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-MOLINO DE PAPEL- No sé cómo puede caber tanto verde cotorra en el cielo de la mañana… | | Cuentos y relatos globales. 21.11.21 | | Escribe; Walter Pimienta.- Como si tuvieran un plan de vuelo predeterminado, todas las mañanas en punto de las seis, una bandada de cotorras, bajo el cielo tempranero, declinada toda sombra de la noche, con sus risas de maracas al viento, cruzan de norte a sur al semi despierto Barrio Olaya en viaje triunfal hasta los umbrales del paraíso para dar primero gracias a Dios por la vida… A la vanguardia va la líder, adelantada y batiendo su verde bandera de plumas… No me pierdo el gratuito espectáculo y saliendo antes al patio de la casa de mi hermana, con un café en la mano, espero pasen en vistosos aleteos buscando sembrados y mazorcas… Son como más de mil que quisieran ocupar el firmamento para ellas solas de un extremo a otro…Son cotorras libres que no tienen estaca doméstica que les ataje, incapaces de viajar en silencio llevando en el pico un “idioma intraducible”, aventurero y frustrado de español… En el bosque urbano de las casas del barrio, por una hora, pasando y pasando no cesa de resonar aquella risa de maracas que vuela…, canto-grito de plena libertad desde el principio del mundo hasta hoy; concierto de un aleluya amigo de buenos días que al unísono alaban así al Dios creador… ¡Qué espectáculo, señores! ¡Qué alegría! ¡Qué contento!... | Recogidas en los árboles, yo creo que la noche es “la jaula grande” donde estas cotorras duermen y que cuando el sol empieza a despegar en la tierra y comienza a ser de nuevo el rey de cielos, este, libertario y redentor, les abre la puerta grande de la libertad y ellas, solemnes, primero van donde Dios, dueño y amo de toda obra universal…
Lástima que la cotorra de plástico que la vecina tiene en su jardín, molida de nostalgia, nunca ha podido perder su personalidad de animal decorativo para, en vuelo imposible, irse con ellas, con las cotorras de las seis de la mañana y, entonces se le muere un canto libre en el pico como juguete de infancia…
Cayendo el día, con la misma algarabía, en viaje similar regresan las cotorras de las seis de la mañana que ahora son las cotorras de las seis de la tarde…Vienen hartas de frutas y de granos, libres de haber picado asaltando el sembrado ajeno porque para ellas no tiene puertas la vida…
Yo creo que los domingos, las cotorras que cruzan cada mañana los cielos del Barrio Olaya, antes del primer vuelo, en tropel de “muchedumbre”, van a la liturgia de la Iglesia de San Francisco y piden a Dios las libre de sicarios gavilanes y, en medio de un larguísimo silencio de ermita, escuchando la pasión según San Juan, con aires de eternidad, se santiguan y se van que ya habrá en el camino una cosecha dorada que las hará comer primero que el sembrador como dice la misión…
Algo de lejana selva tiene cada mañana y cada tarde el Barrio Olaya en el vuelo de sus cotorras de las seis…, cajas de música que se escuchan por los cuatro costados de la tierra, unánime vuelo que se interna en la órbita sideral y que alejándose como un meteoro verde, algún día, de regreso al paraíso, se perderán en las entrañas de la eternidad… |
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