El vino entra por la boca y el amor entra por los ojos; eso es todo lo que sabremos de verdad, antes de envejecer y morir -Frase de Amor- William Butler Yeats.Escribe; Walter Pimienta.- Todos entran a verla. Porque allí está ella con una sonrisa cordial y un dulce rostro nada tímido. Irradia 23 años de belleza por todas partes… Y una pregunta que flota al verla: ¿Absurdo sexo si se podría?… Bueno, quién sabe porque en este lugar venden sexo… Y otra más: ¿Un irracional amorío? Y la misma respuesta. Por qué no si el amor está en cualquier parte… Y a veces es lo más disparatado e inadmisible… Ellos la admiran. Tiene aún su fama. Y su belleza, todavía, les quita el aliento. Todos se sientan disponiendo sus sillas de modo que siempre puedan verle el rostro. Y a ellos les parece que es ella la que se siente sorprendida de que la miren y entonces le sonríen. No puede negarse que se le observa un aura excepcional, la calidez de su rostro, la bondad de su expresión, la sensualidad de sus labios y… su sexualidad toda, de pie a cabeza. Quienes la ven, aseguraría, ante otras, no han experimentado algo igual… Y cómo le luce ese vestido de verano sin mangas que trasluce su figura… Brazos tersos y hermosos… Hermosos y tersos… …Y si se les preguntara algo referente, todos dirían: |
-Es hermosa. Hermosísima. Está para hotel. Todos entran a verla. Quien menos dura allí, abstraído en su contemplación, dura de 30 o 25 minutos, se bebe dos, tres o cuatro copas y se va contento siquiera por haberla sentido cerca. Otros, hasta amanecen en el lugar haciendo de la noche un reprimido querer estar con ella… ¡Qué obsesión! Solo en esto piensan… Pero no la llaman y se les va la farra en fantasear en cómo sería tenerla…y de nuevo la misma percepción.
… Y si se les preguntara algo referente, todos dirían:
-Es hermosa. Hermosísima. Está para hotel.
Y agregarían:
-Y para una buena charla a gusto… ¿No le parece? Y un reír juntos y un pasarla bien siempre juntos, juntos… y para… Ya usted sabe.
Todos entran a verla.
Nunca falta allí. Nunca faltará.
Les gusta… Pero por Dios, qué obsesión…
Pero no la llaman y se les va la farra en fantasear en cómo sería tenerla… Y de nuevo la misma percepción.
No les habla. No los escucha si le hablan y es como si no estuviera; pero sí está. Ahí está su sonrisa, su fresca y pícara sonrisa, una sonrisa que cualquier fábrica de muñecas le compraría para sus mequetrefes infantiles de Navidad…
Cuando los hombres entran allí, aunque en el lugar hay otras mujeres, a la primera que miran es a ella. Al resto de estas, no les incomoda. Ni lo evitan… Les da igual… Les parece normal y habitual…Ellos hasta quisieran llevársela para sus casas. Y como no tienen esta opción, los que pueden, y tienen un buen dinero en sus bolsillos, se quedan…se quedan para mirarla.
… Y en medio de la beodez, se dan con ella, una maniática obcecación de “coquetas miradas y de inverosímiles guiños de ojos… Porque, aunque allí venden sexo, cama no habrá… No puede haberla… A lo sumo, la idea del disfrute improbable de una cena agradable en una playa, luego tenderse en la arena, una conversa y un whisky con soda… Pero, tampoco, esto es solo una ilusión como resultado de la más profunda confusión alcohólica. Los fines de semana es cuando la mayoría de ellos va a verla. El resto de muchachas no se molestan, ya lo saben. No les fastidia. Hasta les conviene que ellos gasten y gasten y gasten viéndola y les regalen sus buenas propinas… Y cómo les suben las ventas. Todos se sienten a ella unidos. No pasa a un segundo plano. Es especial. Tiene el mismo maquillaje de siempre y aun así, sigue siendo hermosa. Cada vez que la miran, sonríen y sonríe… Y hay quien, contento, suspirando de amor, sintiendo latir su corazón de otro modo, pida y abra por esto una botella de champán, y luego otra y otra… Y ella no bebe… Ni una gota de alcohol. Se mantiene en su sitio…
Todos entran a verla.
Es algo ya histórico, famosamente histórico.
Les gusta…
Y si se les preguntara algo referente, todos dirían:
-Es hermosa. Hermosísima. Está para hotel.
¡Qué obsesión! Todos entran a aquella taberna del centro de la ciudad a ver el bonito afiche de Marilyn pegado en la pared, parada sobre una rejilla de ventilación del Metro mientras un intenso aire levanta violentamente su vestido blanco con pliegues, dejando ver sus torneadas y hermosas piernas… Y como en un bar lo que más se conmemora es la vida, allí, allí está ella, todavía viva y encantadora e ingenua y sin precauciones jamás muerta gracias al milagro de una excelente foto…
Todos entran a verla.
Les gusta.
Y si se les preguntara algo referente, todos dirían:
-Es hermosa. Hermosísima. Está para hotel.
-¡Por Dios! ¡Qué obsesión! ¡Qué obsesión!
Walter Pimienta
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