Como habitantes de la frontera con la pobreza más extrema, sabemos que no habrá mares suficientemente anchos, ni alambradas suficientemente altas para contener la sed y el hambre de África. Nos hablan del ahorro energético y de la necesidad de contener las emisiones de hidrocarburos, desde todas las tribunas, nuestra autoridades siguen la misma política de recomendaciones de ahorro, pero llega el mes de noviembre y los ayuntamientos, el nuestro incluido, se vuelven locos colocando bombillitas y pascueros. Gasto inútil, destinado a promover lo que debería contenerse: el consumo, y sobre todo el despilfarro. Algunos dirán ¿pero qué es una navidad sin bombillitas y luces de colores? En fin, nunca lloverá a gusto de todos, pero si las autoridades no dan ejemplo de ahorro y lo único que saben hacer, es: subir las tasas ya insufribles, de basura, depuración y agua; a las gentes de a pie, se nos queda el amargo sabor y el sentimiento de que aquí los que pueden seguir consumiendo son los ricos y los que puedan pagarlo. Es por esa misma razón que a pesar de todas las advertencias, los coches todo terreno siguen un ascenso de ventas imparable, sencillamente porque quienes los compran se pueden permitir el lujo de pagar el precio creciente del combustible, e ir en un tanque al trabajo o a hacer las compras ¡Que ahorren los pobres!
Si lo del cambio climático es cierto, ya podríamos empezar a poner soluciones comenzando por las autoridades, implantando verdaderas políticas de ahorro, en vez de acribillarnos a impuestos, y por supuesto, cada uno de nosotros en nuestros hogares. Todos estamos hartos de amenazas y predicciones catastrofistas, pero esconder la cabeza en un agujero, como hacen los avestruces ante el peligro, no nos servirá para evitarlo. Estamos en un mar de contradicciones, por un lado se nos incita continuamente al consumo desbocado, y por otro nos dicen que si no ahorramos nos atengamos a las consecuencias, es desquiciante y esquizofrénico. Por favor pónganse de acuerdo gobiernos y empresas, porque es difícil que en medio de este caos, nadie se tome en serio la importancia del sacrificio personal y del ahorro familiar. El cambio climático preocupa, porque afectará de lleno a la economía, y otra vez la contradicción más flagrante, hay que implantar soluciones para que los intereses económicos no se vean afectados de forma irreversible, pero a la vez esas soluciones implican poner frenos y remedios que tampoco llegan a hacerse efectivos, porque implican contención del crecimiento y de la economía.
Y mientras, se alaba por parte de algunas personas a las que se les presupone inteligencia sobrada, que Francia y Alemania se arrastren por el suelo besándole los pies a Bush y al poderoso pueblo americano. Son el mayor contribuyente al problema que nos afecta a todos, gracias a su intocable modelo económico y belicista, pero tienen dinero y pueden permitírselo, así que hay que hablarles en francés en griego o como ellos prefieran, y a ser posible de rodillas, lo importante es ir de comparsa cepillándole el lomo, al caballo ganador. Vivir para ver, si esos son nuestros valores merecemos las consecuencias.
Les dejo el siguiente artículo, sobre los efectos de lo que nuestras autoridades no quieren afrontar, para no tocar la economía y el desarrollismo, del que nuestro pueblo, como tantos otros lugares en este planeta, es víctima y objeto. Llegarán otros gobiernos y otras corporaciones y nosotros saldremos cacerolas en mano a pedir agua, o a pedir seguridad, o indemnizaciones porque nos vendieron nuestra casa encima de un arroyo o debajo de una cantera. Esperemos que simplemente no sea demasiado tarde y que para entonces ya no queden ni agujeros donde enterrar la cabeza.
La Tierra se muere de Humanidad
29/10/2007 Internacional.- Naciones Unidas pronostica la ruina de la especie y del planeta. Un nuevo informe advierte que la sexta extición masiva de especies puede estar a las puertas, si no se supedita todo a la sostenibilidad ecológica de aquí al año 2050.
No hay crisis medioambiental. No hay crisis de desarrollo económico. No hay crisis energética. Son tres cabezas de la misma hidra, de una sola gran crisis que lo explica todo. Hay una crisis de Humanidad. Un suicidio masivo que era lento empieza a acelerarse vertiginosamente, avisa el último estudio del Programa de Medio Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP, por sus siglas en inglés).
En 1987 apareció el informe Bruntland sobre el futuro común del planeta. Veinte años después la ONU lanza este Geo-4, que llena 572 páginas. Han tenido participación directa en él 390 científicos. Los que han participado indirectamente son más de 1.000. Y sus conclusiones son para echarse a llorar: no sólo no se han cumplido las expectativas de respuesta a los problemas de hace veinte años, sino que aquellos propósitos ya están peor que obsoletos. Es como si hubiéramos pasado de tener dolor de cabeza a cáncer antes de aprender ni siquiera a abrir el tubo de aspirinas.
