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Tras la indiferencia | | Ángel Perea Díaz. 02.08.21 | | Tras ver a mi padre y estar al tanto de los resultados de una atención de "urgencia" por la Sanidad Pública vi un gentío agrupado en las cercanías de unos bloques de viviendas. Decidí conocer de primera mano el motivo por el que se aglutinaban tantas personas, digo esto porque lo habitual es que cada cual hace su vida, a lo sumo se junta una cuadrilla de varias personas de manera aislada, y ahora con la necesaria distancia física en la no tan resuelta quinta ola de la COVID19 me pareció cuanto menos, extraño. Ya entre la multitud pregunto sobre el motivo de tanta aglomeración, encuentro reacciones de diferentes tipos incluido quien ni siquiera trata de darme una respuesta. Lejos de desistir, trato de comprender a una mujer que hacía referencia a "una que se ha tirado por la ventana", acto seguido pido que me dejen un hueco, a lo que tras unos instantes pude ver a una persona que yacía inerte en el suelo. En las cercanías hubo un vehículo de emergencias y, efectivamente algo fuera de lo común había allí, y un resultado desconcertante para muchas de las personas que estaban en las cercanías. | Al parecer, visibilizar el intento de una persona por acabar con su vida no está tan visibilizado como otros sucesos de los que forman más nuestro día a día; como por ejemplo, que una mujer ha sido asesinada por su expareja o incluso la visibilización de otra forma más de la violencia de género, como es la violencia vicaria. Un tipo de ejercicio violento que va dirigido hacia "lo que más quiere" la víctima, en general suelen ser los descendientes de ambos. Los actos violentos han corrido nuestra historia y forma parte del presente de la Humanidad. En la profundidad del ser humano no todo es paz, hay misterios, deseos no satisfechos y sueños que no se alcanzan, también acciones gratificantes, amor, entusiasmo y como no una parcela que anhela libertad. Volviendo al ejemplo anterior hemos dado un paso importante al condenar a la violencia de género, apoyando políticas igualitarias, a condenar a la estructura patriarcal que en cierta medida alimenta al machismo. Retomando al inicio, recuerdo entre el gentío a alguna que otra persona que prefería, sencillamente no decir nada y me pregunto ¿por conformidad?¿por entender que el asunto no va con ellos/as?¿por...? A todo ello, recuerdo cuando pregunté acerca de la persona que decidió tirarse al vacío. Si hubiera quedado con vida su opinión es muy importante, ya que para pretender acabar con la suya tuvo que haber motivos ¿quedaron cuestiones por resolver?. Es muy probable que avisara a su entorno más cercano, lo mismo pretendía dar un nuevo giro de timón a su vida, de una fases van concluyendo para dar paso a una siguiente, ¿qué creyó que tras su última toma de decisión? Sea lo que fuera, también tenía derecho a descubrir una vida intensa y maravillosa que merecía la pena disfrutar. Sea lo que sea hay un elemento, que en ocasiones resulta atractivo e incluso asequible de acceder como es la indiferencia. Implicarnos en el dolor ajeno es pesado, y bueno, tenemos más responsabilidades, tampoco sabemos el motivo. Quedarnos en ver a los demás en una abstracción puede ofrecer un resultado protector frente al desconocido pero podemos dar por seguro que no es para nada creativo, es más es como si fuera un final de nunca más de la manera más "limpia" sin usar un arma ni tampoco recurrir a la fuerza, tampoco clama a la respuesta: ¿cómo desarmarla?¿se puede denunciar? Al ser abstracto va a ser complejo así que lo más accesible es sintetizar. Luego lo contrario a la actitud indiferente es el interés por el medio inmediato que nos rodea, claro si estamos en un campo a solas será con la Naturaleza, si es entre vecinos será con ellos pero las relacionaciones humanas suelen ser en ocasiones extraordinariamente complejas como para interesarse por todos, o al menos buscar afinidad con una mayoría, al mismo tiempo puede resultarnos agotador. Pero el ponernos en el lugar de los otros, y no precisamente de quienes tengamos afinidad es una lección que ya han dado líderes espirituales, religiosos e incluso políticos. El emperador Marco Aurelio ya invitaba a la empatía. Es curioso como un término que se visibiliza en la actualidad sea necesario recordarlo. Recordar que ante ciertos incidentes, como el que hoy he presenciado se hubiera prevenido el "mal rato" para unos y para otros el considerable gasto en recursos si poco a poco somos más colaboradores que competitivos, más compasivos y también recurrir a la solidaridad. |
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