A dos horas del inicio de la protesta del viernes, los manifestantes, en total unos 10.000, fueron expulsados con gases lacrimógenos y balas de goma por la policía antidisturbios, lo que derivó en una batalla campal en pleno centro de la capital paraguaya, con un muerto y 20 heridos. Los enfrentamientos concluyeron con una escena insólita: los policías antidisturbios levantando banderas blancas en son de paz, tras quedarse sin munición.
Renunció el ministro de Salud, Julio Mazzoleni. El presidente anunció este sábado cambios en cuatro ministros de su Gabinete “en aras de la pacificación”. Y prometió “todo el esfuerzo posible para suministrar medicamentos”. Pero pocos le creen.
Entre tanto, las dos fuerzas políticas de la oposición, el Partido Liberal y el Frente Guasu, han anunciado propuestas de juicio político. El arzobispo de Asunción, Edmundo Valenzuela, pidió “cesar las hostilidades”.
En la calle miles de manifestantes piden la renuncia de Benítez, derechista hijo de un alto funcionario de la dictadura de Strossner.
La movilización del pueblo trabajador paraguayo muestra el camino: sólo con la movilización y la lucha se pueden imponer soluciones de urgencia, responsabilizando a los gobiernos capitalistas cómplices de este desastre, y exigiendo un alto presupuesto para salud pública que paguen multinacionales, grandes capitalistas y oligarcas, y producción masiva de vacunas por parte de un acuerdo de países latinoamericanos, sobre la base de desconocer las patentes.
9 de marzo de 2021
Miguel Lamas Miembro de la dirección de la UIT-CI.
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