En la presentación pública del informe de la UNEP, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki Moon, advirtió de que esta situación «compromete décadas de avances de la Humanidad, mina los cimientos de la lucha contra la pobreza y podría llegar a poner en peligro la paz internacional y la seguridad».
Voracidad económica
La alerta más destacada es que la Humanidad vive por encima de sus posibilidades y de las del planeta. El hambre en el mundo dejará de ser pronto una injusticia para ser algo que ninguna revolución podría resolver. Ya son muchas las muertes evitables por falta de recursos como el agua. Y pueden llegar a ser muchas más.
Hacen falta 21,9 hectáreas para producir los recursos necesarios para las necesidades de una sola persona. Al ritmo actual de crecimiento demográfico, la Tierra puede ofrecer 15,7 hectáreas por persona. Ante ello las personas no sólo no nos apretamos el cinturón, sino que aún despilfarramos más los recursos. Las cuentas no salen, ni pueden salir de ningún modo.
El agua es un punto particularmente crítico. El 70 por ciento de la que se usa es para regar, pero resulta que los Objetivos del Milenio de la misma ONU exigen doblar la producción de alimentos de aquí a 2050. ¿De dónde va a salir el agua, si ahora ya escasea, y en 2025 su uso sólo para beber habrá crecido un 50 por ciento en los países desarrollados, y un 18 por ciento en los que están en vías de desarrollo?
Agua, poca y contaminada
La UNEP advierte que la escasez de agua potable pronto será «intolerable» en los países secos, como es el caso de España. ¿Llegaremos a hacer la guerra no por el petróleo sino por el agua? Claro que mucho antes de sufrir la carencia del recurso habrá que acostumbrarse a que su sabor y su calidad desciendan en picado. El agua contaminada supone ya hoy la primera causa de enfermedad y de muerte en el mundo.
Hay muchas especies amenazadas de extinción, a una velocidad cien veces más rápida de lo normal. Los niveles de pesca casi triplican lo sostenible para seguir garantizando que haya peces en los océanos. Está amenazada la continuidad del 30 por ciento de los anfibios, el 23 por ciento de los mamíferos y el 12 por ciento de las aves. Una de las razones es el intrusismo entre especies, a veces provocado accidentalmente por la globalización, a veces determinado por la acción del hombre, ya sea como supremo agente contaminante, ya sea como supremo predador de los ecosistemas.
Ésta es la primera vez que la UNEP desglosa para las distintas regiones del mundo sus previsiones de impacto negativo del cambio climático. En Europa dibuja un escenario dantesco de hiperproducción e hiperconsumo. Las consecuencias son un gasto energético delirante y el colapso de las grandes ciudades por los problemas de transporte y por el rápido deterioro de la calidad del aire.
En África el reto más dramático sigue siendo cómo dar de comer a la gente. La producción de comida per cápita ha descendido un 12 desde el año 1981, cuando ya estaba muy lejos del ideal. La degradación y desertización de la tierra cultivable avanzan a un ritmo galopante y descorazonador.
Ciudades irrespirables
La zona de Asia y el Pacífico tiene que prepararse para hacer frente a metrópolis cada vez más irrespirables y al dramatismo en la falta de agua y de tierra. La degradación de los ecosistemas es ahí especialmente rápida en concordancia con un desarrollo industrial y tecnológico tardío pero brutal, y que no atiende a razones.
Toda la América latina y el Caribe se consideran especialmente vulnerables a los efectos del calentamiento global, particularmente la degradación de las costas y la polución marina. También hay muchas amenazas para la biodiversidad derivadas del efecto explosivo de los gases invernadero y del crecimiento ingobernable de las megalópolis.
En las zonas polares la factura del cambio climático será estremecedora: sin necesidad de llegar a la temida fusión de los polos, la salud de sus pobladores ya está muy amenazada por la alta concentración de mercurio y otras sustancias contaminantes en el entorno del que obtienen toda su alimentación. Mientras que el agujero de la capa de ozono necesitará no menos de cincuenta años para recuperarse.
El informe traza hasta cuatro posibles escenarios de aquí a 2050. La conclusión es que, o se prioriza de una vez la sostenibilidad, sea cual sea el coste en términos de crecimiento económico, o habrá que atenerse a las consecuencias: la Tierra ha experimentado cinco extinciones masivas de especies en 450 millones de años. La última fue hace 65 millones de años. La sexta puede estar a la vuelta de la esquina.
Fuente: ABC La tierra unida.
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