Próximamente se estrenará en televisión un nuevo programa “Terapia de Pareja”, un nuevo reality o la evidencia de que cada vez son más los que acuden a terapia para solucionar sus problemas de convivencia. Pese a ello, existen muchas reticencias morales, económicas o simples excusas que impiden a muchas personas sacar provecho de una poderosa herramienta: el psicoanálisis. Acudir a un abogado para finiquitar una relación no siempre es la solución adecuada, muchas personas no desean separarse de su pareja, la siguen queriendo, pero diversos problemas, que habitualmente se arrastran desde años, hacen la convivencia muy difícil.
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Una frase que se quedó marcada en mi memoria es la del poeta y psicoanalista Miguel Óscar Menassa: Ni huir ni arremeter contra nada, aprender a conversar tranquilamente, eso enseña el amor. Si aplicásemos estas palabras a nuestro día a día otros serían los resultados. No obstante, no es tan sencillo crear y, mucho menos, mantener una relación de pareja. Cuando una persona o una pareja se pone en contacto conmigo lo suele hacer porque ya han intentado todo tipo de soluciones y nada ha servido, a veces acuden cuando ya está muy quemada la relación y lo máximo que se puede hacer es terminar amistosa y civilizadamente, que no es poco. En otras ocasiones uno de los miembros de la pareja se resiste a venir a consulta, rechazando que un profesional medie y les ayude a seguir adelante, como ustedes entenderán es muy poco probable que esa pareja evolucione con éxito. Puede que sigan “aguantándose” mutuamente, pero de ahí a ser felices hay un largo trecho. El mejor pronóstico lo tienen aquellas parejas en las que ambos desean poner solución y aceptan acudir a terapia, puede ser con un mismo psicoanalista o con diferentes profesionales, pero sólo reconociendo cada uno su parte de responsabilidad será posible transformar y continuar la relación. Mi experiencia en el campo de la terapia de pareja muestra que es mucho más rentable que un divorcio, si me permiten utilizar este tono un tanto humorístico. Hablando seriamente hay que reconocer que los resultados son bastante buenos. En sesiones conjuntas y/o individuales estas personas tienen la oportunidad de abordar multitud de cuestionamientos personales, laborales, sexuales, afectivos, etc. que participan en su día a día y que hasta ese momento no habían tenido un tiempo de conversación. Hablar en el diván de un psicoanalista nos permite producir un tiempo para nosotros mismos, lo que se traduce en una mayor tolerancia hacia los demás. Se aprende a hablar de una forma diferente, uno se hace responsable de su forma de pensar y de vivir y esto permitirá que también se haga responsable de sus actos. La vida en pareja no puede ser buena si uno quiere controlar la vida del otro, si no respetamos la libertad de cada uno y si no somos conscientes de que el amor, si no se cuida, caduca. Cada día estoy más convencida que tener pareja no da la felicidad, pero que si uno tiene pareja y juntos trabajan día a día por sus vidas, sus ambiciones y su amor, la vida tendrá un sabor mucho más intenso y verdadero. Cada pareja tiene que producirse, porque no vale repetir esquemas anteriores. El respeto debe ser la base de esa convivencia, aceptar las diferencias y aún así seguir amándose. Es muy triste vivir resignado o en una pelea continua, existen poderosas herramientas como el psicoanálisis que pueden ayudarle a seguir adelante en mejores condiciones, sólo es necesaria su decisión, los profesionales ya estamos decididos.
Helena Trujillo Luque Psicoanalista de la Escuela Grupo Cero www.htpsicoanalisis.com |