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-MOLINO DE PAPEL- Desenterrando a 'El muerto de la playa' La verídica historia de un muerto ajeno, que todos hicieron suyo
| | Cuentos y relatos globales. 31.10.21 | | Escribe Walter Pimienta.- Cuando de niño, cada dos de noviembre, en el día de los difuntos, por la noche, en el cementerio municipal de mi pueblo visitaba la tumba de “el Muerto de la Playa”, lo hacía para verificar si de pronto este seguía vivo luego de haber recibido, hacía ya más de cuarenta años, algo así como 30 machetazos encima de manos de sus asesinos que, en el exceso de la rabia, también le machetearon el alma. Conmigo, hasta su tumba, con una o dos velas encendidas en la mano, íbamos los que queríamos admirarlo sin haberlo conocido. Alguien, adelantándosenos, le lleva también habituales flores de la época halladas en el monte. Su tumba, dada su estatura, dos metros con cinco de alto, era un obelisco y ya no tenía el blanco de la última mano de cal que “el Cuco”, el pintor del pueblo, le pusiera regalada. Se veía negra y sin ninguna leyenda de duelo, sin ninguna frase de luto. Se sabía que esa era su tumba porque siempre fue así y siempre se dijo así: “Ahí está enterrado el Muerto de la Playa” …Y no hubo mármol. Ahí reposaba “el Muerto de la Playa”, envejecido por la ficción problemática en el relato que de él todos se sabían y que alguien en un libro contó de otra manera por la ligereza de su fama… A eso iba yo a la tumba de “el Muero de la Playa”, a comprobar si aún estaba enterrado vivo descansando sobre toneladas y toneladas de arena de piedras, de ladrillos y cemento…Él, en la anarquía de un olvido que retomaba memoria cada 2 de noviembre en la historia insepulta de quienes matándolo, no pagaron cárcel, en el desgobierno de una lápida nunca puesta que él hubiera agradecido con milagros….Él, en el abandono salvaje de miles de soles y de miles de noches, renovando su nombre sin nombre cada noviembre… | Se jugó su azar y en la mala suerte de una pelea de él solo contra cinco, la vida que se le fue en aquellos enfáticos 30 machetazos, se hizo libro….
A veces quería encontrar a “el Muerto de Playa” fuera de su tumba sentado en un taburete esperando visitas el día de los muertos, sacudiéndose el polvo de los años, mohoso bajo esa mole de cemento que era su casa de muerto y, en el orden de lo humano, desde su sitio, reclamar a todos en tono enfático por la injusticia en su nombre hecha…Pero solo se volvió literatura…
Cada dos de noviembre, quería confirmar aquello, viéndole en los rostros de las mujeres que, por su suerte de sangre y machetes, miraban su bóveda con ternura, movidas un poco en lo de mujer que imaginaban a un hombre del del que les dijeron que era bastante dotado, pero qué lástima, estaba muerto…
La tercera dimensión del cementerio de mi pueblo, era confirmar si “el Muerto de la Playa “ aún seguía allí en la devoción de ganarse una vela encendida que avivaba el espíritu de quienes le hubiesen querido vivo, pero la vida se nos hace insuficiente y pasada la noche de los muertos, “el Muerto de la Playa “ se quedaba ahí, insustituible en su nombre de muerte: “El Muerto de la Playa”…Un muerto que necesitaba 30 machetazos para quitarle la vida pues la vida a veces no tolera uno….Dándole una muerte de mal gusto, desfigurándole en los detalles grotescos de su rostro y en la mueca de lo que fueran sus partes nobles hinchadas luego de tres días expuestas al sol…Y a quien no obstante esto, las mujeres hubiesen mirado de soslayo por la ternura que las mujeres dejan ver en sus ojos cuando de él oyeran hablar de la testosterona de sus grandes criadillas de toro… “El Muerto de la Playa”, muerto en lo inhumano, hoy vuelto humus, vuelto tierra, ficción de un escritor….Recuerdo de un pueblo que lo acogió como suyo…Navegante de una paradoja que ahora yo desentierro sobre la imposibilidad de que muchos conozcan su verdadera historia mal contada que lo volvió para siempre inadvertido…Me llevan la madurez de los años y la nostalgia y en la intimidad de los huesos rotos de “el Muerto de la Playa”, solo se me ocurre decirle : “Puto viejo por qué te dejaste matar”… Y entonces aplazo el silencio de su derrota y me acuerdo del libro que le escribieron donde el “el Muerto de la Playa” no se parece al otro muerto de las páginas y este y aquel ya no son ni uno ni otro y no me dan ganas de devolverlo a la tierra para que así reclame lo suyo, le que le pertenece…y confundido en el efecto decorativo de la flores de otras tumbas, porque en la suya nunca hubo una corona de gloria ni la devolución de una lagrima, “ seguía allí siendo lo que siempre fue, “el Muerto de la Playa”, un muerto ajeno…tan nuestro como los nuestros…
Walter Pimienta |
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