”El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta”. -Jacinto Benavente-Escribe; Walter Pimienta.- En el abismo de su desasosiego y desolado en su propio silencio, Molina teme que un día de estos se separará de su mujer o, lo peor, que llevado por el temblor de voces interiores que le suben por la sangre, la mate. Molina está convencido desde hace diez noches, que Juana Escuriaza le es infiel y hasta entonces creía que solamente era suya y que nunca otro hombre le disputaría la frescura de aquellos labios de miel, la gratitud de su cintura, la cena de sus senos paraditos y la gratitud de su vergel…Y, en tal caso, una ira profunda e insuperable, como cuchillo, se le entierra en el corazón… Molina jamás ha pensado en el suicido; lo considera complicado e indigno y de baja categoría y, por lo tanto, prefiere impaciente elaborar los argumentos mentales que le lleven a la verdad, empapelando el pensamiento con nombres y más nombres de hombres de los cuales uno de ellos tiene que ser, indefectiblemente, el amante de Juana. Buscando calma, Molina leyó una de las epístolas de San Pablo que aconseja sabidurías sobre el matrimonio, pero en la mitad de la lectura, el hígado se le anquilosó sin poder borrar del pensamiento el rostro de Juana, lo que le hace perder el apetito y olvidarse siempre, cada mañana, del desayuno. |
En su precipitada ansiedad por descubrirlo todo, Molina se derrumba por dentro y en el laberinto de su desgracia, estremecido por los celos, maldice su negro destino y en el “Estadero Pueblito Viejo”, de su amigo Andrés González, de Antonio Aguilar, cerveza en mano, canta y pide esta ranchera:
¡Ay qué suerte tan negra y tirana es la mía! Al haberte encontrado a mí pasó una vez, Tan feliz y contento que sin ti vivía Cuando yo ni siquiera en tu nombre soñé.
Hasta que una mañana fatal de mi vida El destino te enviara mi suerte a cambiar, Al instante sentí que tu imagen querida Ya jamás de mi mente se habría de borrar.
Por las tardes, Molina mira su maleta de viajero y quiere meter en ella tres o cuatro camisas, tres o cuatro pantalones de fundamento junto con lo más fundamental para irse, pero dándose cuenta que no ha llegado al límite de la verdad, considera continuar en la lucha hasta encontrar, a su modo, una dolorosa e insoportable forma de victoria sin sentido.
Molina se acordó del machete que guarda en un rincón de la cocina. Tiene un filo de espanto. Y en manos del fantasma de la amargura, siente el aletazo de un ángel bueno que le pierde en su desorden y le borra el mal juicio irrazonable de su poca vocación de asesino…
…Que le habla, sí, Molina le habla. Que le hace algún favor que le solicite, sí, Molina se lo hace. Que hasta le sonríe, sí, ella le sonríe a Molina…, la convivencia doméstica se lo exige; piensa él, pero su sonrisa no es más que una caricatura de adulterada alegría, vuelve a pensar él moliendo un celo de tigre apretado en el corazón… por eso Molina tiene diez noches que no duerme, no es esto para él una necesidad. Se ha acostumbrado a al duro desvelo. Sabe que el que espabila pierde. Sabe que, en el inquieto sueño de Juana, quien habla dormida, está la verdad, y acostándose a su lado, en el refugio cobijado de su dolor de hombre, espera… espera porque en cualquier momento puede ser… espera, espera pronuncie un nombre amargo, odiado; un nombre frenético para ella, un nombre que al escucharlo de golpe le hará hervir la sangre y…
De su lecho de tristeza, con la misma naturalidad de siempre, Molina se levanta cada día con la falsa dignidad de quien aparenta no saber nada, porque está amaestrado por un silencio que le carcome detenido en la exactitud lineal del reloj de las doce de la noche, mientras el sueño no debe nunca asomarse a sus ojos, como si se asoma sosegado en los ojos de los hombres que están en paz con su conciencia y no les tienta el diablo.
Molina ama a Juana. Y cree que ella también le ama; pero hace diez noches sintió que susurraba algo en pleno sueño y alcanzó a oír claramente y expresado con pasión, dos veces, un apellido y un deseo: “Molina, te amo”, “Molina, te amo”… y escuchado aquello, Molina se paró de la cama y se fue a llorar a la cola del patio.
-Me confesó el amante- se decía- y lo dijo dos veces en tono amoroso.
Molina se sintió más solo que nunca. Nada daba refugio a su tristeza…Y recordaba cómo abrazada con frenesí a la almohada, hablando en sueños decía: “Molina, te amo”. “Molina, te amo”…
-Se apellida Molina, Molina- volvió a decir.
De pronto, Molina cae en la cuenta de que Juana ha podido estar soñando con él porque ese también es su apellido; pero la angustia no le deja y regresa a la alcoba en silencio y su mujer vuelve en su sueño a decir lo mismo: “Molina, te amo”, “Molina, te amo”… y se abraza más y más a la almohada.
-¿Quién será?- se interroga Molina. Pregunta que para él nunca tendrá respuesta porque ocurre que en la angustia de su repaso mental, mal contados, incluido él, lleva ya 322 Molina, el apellido que más pulula en su pueblo y son estos de los que más sospecha: Aaròn Molina; Baltasar Molina; Daniel Molina; Efraín Molina;Fuad Molina;Goliat Molina;Hananìas Molina; Habacuc Molina; Jacob Molina; Kamuel Molina; Leví Molina; Isaías Molina; Malaquías Molina: Jeremías Molina; Abimelec Molina; Dèboro Molina; Eliseo Molina; Ezequìas Molina; Farud Molina; Josuè Molina; Holofornes Molina; Manasès Molina; Abdòn Molina; Putifar Molina; Adàn Molina; Esaù Molina; Celestino Molina; Nabucodonosor Molina, Estìlito Molina; Senèn Molina; Eulalio Molina, Plàcido Molina; Euripides Molina; Sabino Molina, Orestes Molina; Eleuterio Molina, Venedicto Molina; Cardenio Molina; Ariosto Molina; Cleto Molina, Amèrico Molina; Eustaquio Molina, Delio Molina; Dante Molina; Melanio Molina; Pablo Molina; Ramiro Molina; Cornelio Molina, Isidro Molina … …Y Molina, el desvelado eterno, como si no hubiese escuchado nada, dándose la molestia de masticar su rabia, por costumbre se acuesta al lado de Juana y en el refugio cobijado de su dolor de hombre y de macho herido en mala parte, espera, espera porque el que espabila pierde, espera porque en cualquier momento será; espera que en el resto de la noche su mujer sueñe y, como dormida habla en voz alta, diga el nombre de un tal Molina… ¿Será el de él? Anímese la lectura con este tema musical pulsando https://youtu.be/yWPhwB2GRqc Walter Pimienta
|