Hay ladrones educados, roban con elegancia y sin violenciaEscribe; Walter Pimienta.- Que era de El Guamo, Tolima, que se llamaba Ricardo Morales; no, que Anacleto Jiménez; nada de eso, que su verdadero nombre era Rossemberg Aguilar…(¿?)…, como quien dice: “tres divinas personas” y un solo “Pájaro Verde” verdadero…cosas de la leyenda. El caso es que hacia 1920 y ulteriores, en Barranquilla, uno de estos tres pájaros se quedaba “enjaulado” en su casa o, los tres, al mismo tiempo, eran el azote de la ciudad robando en las casas bajo el mismo apodo, cometiendo la fechoría a la misma hora y en distintos barrios a la vez para burla e indignación de la policía de aquel tiempo. Que el jueves, “Pájaro Verde”, a la medianoche, se metió a la casa de Juana Cassiani, en el Barrio Abajo, y se robó unos platos de peltre, unas ollas de aluminio y unos calderos que ella dejó en el patio, lo supo la afectada porque, como era la costumbre del fantástico ladrón, este dejó una pluma de color verde en el sitio. Que esa misma noche, “Pájaro Verde”, en el barrio Chiquinquirá, cargó con una ropa que en casa de los Marriaga estos dejaron tendida y otra vez, los robados, hallaron allí la infaltable plumita verde del autor de la fechoría. |
 …Y que no acabó esa noche sin que “Pájaro Verde”, en esta misma ocasión, en el Barrio el Rosario, entrara a la tienda “Las Quince letras”, y en ella, sin que el perro hiciera “ni jau”,hizo barrejobo…Eran las noticias que la radio reportaba en la versión de que en cada lugar visitado por el ratero, nunca faltaba su verde pluma…y nada que “el ave” caía embarcado el hecho en una ola de admiración y estupor en la aventura editorial de los periódicos locales dándole “al emplumado” los ribetes de todo un personaje de leyenda, sin restar en lo escrito cierto recargado deslumbramiento por el intrépido actuar del amigo de lo ajeno; siendo en lo que más martillaban en el inteligente, exquisito y refinado sentido del humor de “Pájaro Verde” al dejar en el escenario la comprobación meritoria de su visita con una simbólica y necesaria pluma verde identificatoria de su “noble” empresa al salirse con la suya de la manera más fácil, lo que hacía de dichas crónicas una deliciosa lectura que agotaba la edición.
…¿Pero, de los tres, cuál era el “Pájaro Verde” legítimo? ¿Era solo uno? ¿Quizás dos? ¿Serían tres?...Nadie podía afirmarlo ni negarlo…el caso es que quien fuera o quienes fueran, hacíanlosuyo con notable calidad y “responsabilidad” reconociendo en el “souvenir” de su pluma verde algo así como una especie de firma infalsificable que no admitía duda ni error en la comisión de un robo por él o por ellos llevado a cabo y traducido todo en algo así como esto: “Aquí estuvo “Pájaro Verde”; no dejen los chismes afuera”…Y siendo así, la zozobrareinaba en el quebradero de cabeza policivo intentando imaginar en qué nueva residencia incursionaría el astuto pajarracodiabólico y oportunista…
Lo cierto era que “Pájaro Verde” o los “Pájaros Verdes” de aquel tiempo, robaban de todo y es así como doña Eufrosina de Sandoval, residente en el Barrio Montes, señala que tuvo que ser “Pájaro Verde” quien le robó cuatro canarios enjaulados que ella, tapados con trapo para que el gato no se los comiera, dejaba en el corredor de su vivienda, colocando el bandido en cada jaula una pluma…por supuesto verde, y en la primera una nota escrita con tinta verde y que a estudio de los grafólogos que todavía descifran el caso, decía: “No dejen los pájaros afuera…ojo con el gato”
