
Ya en los siglos XVIII y XIX se consideraba que era necesario un estado social y de derecho. No en vano la Revolución francesa cambió la situación política y causó una gran repercusión en el mundo occidental.
Fichte en su libro El Estado comercial cerrado del año 1800 publicado en Alemania afirma la necesidad de un gobierno y una política racionales para que se pueda lograr el bienestar de todos los ciudadanos. Detalla en su libro lo que debe ser un Estado ideal. Parte de las condiciones de la Europa de su tiempo y también está a favor de un cierto cosmopolitismo. Estos planteamientos pueden ser pensados desde su idealismo ético. Indudablemente, este gran filósofo alemán que murió en 1814 a los 51 años de edad, propone la introducción de la razón en la historia y en las decisiones políticas. La idea de libertad es también esencial no solo para cada ser humano sino también para la convivencia social de los ciudadanos de cualquier país. Para Fichte el ser humano se define por su actividad y no tanto por el ser, ya que la acción es lo que cambia la realidad, en todos los sentidos pensables.
Este pensador idealista se solidariza con los oprimidos y reafirma los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. En definitiva, sus valores democráticos le impiden aceptar la injusticia y la pobreza. Quiere realizar una revolución pacífica, como también señala Jaime Franco Barrio. Fichte criticaba el absolutismo monárquico de su época.