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Para la Paz, por la Paz | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 30.01.22 | |  En estos días que, una vez más, suenan tambores de guerra, se nos acerca silenciosamente el Día Escolar de la No Violencia y la Paz. Nunca la paz vino a nosotros con tambores de guerra ni trompetas de victoria. La paz que nos conceden los cuidados no necesita de himnos ni los cuidados, que desde el primer día de vida nos acogen, necesitan propaganda ni desafíos. La vida se desarrolla en la intimidad de los cuidados, sin reparar en maquinarias estruendosas ni en extrañas estrategias que nos provocan a acciones sobrehumanas, a fuer de inhumanas, por llamarlas de alguna forma. Si la vida va de boca en boca y en círculos pequeños, no necesita de marcas ni de fronteras, sino que poco a poco se ensanchan los espacios y se suman los corazones que están dispuestos a convivir. El sinvivir que nos provoca y también nos convoca al enfrentamiento lo heredamos ya de la “Pax Romana” y otras lindezas, que se justificaban siempre y nos obligaban a “preparar la guerra, si queríamos conseguir la paz”, como si no nos fuera más económico seguir viviendo en paz y como si no nos fuera hasta más barato cuidarnos entre todos. | En estos días de derrotas, que han hecho salir del mismísimo Afganistán a los gendarmes del mundo y que no saben qué hacer para paliar su desprestigio, quitándose la espinita, se enzarzan con nuevas aventuras por aquello de que “piensa el ladrón que todos son de su condición”. Los aliados de la persistente Alianza Atlántica están en un tris de volver a meterse en líos, porque están dispuestos a poner bajo el cielo las armas del compromiso internacional, que tan jugosamente le compraron a los señores de la guerra. Parece que no escarmentamos de las guerras de Irak, Libia... que no nos hicieron nada ni atacaron a la OTAN, para hacer sufrir y padecer los destrozos llevados a cabo por los salvadores de las democracias, que, a ojos vista, todavía tienen sus casas sin barrer. El Día Escolar de la No Violencia y la Paz tiene que estar en todos los centros escolares a favor de los cuidados que podemos desarrollar tanto como tan buenamente nos merecemos. Nos cuidamos, si cuidamos hasta nuestras palabras, no como lo hacen muchos parlamentarios que, para que quede constancia de su enfrentamiento, acuden en tropel a los insultos directos y a las descalificaciones más rotundas en favor de unos intereses nada pacíficos ni pacificadores. Quienes así tratan a los demás todavía no se han enterado de que el boxeo desapareció de las televisiones hace ya bastante tiempo. No se trata ya de quedar por encima, sino de respetar pacíficamente la equidad. Siempre se ha dicho que “el arbolito desde chiquitito”. Por eso la paz y la convivencia no se pueden dejar para más tarde, porque se nos puede hacer de noche de golpe, y ya sabemos quienes son los reyes de las tinieblas. Desde pequeños, los niños y niñas juegan sin reparar en su color ni en su altura ni en su delgadez hasta que son imbuidos de presupuestos discriminatorios. Si queremos que discriminen, tendremos que hacerlo en el trabajo diario con el que los alumnos y alumnas se encuentran en igualdad para vencer, eso sí, todas las dificultades, pero precisamente respetando todas las diferencias, que nos obligan y ayudan a todos a crecer, ya que no todos somos poseedores de todas las excelencias ni físicas ni intelectuales ni morales. La Paz, con mayúsculas, no puede ser confundida con la tolerancia, que es hija demasiado predilecta en muchos lugares donde campean las desigualdades y donde se promocionan las élites personales y sociales, que van por el mundo de perdonavidas. La Paz, con mayúsculas, es la raíz y el fruto de los buenos tratos; de aquellos buenos tratos, que, ya hace más de treinta años, promocionábamos en nuestros “coles” y aulas, cada día y no una vez al año, servidos de una batería de actividades que se desarrollaban con las técnicas y estrategias escolares del Movimiento Cooperativo de Escuela Popular del Movimiento Freinet en España. El Día Mundial de la No Violencia y la Paz nos sirve como un aldabonazo en la puerta de la cerrazón de los poderes, ya sean económicos, políticos, sociales o éticos, porque la Paz es la apertura de miras y conciencias que nos tiene que guiar desde la familia y la escuela y, además, en constante armonía, a extender el arte de los cuidados, para que no se nos rompa la conciencia y la sabiduría de la convivencia, que no gusta nunca de enfrentamientos ni sinsabores, y que la sabiduría, de la que tanto pretendemos enseñorearnos, no quede mediatizada ni pervertida nunca más, por lo menos, entre los hasta ahora supervivientes. josemª
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