Un octubre, bajo el anonimato de su “oficio”, un investigador de apellido Rodríguez, creyó que ahondado en lo del robo de los canarios daría por capturar a “Pájaro Verde” si intuía que estos -los pájaros- eran vendidos a buen precio en el Mercado de Granos y hasta allá, a lo Scotland Yard, llegó el laborioso detective luciendo una gorra muy propia de su labor llevando el ovillo de la búsqueda hasta uno de los canarios que sabía cantar la introducción del Himno Nacional; pero bajo este complicado argumento no le funcionaron las cosas porque los “académicos pajareros” le presentaron 88 canarios que incitados por sus silbidos, en coro que daba gusto escuchar, cantaron el patriótico mensaje digno de novela y hasta allí el asunto que solo sirvió para comprobar que cualquiera de aquellos canarios pudo ser uno de los que se robara “Pájaro Verde”…algo tan igual a lo de los tres “Pájaros Verdes”, tres divinas personas y un solo “Pájaro Verde” verdadero… Total que las investigaciones mal encaminadas, llegaron a Sabanalarga donde enredados informantes dijeron que un tal Andrés González había comprado los tales canarios y que los tenía de adornos en su “Estadero Pueblito Viejo”, pero nada más absurdo y más mal intencionado porque el señor en mención era alérgico a los pájaros y a lo que se dedicaba era a la cría de chivos y cerdos, teniendo que aclarar y rectificar públicamente la policía tan semejante equívoco…
Cualquier habitante de Barranquilla, podía ser “Pájaro Verde”…¿Pero quién? ¿Y cómo encontrarlo?... Se decía de él que era experto en mecanismos de evasión. Que se sabía la oración de la Sombra de San Pedro que le hacía invisible; que dizque era capaz de esconderse detrás de un palo de escoba; que tenía “el niño en cruz” y que recitando este conjuro: “Con tres te ubico. Jesús, María y José, la sangre te niego, el corazón te ablando”, las balas no le entraban…
…Y mientras tanto, en la ciudad, quienes en las esquinas, en los bares y cantinas hablaban de la existencia casi segura de un solo “Pájaro Verde” y no de tres, con la intensión de acabar la lluvia de conjeturas, decían de este que poesía el don de la ubicuidad, lo que le disponía del asombro de cometer tres robos la misma noche a la misma hora en barrios distintas, dejando el caballeroso ratero en sus incursiones “el saludo” de una pluma verde como “prenda de garantía” de un “trabajo” bien hecho y de categoría.
Es de anotar que, en el intentopor dar captura a “Pájaro Verde”, las autoridades de aquella época envolatadas en su propio misterio, a fin de recuperar su respetable dignidad, anunciaron la recompensa de $ 2.000 a quien o quienes suministraran su ubicación bajo la absoluta reserva del asunto y aconteció que, siendo así, todo el mundo en la calle miraba al otro como si fuese el buscado “Pájaro Verde” de quien se especulaba usaba gabardina verde, sombrero verde, zapatos verdes, gafas verdes y un paraguas verde porque dizque era cachaco… Pero nadie lucía así. Se pondría en evidencia… Por lo que también se llegó a suponer que el semejante, a la hora de la hora, no era ningún “Pájaro Verde” sino una linda “Pájara Verde” experta en abrir puertas así como abría corazones con la mirada…
Cierta madrugada, la policía, ayudada por una jauría de perros pastores alemanes, al parecer, acorraló a “Pájaro Verde” en un callejón de La Calle del Sello. Hubo 1.500 disparos y medio en el silencio de la aurora; la gente en pijama se asomó y a las voces de: -¡Por ahí va! -¡Por aquí se metió! -¡Cójanlo! -¡Cruzó la esquina! -¡Se voló la pared! -¡Lleva una gallina en la mano! -¡Se escondió detrás del poste! -¡Va herido. Sigan el rastro de la sangre! Todos lo vieron, menos los policías que le perdieron el rastro y la seña. Afirmaron los curiosos que de pronto se hizo un silencio sostenido y latente y que los vecinos del sector, mirándose entre sí, por el lugar, devastado por años, notaron la presencia de un viejito de cabellos grises nunca antes visto por allí y que este, encogido de hombros y de espalda, apoyado en un bastón, repitiendo iba por la calle:
-Otra vez “Pájaro Verde. -Otra vez “Pájaro Verde” -Otra vez, “Pájaro Verde” -Otra vez… -Otra… |