 Los Pimienta los hay en todos los climas, fríos y soleados y son un milagro de la aparición en regiones inesperadas. Usted sale a la calle y antes de que caigan las primeras sombras del día, seguro se encuentra con un Pimienta. Somos globales. En México, bajo la forma de Pimientas propiamente dichos, con sus variantes de Pimiento y Pimentel (estos pican un poco menos), los hay debajo de las piedras. Y es el dato más curioso de ellos que en el estado de Jalisco hay un curso escolar de puros Pimienta aguardando el i9nicio a clases…Allí el profesor hace un solo llamado a lista y un coro responde: ¡Presentes!
Hay Pimientas pa’ tirá pa’ arriba. En Colombia, mal contados, se calculan más de 10.500; Estados Unidos, Venezuela, Chile, Perú, Canadá, Bélgica, Cuba… cuentan Pimientas por momtones…Por ahí me escribió un Pimienta que está en Mongolia…Y así en Alemania, en Inglaterra, en Andorra y pare de contar; sitios donde las gentes se los gozan porque les parece un apellido excéntrico y poco creíble…
Hay, Pimientas “trifulqueros”, líderes, buenos, buenísimos, “buenosmalos”, “malosbuenos”, “pimientas y pimienticas”, regulares tirando a buenos… como el mundo mismo, pero sepan una cosa: todos nos complacemos en querer ser buenas gentes y esto es bueno ocurra en un mundo formado por tanta bestia humana…
A los Pimienta no nos interesa que otros hagan gracias con nuestro apellido…es para nosotros, el más mal gastado chiste…
Una vez le di mi apellido a un funcionario que me atendía y me pasó esto.
-Soy Pimienta, señor. -¿¡Me está mamando gallo!?- me respondió. -Señor, soy Pimienta. -¡No le creo! ¡Esfúmese! ¡Y vaya a joder a otra parte- fueron sus gritos poco amigables.
…Y, sí, me esfumé. No gusta la pelea…Y esa vez me jodió el apellido…
En ocasiones me pregunto por qué soy Pimienta y no Rodríguez o Martínez o González y entro en una profunda melancolía. Me perpetuaron con un apellido-apodo o con apodo-apellido…Pero hay algo bueno en todo esto…No joda, nadie olvida a un Pimienta. La ley de la relación lo encaja perfectamente en la lista de mercado y en las labores culinarias de la cocina…
Hay muchas versiones de Pimientas: altos, bajitos, morenos, blancos, rubios, de ojos claros (ojos rayaos decía mi abuelo), feos, simpáticos…Usted los ve por vez primera y, con seguridad, sin mayor esfuerzo, les identifica por segunda ocasión…Los hay habladores o casi mudos; de respuestas breves y concisos o parafraseadores dignos de escribir prólogos y monólogos que recita de memoria (de pronto cantaleteros). Los que van al grano, se pasan de sinceros pero no lo hacen con mala intensión.
No es fácil enfrentar a un Pimienta sin que no te eche un cuento. Tienen fácil memoria para ello. Todo lo recuerdan. Redimen recuerdos y los relacionan descongelando el tiempo: Con algunos Pimienta provoca cruzar palabras. Bien vale la pena gastarles dos horas de charla con un… “Espérate, ahora te vas”…
Los Pimienta, a veces saludamos sin palabras ( me pasa a mí), no lo tome como un acto de mala conducta o de mala educación: aclaro, vemos en la presencia un hecho más vivo que en la palabra…
En cuanto a que soy de los Pimienta habladores, recuerdo que una vez, cierto amigo me dijo: “Tú tienes la memoria en los labios”…A tiempo que otro alguien que no creyó que yo soy de apellido Pimienta, averiguó en el barrio y comprobándolo, me dijo una tarde: -Usted por qué no se cambia ese apellido. -Nunca. Jamás- le respondí- dejaría de ser una estrella del cine. Estoy próximo a hacer el papel de un guillotinador en una película francesa.
El tipo me miró con una ráfaga de miedo y dejó de joder.
Los Pimienta no nos fijamos mucho en la mujer que nos gusta ( hablo por mí), soy de los que la ve atractiva y hermosa usando ropa ajada porque no le gusta planchar, llevando un vestido de sastre pasado de moda y de piernas también pasadas de moda (flacas), para que nadie me la mire; con medias escolares rosadas y tacones de fina punta. Así la invito a un café y sé que quienes la ven le buscan un parecido con alguien. Pienso que están viendo una pesadilla. Me gustan las bellezas desconcertantes que ven en el pelo teñido de color remolacha, una opción exagerada. Lo que me interesa es que, de la mano, camine a mi lado…
Cuando por la calle algún amigo a gritos me invoca así por el nombre: -¡Walter! ¡Walter! ¡ Hey…Walter!... a propósito no le hago caso…Busco que me llame por Pimienta y, entonces, así le contesto: -Ahora Pimienta está ocupado. Llama mejor a Walter y hazlo rápido porque cuando se desocupe Pimienta, el que te puede atender de pronto es Walter.
…Si me leyeron gracias. Les dije de nosotros los Pimienta, algo que no les concierne…Y, en la próxima, no lo dude ni le estoy mamando gallo…Soy un Pimienta… Walter Pimienta. |