"El que cierra los ojos en el cine, pierde. Es lo que más miente convenciendo. Cada escena de una película tiene 24 cuadros y nunca se sabe cuál es la verdadera”Escribe; Walter Pimienta.- “El Tipo”, así le dicen, pero se llama Steven, me hizo esta vez una sincera confesión, que yo le hago a ustedes ahora: va al cine todos los días pero a ver lo que él quiere ver. Ha visto más de mil películas, me dijo. Y, es más, en su propia voz, sobre el particular, me comentó lo siguiente: - Voy a ver imágenes; no voy a ver la película. Unas son imprecisas, algunas no. Me suscitan otra visual. Eso me recrea y me interesa más. … Y entonces me entero que “El Tipo”, desde la infancia, en el cine de su pueblo, viene haciendo esto. Continúen leyéndome si les parece porque es cierto, él mira otras cosas. De esta manera vive el asombro de lo que llaman el séptimo arte, pero a su modo. Lo que ve, le queda en el recuerdo. He aquí un caso del que le pedí me comentara… Y es este: el absurdo resbalón de Juan Charrasqueado cuando, borracho, intentó coger el estribo de la silla o enjalme y no tuvo tiempo de montar en su caballo porque, pistola en mano, sus enemigos, se le echaron a montón.. y la bestia, asustada, se fue en carrera sin jinete y sin rumbo fijo… - El estribo bailaba al garete- apunta. |
“El Tipo”, lo dicho, no ve la trama. Se recrea en lo imposible para muchos. En la partidura del vidrio de los lentes que sufre uno de los malos en la película “el Padrino” cuando le meten un cipote balazo en el ojo, por ejemplo. Y eso es para él, el cine: no la crueldad de la escena anterior, sino el detalle, el pormenor, la minucia, la cosa. Como en este otro caso: El número de balas que lleva en su carrillera vaquera “el Llanero Solitario”, que no anda solo porque lo acompaña siempre el mismo amigo, y de qué clase de águila es la pluma que lleva en la cabeza “Toro”, el indio compañero de este. Cuando “el Tipo” va a cine, anda tras pesquisas e indagaciones de lo imposible para atrapar imágenes. Calcula en un metro con cincuenta y dos centímetros el salto que el bandido da para, huyendo, montar su caballo por el anca y caer sentado en la silla sin lastimarse los testículos… y sin hacer una mueca de dolor en caso de que sì… -“Qué otra cosa es el cine sino eso”- dice y agrega: “Vea, en el cine de pistoleros, siempre le pegan un tiro mortal a un pobre viejo por estar en el sitio equivocado…Es que eso de las balas perdidas, no tan perdidas, no es nada nuevo, y en el cine menos”. “El Tipo” es un metafísico del cine. Retiene en la memoria un aluvión de imágenes que el tiempo del mismo cine no recuerda. Como el número de fichas que hay en una mesa entre jugadores de póker que, pistola mordida, se miran con odio. Así también el número de vagones del tren que en la pantalla se desplaza a toda velocidad y sin embargo se lo alcanzan los indios en sus caballos y lo asaltan… Y del mismo modo, rememora en qué número de página abrió el código policivo el juez que ordena la horca para “Los Doce del Patíbulo”…Y la marca de la tinta, “Winsor Newton” , que contenía el tintero cuando con plumilla “Faver Castell”, este, el juez, firmó la sentencia. Una vez atrapado “el Tipo” por la imágenes que quiere ver en cada película a la que asiste, acomodado en su silla, antes del cambio de escena, donde un pequeño avión sale de viaje, asegura que en este van 34 pasajeros y que uno de ellos lleva un malestar estomacal. Y hasta sabe de cuántas pilas es la linterna de mano con la que un policía alumbra en la oscuridad de la noche tras la búsqueda de un peligrosos ladrón que tiene el tatuaje de un ancla en su muñeca derecha. Y es de los que conoce si en la pantalla, al inicio del filme, cuando ruge un fiero león, este es un león de montaña o un león prestado a un circo itinerante. Calcula, además, en 87 veces los movimientos que Chaplin da, para un lado y para el otro, a su pequeño mostacho en la película “The Kid”. Y, de una película del Oeste Americano donde son frecuentes que las balas perforen barriles llenos de cerveza, ajeno a la conmoción de la trama, relamiéndose la boca, apunta: “ No jodaaaa…se derramaron 520 litros”…Y nadie le escamotea tampoco el número de veces en que en estas, las bailadoras de “can càn”, le muestran el trasero a los asistentes. En cuanto a las películas de vampiros, “el Tipo” dice que, para él, no tienen sentido porque solo en estas el ajo no los mata, y por eso no le gustan. “El Tipo” es también cogedor de fisuras dentro de una película. Y para el caso así se refiere. “ Nunca las lámparas de las cantinas de las películas del Oeste Americano, que cuelgan del techo, se caen por sí solas o por el desgaste de sus cables y amarras sino por la acción de un certero balazo”. He visto que cuando “el Tipo” sale de cine, a diferencia del resto, viene con otra historia. No le queda claro cómo en las películas le paran la sangre a los heridos y en los hospitales las gentes se mueren y cómo Antonio Aguilar revive en la que dieron hoy si lo mataron en la que dieron ayer… En ocasiones, “el Tipo” ve dos y tres veces la misma película…encuentra en estas más y más detalles; se plantea realidades con dudas, dudas con realidades y de estas surge con una cara que más que su cara en sí, es un visible signo de interrogación con ojos. Y les agarra fallas, como esa de que en las películas, cuando hay tormentas, rayos, centellas y truenos, no cubren los espejos con un manto negro como lo hacen las gentes de su pueblo….Y así, “el Tipo” no concibe que en el cine un fòsforo no dure cinco segundos encendido. Y que una vieja de 94 ensarte una aguja sin entrecerrar los ojos. Y llega al colmo de saber qué actor de reparto tiene anemia con solo verle el semblante. -“Yo entro a cine a ver nada de lo que otros llaman cine. Algo así como los que no ven que la hostia es el cuerpo de Cristo. El que cierra los ojos en el cine, pierde. Es lo que más miente convenciendo. Cada escena de una película tiene 24 cuadros y nunca se sabe cuál es la verdadera. Por eso voy a cine, para ver otra cosa”-enfatiza “el Tipo”.
Walter Pimienta |