 Las niñas melancólicas son de piel acerada y tienen como flor favorita los pálidos lirios amarillos.
Ellausa una gorra de visera grande para taparse la melancolía de sus ojos de mirada atribulada. El gato de su casa también es melancólico; es ese mismo gato al que Roberto Carlos le cantara la canción el gato que está triste y azul porque tiene el pelo azul y que por ser terriblemente azul, los gatos de pelo de gato, no lo consideran un gato sino un barato peluche.
Ella también huele a melancolía. Por donde pasa, dejauna estela de melancolía olorosa a lo deplorable.
Cierta mañana me quedé mirándola, curioso. Y me asombré, hasta el entontecimiento.
Ella se divertía a placer con su melancolía.
Sus pensamientos eran lánguidos, mustios y decaídos.
Hubo unos viajeros que alguna vez vinieron de tierras lejanas para conocerla y hacerle una propuesta de circo; pero sus padres no aceptaron porque no querían dejar al pueblo sin melancolía.
Vestía de melancolía un traje oscuro, de esos que usan los fantasmas. Una tarde la vi de frente. Su mirada, además de melancólica, era de silencio. Guardaba un nadie puede ayudarme: nací melancólica. Como mi abuela ya muerta- me dijo sin hablar, pero hablando con la melancolía de sus ojos melancólicos…
La niña melancólica canta canciones melancólicas, afligidas y murrias. Las disfruta. Es su manera de reír.
El único autobús del pueblo que todos los días va la ciudad llevando y trayendo pasajeros, en honor a ella, tiene en su defensa, como aviso delantero, esta leyenda. “Este es el bus entristecido que lo lleva al pueblo donde vive la niña melancólica” … Es un aviso largo y por eso su conductor, de vez en cuando, detiene la marcha del vehículo de esquina en esquina a fin de que la gente lo lea y, si le sirve, lo tome.
Ella, a la sombra de un naranjo en el patio de su casa, cose y remienda melancolías y escucha en la radio canciones de mensajes mustios y llorosos. En especial una que dice: “No llores por amor, alza la cara”…Y otra que, a gritos, así se le escucha: “Llorar y llorar, llorar y llorar”…
…Y lo contradictorio de todo esto es que dicen que ella nunca ha llorado, que le es suficiente con ser melancólica. Y que no juega con otros niños al escondido porque, por su cara melancólica, es fácil conseguirla en cualquier escondrijo…
Hoy, la niña de los ojos melancólicos asiste a un concurso. Al del “ReinadoRegional de Niñas MelancólicasSonrisa Congelada”. Ya verán. Se lo va a ganar. Se la pasa practicado y practicando ante el espejo para volverse melancólica consigo mismas mirándose hacia adentro por 30 minutos ante este sin cambiar la expresión.
Tiene a quien salir la Niña Melancolía, su abuela se ganó el reinado nacional de la misma modalidad haciéndose dueña perpetua del cetro de la nostalgia.
Para que la niña de la mirada melancólica gane este concurso, sus padres le dan al día tres vasos de leche que le ordeñan a la vaca más melancólica del pueblo. Y que no es una vaca cualquiera; esta no muge lastimera,ni duermeni bebeni pasta en la hierba…Es de pasta…
Hay quienes también dicen que la Niña Melancolía, es melancólica del alma y que, a las niñas melancólicas, la melancolía le sale por los ojos sin necesidad de palabras… Si gana la Niña Melancolía en el certamen ya dicho, le van a dar un reloj que marca las horas melancólicas del día. Claro, tendrá que pasar antes por la dura prueba de decir con los ojos el poema más profundo y melancólico de Gustavo Adolfo Becker, ese que empieza diciendo… “Volverán las oscuras golondrinas/en tu balcón sus nidos a colgar/y otra vez con el ala a sus cristales/jugando llamarán”.
A mí me parece que, sin duda, va a ganar, se lo sabe de memoria, con la memoria de los ojos…Va bien preparada al concurso. Por las tardes, como ejercicio melancólico, camina por los caminos tristes del pueblo. Lee novelas melancólicas y la ponen a ver la melancolía que hay en los ojos de los terneros huérfanos y desamparados… Ya tiene llena una maleta de melancolías con las que asistirá al torneo…
…Su corazón late una melancolía cada segundo. El doctor Arango certificó el caso sin bajarse del melancólico caballo en el que pasa revista a sus melancólicos pacientes. Además, a la Niña Melancolía la han dejado ir a todos los velorios del pueblo para que viva en ellos la melancolía de los que sin consuelo lloran a moco tendido y de manera irredenta…
Irá con su mejor vestido color melancolía. El concurso tiene su complique: Ella debe tener los ojos melancólicos más bellos del mundo y, aunque no se sonría, debe mostrar una forma rara de sonrisa triste. Por eso lo de la maleta… Llevas varias… También la evaluarán dormida, su sueño debe ser melancólico en todo momento… Y si dormida sueña, debe soñar con una melancolía que tenga como tema una insondable tribulación y desdicha… Y despertar con cara de taciturnidad por siempre.
La niña de la mirada triste viajará en tren. Dicen que en tren viajan los melancólicos… Por aquello de los adioses… Y de las esperas de quienes no llegan… O nunca más retornan…
Yo creo que esta vez la Niña Melancolía gana y que traerá en su rostro la oculta sonrisa melancólica y vanidosa de una reina ganadora; porque no está en sus planes ni siquiera quedar de princesa. Walter Pimienta. |