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Tu diario. Libertad de expresion

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Vida de ayer… Nostalgia del telefono negro
Cuentos y relatos globales. 26.09.21 
Escribe Walter Pimienta.- Miro  como  pieza  de museo   al  teléfono  negro  y  lo encuentro amargamente  humano,  triste y  desplazado reclamando  su  sitio  a  la  historia en  la  dolorosa  incertidumbre de  su timbre  perdido…
Desde  que el  teléfono  casero  dejó de ser negros, colocado  en  una mesita propia, a la que se anexaba una  silla,  el  mundo  empezó a ser  otro. Hacía …¡Ring…Ring…Ring! Y  una  voz alejada  le decía  a  la  persona más cercana: “Cojan  el  teléfono”…
El  teléfono  negro, no  tenía altavoz,  eso  los  hacía  confiable… Y  los  más  modernos se veían  en  el  cine de Hollywood, de pronto  verdes  o  rojos,  con metros  y  metros  de  cables para  pasearse  con ellos  de  la  sala  al  comedor.
…Pero  volvamos  al  teléfono  negro. Mi  tío “Jote” marcaba  el 113  para  saber  la  hora  exacta y  una  voz femenina de tono  argentino, le decía:  “Son las 14, 23 y  15” …Y,  él,  cortésmente,   le  daba  las  gracias. Era  un disco cuya  grabación perpetua se  sabía  todas  las  horas de  las horas del  mundo…Y  la  del  disco  nunca  le decía “ a la orden, señor”…
El  teléfono  negro tenía  el  tono  de ocupado  al mismo  ritmo  del  corazón…Y  el  del  timbre, al  número  marcado,  como el de   un  melancólico  tren  pitando  en  la  llanura…El  teléfono  negro  invadió  la  tierra…Funcionaba a la  perfección…Desde  ellos,  las secretarias de  bonita  voz,  nos  hacían enamorarnos a  ciegas… la  decepción era   al  conocerlas…Oh  sorpresa…Oh  espanto…
Por  el  teléfono  negro  también  hubo  amores  y  visitas amorosas, besos  de  baratija y  sin  saliva…Y  llamadas de  despertador  pedidas a una emisora  de radio…No  faltaba en  el  teléfono negro la  llamada  extraña  de alguien que estando  solo  quería  hablar  con otro u  otra así  como  también la  llamada  de los  tontos preguntando  por el  señor León a quien  hacían  en el  zoológico…
Hubo  quienes  usando  el  teléfono  negro,   tuvieron  voces  adiestradas para  hacerse  pasar  por  otro a dos  pesos  el  minuto…Cuantas  palabras   se dijeron  por  el  teléfono  negro y nada de:  “me  quedé  sin plan”,  “se me está  acabando  la  carga”, como  ocurre ahora. Claro que  también  los  conocí  con  un  candadito poco  solidario a  fin  que  el  recibo de pago  no  viniera  tan  alto…
El  teléfono  negro  fue un  símbolo  de  vida  más tranquila,  amigo del  cartero  que  al  llegar a las casas donde este  debía  entregar una  misiva,  hacía  sonar  su  silbato  e  identificado,   no  faltaba  quien le  dijera: “Llegó  el palomo  mensajero”…
El  teléfono  negro  parecía  un  juguete  de  la  casa. Se  le  veía  lustroso. Le  sacaban  brillo   apunta  de  bayeta  roja. Acompañaban  al  teléfono  negro, de manera  infaltable: una libreta pequeña de apuntes con los  números  de emergencia,  un  bolígrafo atado a esta y  el  gordo  directorio,  recital de  direcciones y de   números y  de  nombres de personas  que quizá algún  día  se  conocerían
… Ah…Y  lo  bueno  que en ocasiones era hacer  una llamada por el  teléfono  negro…
-Operadora ¿Puedo ayudarme? Llamo  desde  Cali. Comuníqueme con el Hotel del  Prado.
-Conectando, señor…Espere  tres  minutos”
Y  después de tres minutos se escuchaba  un  repique. Pegaba uno el auricular a la  oreja y  se oía un sonido de carácter todavía indeterminado; como el viento soplando, o de  hojas secas dispersándose por el piso… Alguien parecía estar susurrando. Y  uno  se  pintaba  el  paisaje…
“¿Tiene habitaciones disponibles para  mí, que viajo  hoy a Barranquilla  y  en  casa  no  tenemos  habitación  disponible  porque  somos  muchos y  no hay  cama  para  tanta  gente?”, preguntaba el  que llamó.
-El  señor Pérez no está en casa- contestaba desde el  otro  lado una voz vacilante que  agregaba : “ El  señor Pérez se  fue  para  Baranoa a  ver  a un hermano enfermo.
…Cosas de aquella tecnología…
Me  gustaba  el sonido  lluvioso  del  teléfono  negro…
Hablar  por  el  teléfono  negro  era  una ceremonia  cadenciosa. El  disco giraba en  liga  con  el  dedo índice  marcando cinco números,  un  número  que  se nos  quedaba  en el  recuerdo y  se dejaba  al azar  en un  encuentro  de voces… Por  eso, cómo tuvo  que ver el  teléfono  negro  con  la  nostalgia de los  primeros  amores…
Nunca dejó de  tener categoría de cosa familiar  el  teléfono  negro con aquella voz de mujer enamorada  que  nos  regalaba  la  hora y  que  nos  quedaba  sonando en  el  oído  con su : “Son las 14, 34 y 23” minutos, aquella  voz intemporal que a muchos incitó a una aventura cuando el  tiempo, a diferencia  del  de ahora, marchaba lento,  sin angustia y  en  la  tarde,  desde  su  bicicleta llena de canasto se precipitaba la  voz del panadero vendiendo  panes saludables para que hubiesen  a la  hora del  desayuno  y, a su  partida, quedaba la  ciudad sumida  en  un  silencio  grande que adelantaba  la noche  todavía  expresiva en  grillos, ese grillo  exacto,  invariable y que,  afinando  violines, cabía y  cantaba  en medio  de los  pétalos  de las  flores del  jardín.
El  teléfono  negro hizo  parte del  patrimonio  familiar,  impartiéndonos  un  toque  de  queda  obligado  aguardando  la llamada  prometida que,   rompiendo  distancias  históricas, en el  desconcierto de una voz  lejana y  nostálgica procedente de “las Europas”,  anunciaba  el  anhelado regreso a casa…o el  temblor de otra,  prohibida y  clandestina, que nos dejaba escuchar  el  bombardeo  de un  corazón enamorado acordando  cita…
Miro  como  pieza  de museo   al  teléfono  negro  y  lo encuentro amargamente  humano,  triste y  desplazado reclamando  su  sitio  a  la  historia en  la  dolorosa  incertidumbre de  su timbre  perdido…Costumbre de la  ciudad  de ayer.  Vida de ayer cuando los abuelos  dormían  mansamente y el sereno de la medianoche,  con su silbato destemplado, espantando perros  y  no  ladrones, añoraba  la llegada  de  la  madrugada…y mi  tío “Jote”, en el extraño reloj de su  conciencia, llamaba  a  la  mujer de  voz argentina  para  que  le  dijera: “Son las 5, 23 y 15 minutos”…!Oh  tiempos!...





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