…Cosa de locos es querer ser otra persona malgastando la persona que se es…Escribe Walter Pimienta.- El hecho es que, en un conocido pueblo pobre de la costa llamado Peoresná (le pusieron ese nombre porque peor era no ponérselo o ponerle otro poco ajustado a la realidad), para un loco de remate (de remate no es que lo estén vendiendo barato, pues nadie compra un loco y menos como este por barato que sea), todos los hombres que allí viven deben llamarse Belarmino, como él, porque este loco se llama así: Belarmino, lea bien, Belarmino…pero éstos; es decir, los supuestos Belarmino que tienen que llamarse como él, quiero decir, igual que el loco, le ponen al pobre, digno de manicomio, el nombre de ellos. Es este el desvarío singular de un demente cuyo disparate, desde luego, requiere su necesaria explicación; pero antes me toca decir que por este fascinante suceso hay quienes al encontrárselopor ahí y por “llevar su supuesto apelativo”, momentáneamente, igual, “son locos” sobreviviendo en él, al tiempo que éste “pasa a ser, en forma transitoria cuerdo o juicioso” permaneciendo en ellos y, entonces, nadie sabe cuántas personas al mismo tiempo es el loco Belarmino y por qué los demás dejan de llamarse por algún momento como les llaman si todavía y por toda la vida, siguen siendo los mismos. Para quienes aún no entienden mucho este de por sí babélico y chiflado lío, lean con mucha precaución la historia que así prosigue: |
La cosa iba muy bien en Peoresná, hasta cuando a Belarmino se le ocurrió la feliz idea de volverse loco pero no un loco de esos que se quita la ropa, mienta madre y tira piedras sino que, en su embrollo mental, “le pareció lógico” considerar que todos sus coterráneos debían llamarse como él aunque no fueran él. Lo que ocurre es muy simple: Belarmino, en un abrir y cerrar de ojos, sin bautizarse de nuevo ni volverse a registrar donde Casimiro, el notario público, se quita su nombre y se lo pone a usted, por ejemplo, y usted, a su vez, para seguirle su deschavetada corrida de teja, se quita el suyo y se lo coloca a él y por eso, aquí, en Peoresná, cuando el desequilibrado en mención se topa con alguien en la calle, en lugar de saludarlo por su nombre, emplea el propio y, en tal caso, al verse con Pedro, le dice:
-¿Hola, Belarmino, qué tal, cómo te va?
A lo que Pedro, que sí es Pedro y que no es ni nunca ha sido ni será jamás Belarmino, le responde:
-Muy bien, Pedro, muy bien. No sabes cuánto me alegro de verte, amigo Pedro.
-¿Y a qué te dedicas ahora, Belarmino?- Le dice Belarmino el loco, que de momento es Pedro, a quien él estima que es Belarmino.
-Pues, verás, Pedro- le dice Pedro el verdadero a Belarmino que no duda en creerse Pedro- Hombre, aquí, haciendo un esfuerzo para no volverme loco.
-Sí, sí, eso veo, Belarmino…cuídate, Belarmino, cuídate…- le dice el falso Pedro, que es Belarmino, al Belarmino falso ahora convertido en el falso Pedro siendo el verdadero Pedro.
Y así, en medio de aquella desequilibrada intranquilidad civil que por culpa de un loco original en Peoresnáhoy se vive, todos los hombres de allí han sido “locos”, por lo menos una vez en su vida, pues Belarmino, el loco, les llama como él y, ellos como ellos…Y ocurre que, Belarmino, el loco, entre tanto, nunca ha sido, no es ni será jamás Belarmino De la Torre Jiménez, siéndolo…, ¿me entendió?... Walter Pimienta.
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