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-MOLINO DE PAPEL-
OTRA VEZ  EL FANTASTICO… “PÁJARO VERDE”
Cuentos y relatos globales. 18.04.21 
Hay ladrones educados,  roban  con elegancia y sin violencia
Escribe; Walter Pimienta.- Que era  de El  Guamo,  Tolima, que se llamaba  Ricardo Morales; no, que Anacleto Jiménez; nada de eso, que su verdadero  nombre era Rossemberg Aguilar…(¿?)…, como  quien  dice: “tres divinas personas” y  un  solo “Pájaro  Verde” verdadero…cosas de la leyenda. El  caso es que hacia 1920 y ulteriores, en  Barranquilla,  uno de estos  tres  pájaros se quedaba “enjaulado” en  su  casa o, los  tres,  al mismo  tiempo, eran  el  azote de  la  ciudad robando en  las  casas bajo el mismo apodo,  cometiendo  la  fechoría a la misma  hora y en  distintos barrios a  la  vez  para burla e  indignación de la policía de aquel tiempo.
Que el  jueves, “Pájaro  Verde”, a la  medianoche,  se metió a  la  casa de Juana Cassiani, en el  Barrio  Abajo, y  se robó unos platos de  peltre,  unas  ollas de aluminio y unos  calderos  que ella dejó en  el  patio, lo  supo la afectada porque, como era  la costumbre del  fantástico ladrón,  este dejó una pluma de color verde en el  sitio.
Que  esa misma noche,  “Pájaro  Verde”,  en  el  barrio Chiquinquirá,  cargó con una ropa que en  casa  de  los Marriaga estos  dejaron tendida y  otra vez, los  robados, hallaron allí la  infaltable  plumita  verde del  autor  de la fechoría.
…Y  que  no  acabó  esa noche sin  que  “Pájaro  Verde”,  en  esta  misma  ocasión, en el  Barrio el  Rosario, entrara a  la  tienda “Las  Quince  letras”,  y  en  ella,  sin  que el  perro hiciera  “ni  jau”,hizo  barrejobo…Eran  las  noticias  que  la  radio  reportaba en  la  versión  de que en  cada lugar  visitado por  el ratero, nunca  faltaba  su  verde  pluma…y  nada  que “el  ave” caía embarcado el  hecho  en  una  ola de admiración y  estupor  en la  aventura  editorial  de  los  periódicos locales dándole “al  emplumado”  los  ribetes de todo un  personaje de leyenda,  sin restar en  lo  escrito cierto  recargado deslumbramiento por el  intrépido actuar del amigo  de lo  ajeno; siendo en  lo  que  más martillaban en  el  inteligente, exquisito  y  refinado sentido del humor de  “Pájaro  Verde” al  dejar en  el escenario la  comprobación meritoria de su  visita con  una  simbólica y  necesaria  pluma  verde identificatoria de su  “noble” empresa al  salirse con  la  suya de la  manera más  fácil, lo  que hacía  de dichas crónicas una deliciosa lectura que  agotaba la edición.

…¿Pero,  de los tres,  cuál  era el  “Pájaro  Verde” legítimo? ¿Era  solo  uno? ¿Quizás dos? ¿Serían  tres?...Nadie podía  afirmarlo  ni  negarlo…el caso  es que quien  fuera  o  quienes fueran, hacíanlosuyo con  notable calidad y “responsabilidad” reconociendo en  el  “souvenir” de su pluma verde algo  así  como una especie  de firma infalsificable que  no  admitía duda ni error en  la  comisión de  un  robo por  él  o  por  ellos llevado a cabo y  traducido todo en  algo  así  como esto: “Aquí  estuvo  “Pájaro  Verde”; no  dejen  los chismes  afuera”…Y  siendo así, la  zozobrareinaba en  el quebradero  de cabeza policivo intentando imaginar en  qué nueva  residencia incursionaría el  astuto pajarracodiabólico  y  oportunista…

Lo  cierto  era  que “Pájaro  Verde” o los  “Pájaros  Verdes” de aquel  tiempo,  robaban  de todo y  es  así  como  doña Eufrosina de Sandoval,  residente en  el  Barrio  Montes,  señala  que tuvo  que ser “Pájaro  Verde” quien le  robó cuatro  canarios enjaulados que  ella,  tapados con  trapo para  que el  gato  no  se los comiera, dejaba  en el  corredor de  su  vivienda, colocando el  bandido  en cada jaula una pluma…por  supuesto verde,  y  en  la primera una nota escrita   con  tinta  verde  y  que a estudio  de   los grafólogos que  todavía  descifran  el  caso, decía: “No dejen  los pájaros  afuera…ojo  con el  gato”

