y cómo se presta el tema para jugar con la ficción… y entonces imaginemos que un día de estos el cuadro aparezca sin la carta o que en los papeles no halla nada escrito…O que alguien vaya al correo a ver si parte de esta misiva, mientras la mujer que escribe la terminaba, tiene un registró de correo a larga distancia enviado a alguien. Entre lo probable y no probable, todo cabe. En el caso de la pintura de la mujer que escribe, son estas las únicas palabras que no se ha llevado el viento porque, las mismas, hasta ahora, no se han enviado a ninguna parte…Con el riesgo de que, en el juego de mi literatura barata, la mujer que escribe, aburrida de tanto escribir, arroje a la caneca sus papeles y ahí sí que se jadió la vaina… Las cartas siempre han sido protagonistas de alguna historia, de algunas escenas y estas que pintara Johannes Vermeer, tienen de mí, ahora, esta lectura en los ribetes del vestido amarillo de la mujer que escribe, en sus moñitas blancas en el pelo, en su silla de fuerte cuero y en su bufanda de blanco armiño con linares negros…y dos gruesas perlas en cada oreja…Y en consecuencia me pregunto: ¿Será ella la protagonista o lo será la carta? En la Galería Nacional de Irlanda, en Dublín, un potente foco ilumina la estancia donde està colgado el cuadro de la mujer que escribe en contraste con el claroscuro donde ella escribirìa su carta diluida en una tonalidad medieval acta para escribir cartas de amor con sangre. Alguna vez, el cine quiso llevar al séptimo arte la película de la mujer que escribe, pero encontró un gran obstáculo, el mismo que he encontrado yo en mi pregunta: ¿De qué escribe la mujer que escribe? ¿A quién le escribe la mujer que escribe? ¿Y quién leería semejante carta larga?… Hay quiñes dicen que el centro de atención del cuadro es la carta, otros que el rostro de solitaria soledad de la mujer que escribe…y es allí, pienso, en lo sencillo de lo sencillo, donde està el resultado sorpréndete de la obra… a la cual, no le faltan supuestos…Que un brizòn incontenible, por descuido, se llevara los papeles por una ventana abierta… Es esta una historia, la de la mujer que escribe, que muchos, entre ellos yo, cuentan, pero no explican…Romelio, un amigo ya fallecido, una vez observando una fotografía del cuadro me abismó con lo que dijo: Dijo que la mujer que escribe estaba preñada como igual lo estaba preñada la Mona Lisa a la hora de la hora… En tanto, el misterio està ahí: ¿De qué escribe la mujer que escribe? ¿A quién le escribe la mujer que escribe? Lo más probable es que la mujer que escribe, escribe una carta de amor, pero la mesa en la que escribe o escribió no habla…Y surgen preguntas: ¿Qué tan cansada puede estar la mujer que escribe permaneciendo allí sentada?…No faltará quien diga que es viuda y con hijos…Los supuestos caben…otros consideran que es una carta de respuesta a una pregunta que todos por siempre nos haremos en la vida…¿De qué escribe la mujer que escribe? ¿A quién le escribe la mujer que escribe?
Walter Pimienta |
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