Mientras haya hombres, habrá vicios” –Publio Cornelio-Escribe, Walter Pimienta.- El pueblo no cabía esa vez en la plaza. El cautivador encanto del memorable hecho no era otro que el de presenciar, esa tarde, el develamiento del primer monumento municipal. Aquel día, los allí moradores, conocerían por fin a Afrodita casi en persona pero hecha en mármol. “Si tiene pudor no asista. No se condene. El cielo le espera”, decía un letrero que el cura mandó a poner en un pasacalle de letras grandes y adversativas. Era una réplica llamativa de la primera mujer desnuda del mundo clásico presente en aquel pueblo, así fuese en forma de pulida piedra… El cura, la verdad sea dicha, no pudo contra el embeleco del alcalde, Las razones esgrimidas sobre el amor de los dioses y del sexo libre, más el hecho de que la obra es arte, junto con el criterio de que la misma obra era la más legitima salida de la mano de Praxiteles hacia el siglo IV a.C. en Grecia, escandalosa de tetas y de caderas, de buen trasero y algo más, totalmente en pelota, paralizó la vida municipal y justo es decirlo, “la vieja”, teníalo suyo…no hay por qué negarlo… |
 Desde aquella tarde, los hombres del pueblo, se acostumbraron aver la figura revestida de fama y gloria, probablemente la que mejor exalta la figura femenina al tamaño natural sin nada que ocultar y sin timideces… Los moralistas decían que como Praxiteles había hecho dos Afrodita, una vestida y una desnuda, el alcalde debió haber comprado la réplica de la vestida… Pero los contrario volvieron a ganar la lucha ideológica diciendo que si la tal Afrodita es la diosa del amor, debía ser desnuda, porque esto es la belleza del amor: la desnudez. La otra, la conropa, no tenía razón de ser porque todos sabían qué era lo que esta trataba de esconder esta debajo de su vestimenta también un poco inmoral, de modo que consideraban así que la misma, con tantas ganas de desear mostrar lo que escondìa, escasamente lo que tenía puesto era una toalla que tampoco fuese que la cubriera del todo… …Y algo o mucho de razón tenían….Total que la Afrodita que vino, fue la desnuda para complacencia de la mayoría de la gente; es decir, la Afrodita sin remilgos y que, como vecina de cualquier vecino, le daba a libido la oportunidad de buscar sitio al viaje fantasioso y “onanistico”de una noche de cama humedecida con la mano… Aquello fue la revolución. Afrodita, en las palabras discursiva del señor alcalde, que empezó llamándola la diosa recatada, terminó vestida con tantos elogios que la cubrieron de gloria y, para todos, en su voz, la del alcalde, diciendo: “Hagamos de cuenta que no se está exponiendo como una vulgar ramera descarada ante nosotros, sino que, de pronto, como si la hubiéramos sorprendido por casualidad cuando estaba a punto de tomar un baño o acababa de salir de él, la pobre no tuvo con qué cubrirse porque casos así ocurren en la vida. Ella, en su modestia, hizo lo que pudo : una mano a un seno y otra en su hermoso vergel y ya usted si se imagina otra cosa”- dijo. Y agregó- Hay que ver los apuros de uno cuando se lo cogen en pelota y no hay por allí un trapo que ponerse siquiera… Y entre moralista e impúdicos, se dio de nuevo la prendida discusión. Que Afrodita, mínimo, ha debido avisar diciendo “Hey, no venga, estoy, desnuda”… Y los impúdicos afirmando…”En Grecia, mirar el cuerpo desnudo al tamaño natural, era arte”…Y, de allí, unos y otros no salían… Sumando estos últimos este enardecido criterio: “No tendría excusa si el escultor de Afrodita, no hubiese hecho esto que es una gloria al desnudo”… “Es una obra para el espectador masculino”- siguió diciendo el alcalde en su alocución”- “Se trata retrato de una mujer espectacular hecha para la historia; no para machismosino para nuestra masculinidad viva. No lo entiendan de otra manera porque eso, eso fue lo que quiso representar en Afrodita el escultor. Sería, señores como si una mujer hubiese hecho igual con un hombre en pelota no perdiendo el descuido de que se le cayó la toalla”… Exagerado, por demás, el alcalde también dijo: “En el centro del mundo está Afroditapara que el mundo vea su imagen desde todos los ángulos posibles…Y hoy, hoy la tenemos aquí, cerca y única para ser admirada.No se hable más. Sea develada la hermosa estatua porque, mientras haya hombres, habrá vicios, dijo Publio Cornelio”. Y hubo aplausos…muchos aplausos…muchos…y regocijo… Develaron la imagen. Muchos años después…en el mismo sitio. El niño de la mano de su mamá: ¿Mami, mami, quién esa mujer triste que está en medio de la plaza? Esa a la que las aplomas la rodean y se la cagan y está verde de la humedad y tiene hojas secas en la cabeza y las tetas caídas y un perro se orina a sus pies y se le cayó una mano… ¿Dime quién es? Mijo, esa era la mujer encuera de la plaza, así le decían. Esa misma a la que tu bisabuelo venía aver todas las tardes…Cómo está de maluca y vieja… Walter Pimienta. |