Un octubre,  bajo  el  anonimato de su “oficio”, un investigador de apellido  Rodríguez, creyó que ahondado en   lo  del  robo de los  canarios daría  por  capturar a  “Pájaro Verde” si  intuía  que estos -los  pájaros-  eran vendidos a buen precio en  el  Mercado  de  Granos y hasta  allá,  a lo  Scotland Yard, llegó el  laborioso detective luciendo  una gorra muy  propia  de  su  labor llevando  el ovillo de la búsqueda hasta uno de los  canarios que sabía  cantar la introducción  del  Himno  Nacional; pero bajo  este  complicado  argumento no  le  funcionaron  las  cosas porque  los “académicos  pajareros” le  presentaron 88 canarios que incitados  por  sus  silbidos,  en coro  que  daba  gusto  escuchar, cantaron el  patriótico mensaje digno  de novela  y  hasta allí el  asunto  que solo  sirvió  para  comprobar que cualquiera de aquellos canarios pudo  ser uno  de los  que se robara  “Pájaro Verde”…algo  tan  igual a lo de  los tres “Pájaros Verdes”,  tres  divinas  personas y  un  solo  “Pájaro  Verde”  verdadero… Total  que las  investigaciones mal  encaminadas, llegaron a Sabanalarga donde  enredados  informantes dijeron  que un  tal  Andrés  González había  comprado  los  tales  canarios y  que los  tenía  de adornos  en  su  “Estadero  Pueblito Viejo”,  pero  nada  más absurdo y  más  mal intencionado porque el  señor en mención era  alérgico a  los  pájaros y  a lo  que se dedicaba era  a la  cría  de  chivos y  cerdos,  teniendo que  aclarar y  rectificar públicamente  la  policía tan semejante equívoco…

Cualquier habitante  de  Barranquilla,  podía  ser “Pájaro  Verde”…¿Pero quién? ¿Y  cómo encontrarlo?... Se decía de él  que era experto en  mecanismos de evasión. Que se sabía  la  oración  de  la  Sombra  de  San  Pedro que  le  hacía  invisible; que dizque era  capaz de esconderse detrás de un  palo de escoba;  que tenía “el  niño  en  cruz” y  que  recitando  este  conjuro: “Con tres te  ubico. Jesús, María y  José, la  sangre  te  niego,  el  corazón te  ablando”,  las  balas  no  le entraban…

…Y  mientras  tanto,  en  la  ciudad,  quienes  en las esquinas,  en  los  bares  y  cantinas hablaban  de  la  existencia casi  segura  de  un  solo “Pájaro  Verde” y  no  de tres, con  la  intensión de acabar la lluvia  de  conjeturas, decían de este que poesía  el don de la  ubicuidad, lo  que le disponía del  asombro de  cometer tres  robos  la misma  noche a la misma hora en barrios  distintas, dejando el  caballeroso ratero en  sus  incursiones “el  saludo” de una pluma verde  como “prenda  de garantía” de  un  “trabajo” bien hecho y  de  categoría.

Es  de  anotar que,  en el  intentopor dar captura a  “Pájaro Verde”, las autoridades de  aquella época envolatadas en  su  propio  misterio,  a fin de  recuperar su respetable dignidad, anunciaron la  recompensa de $ 2.000 a quien o  quienes  suministraran su  ubicación bajo la  absoluta reserva del  asunto y aconteció que,  siendo así, todo  el mundo en  la  calle miraba al  otro como  si  fuese el buscado  “Pájaro  Verde” de quien se especulaba usaba gabardina  verde,  sombrero verde,  zapatos  verdes, gafas  verdes y un  paraguas  verde porque dizque  era  cachaco… Pero nadie  lucía así. Se  pondría  en evidencia… Por  lo que también  se llegó a  suponer que el semejante,  a  la  hora  de la  hora, no  era  ningún  “Pájaro  Verde” sino una linda “Pájara  Verde” experta en abrir  puertas así  como  abría   corazones  con  la mirada…

Cierta madrugada,  la  policía, ayudada por  una jauría de perros  pastores  alemanes,  al  parecer,  acorraló a “Pájaro  Verde” en  un  callejón  de La  Calle del  Sello. Hubo  1.500 disparos y  medio en el  silencio de la  aurora; la gente en pijama se asomó y a  las  voces de:
-¡Por  ahí va!
-¡Por  aquí  se metió!
-¡Cójanlo!
-¡Cruzó la esquina!
-¡Se  voló  la  pared!
-¡Lleva  una  gallina  en  la mano!
-¡Se escondió detrás del poste!
-¡Va  herido.  Sigan  el  rastro  de  la  sangre! Todos  lo  vieron, menos los  policías que  le perdieron  el  rastro y  la seña. Afirmaron los  curiosos que de pronto se  hizo  un  silencio sostenido y  latente y que los  vecinos del sector,  mirándose entre sí, por  el lugar,  devastado  por  años,  notaron  la  presencia de  un  viejito de cabellos grises nunca  antes  visto por  allí y  que este,  encogido  de  hombros y  de espalda, apoyado  en  un  bastón,  repitiendo  iba  por  la  calle:

-Otra vez  “Pájaro  Verde.
-Otra vez “Pájaro  Verde”
-Otra vez, “Pájaro  Verde”
-Otra vez…
-Otra…
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