 Tengo en mi jardín la antigua placa de losetas con el nombre de la calle donde nací, en un pequeño pueblo navarro de la Ribera del Ebro. Pintadas a mano, las baldosas rezan: "Calle del General Mola". Llegada la Democracia, fueron retiradas y mi padre las guardó, pasando a formar parte de mi apolítica Memoria Vital, que no políticamente Histórica. Así como no me importa quién era ese general ni lo que representaba, estoy en desacuerdo con la oposición de Alhaurín de poner como nombre de un colegio público el de un reputado maestro que tuvo la mala fortuna de estar en el sitio equivocado en el momento menos preciso y fué fusilado por los "nacionales". Hay que tener cuidado con los nombres. En Torremolinos, el alcalde, don Fernández, ha denominó la mayor avenida de la ciudad con el nombre del constructor y presunto delincuente Rafael Gómez Sánchez, alias "Sandokán"...
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Un día no y otro sí debo acercarme al Hospital Carlos Haya para "cargar las pilas" con la máquina de diálisis y poder seguir viviendo a la espera de un traspalante de riñón que me salve la vida. Yo no tenía ni idea de quién era Carlos Haya, hasta que Izquierda Unida se empeñó en cambiarlo por el "patriota" Padre de la Patria Andaluza, Blas Infante. Porque Blas Infante puede ser "patriota" y agasajarlo por ello. Sin embargo Luis Bravo, para Encarni de Izquierda Unida de Alhaurín de la Torre... no. Encarni le llama "patriota" con guasa, desprecio y/o cachondeillo. Si preguntáramos a los malagueños, estoy convencido que la mayoría no tiene ni pajolera idea de quién es el ¿doctor? Carlos Haya. Y ni se imaginan que es un aviador franquista, fascista por tanto. Pero supongo que les importará un comino cuando sigan denominándolo Carlos Haya si finalmente se llega a efectuar el cambio de nombre con el consiguiente gasto, una pasta gansa, a costa de todos los ciudadanos. Como se ha hecho con miles de calles, plazas e instituciones con nombre "franquistas", muchas veces para cambiarlas por otras... del bando contrario.
Por mi cultura general adquirida desde pequeño, conozco perfectamente el bagaje histórico del General Mola. Pero tengo su nombre en mi jardín. Igualmente lo tendría si la calle donde nací se llamara Dolores Ibarruri, ó Santiago Carrillo, si en lugar de la dictadura de Franco hubieramos tenido una dictadura de izquierdas a lo Rusia ó Cuba por haber perdido los fanquistas, y con la llegada de la democracia se hubieran retirado igualmente de las calles sus nombres. Mi memoria no es "histérica" sino vital, por la premisa de que en toda revolución, el que pierde siempre es un "asesino traidor" y el que gana es un "libertador", aunque la balanza de horror y sangre esté equilibrada entre ellos. Premisas siempre contrapuestas según el bando donde te toque la contienda, muchas veces sin posibilidad de elección. D. Emilio Castro Robledo fué, no tengo la menor duda, una estupenda persona y un maestro ejemplar y vaya por delante mi consideración y mi aplauso por ello. Pero como él, en aquella época, hubo muchos más. Y no sólo maestros, sino albañiles, empresarios, carpinteros... bellas pesonas que compartieron la vida con su paisano Castro y que incluso llegaron a recibir sus enseñanzas. Y llegó la Guerra Civil. Alhaurín de la Torre cayó en los comienzos de la contienda en lado republicano. Mal asunto para quienes fueron tachados como "nacionales". Igual de malo que muchos "republicanos" que tuvieron la mala suerte de caer en el lado nacional. Unos y otros acabaron masacrados en las cunetas, fusilados tras el "paseillo" en las paredes de los cementerios y enterrados en fosas comunes o en el peor de los casos desaparecidos para siempre. Resulta impresionante el estudio que José Manuel de Molina ha realizado sobre la represión republicana en nuestro pueblo en los comienzos de la Guerra y la posterior franquista a partir de su caída. Decenas de vecinos, con nombre y apellidos, fueron fusilados por los "rojos" por el simple hecho de pensar diferente a los que en ese momento portaban las armas y ejercían el poder en Alhaurín. Exactamente como en el resto de España. Entre 1936 y 1937, los republicanos alhaurinos fusilaron a placer. A partir de la reconquista "nacinal" en 1937, los mismos fusiladores fueron igualmente fusilados con igual eficacia por los "libertadores" franquistas. Y la pescadilla se mordió la cola. D. Emilio Castro Robledo formó parte de la segunda hornada de víctimas de la contienda. Pero no fué fusilado por ser maestro, entre quema de escuelas y símbolos de su magisterio. Fué fusilado, con todos los respetos, "sólo" por ser "rojo" cuando las armas cambiaron de bando. Y punto. En eso se diferencia de muchos religiosos y religiosas que sí fueron fusilados en la zona republicana por ser lo que eran, religiosos, siendo sus iglesias quemadas y sus símbolos y esculturas destruidas... Seguro que a Izquierda Unida no le gusta un pelo la beatificación de que van a ser objeto cientos de ellos próximamente por parte de la Iglesia Católica. Recordarles que estamos en un estado laico y aconfesional y que la Iglesia puede beatificar a quien le dé la gana, como Izquierda Unida puede santificar a quien le plazca. Pero... ¿se imaginan una plaza pública con el nombre de "Plaza de los beatos religiosos fusilados por los `rojos´ en 1936"?. Pues, aún con todo, debería ser que no. Aplicar el ejemplo al colegio.
Por ello no puedo estar conforme en poner su nombre a una escuela. Por ser un nombramiento político, que agravia además a los demás muertos de la contienda civil, de la zona que sea, para quienes no habría suficientes calles, plazas y edificios públicos con los que renombrarlos y agasajarlos igualmente. Reabre, además, heridas ya cicatrizadas. Justamente lo contario de lo que se quiere supuestamente pretender con la recién aprobada "Ley de la Memoria Histórica". Hay que tener mucho cuidado con los nombres de las calles e instituciones públicas. Hay que ponerlas para que duren. Para que unan. No para que dividan. Y sé que por decir esto me llamarán crispador y otras lindezas. Pero si por mí fuera, sólo utilizaría nombres de plantas, flores, animales, e incluso los asépticos números, tipo Quinta Avenida esquina Calle 42 en Nueva York. ¿Se imaginan que ETA asumiera el Poder en España algún día?. Eliminaría de cuajo el nombre de Martín Carpena del polideportivo malagueño para cambiarlo por el de algún "gudari" caído en su lucha contra las "fuerzas opresoras de Euskalherría" durante el franquismo y la postrior democracia imperante en el territorio español. "Polideportivo De Juana Chaos" por ejemplo. Pues lo mismo. La pescadilla se mordería la cola de nuevo. Más que una pescadilla, una auténtica pesadilla... En Torremolinos, el alcalde don Fernández le impuso al constructor Rafael Gómez Sánchez en su día la mayor multa puesta nunca en el municipio, por una presunta choricería urbanística de carácter grave. Posteriormente y sin que se sepa a ciencia cierta si la multa fué abonada ó no, el susodicho presunto delincuente, imputado en la la "Operación Malaya" y en libertad con una fianza multimillonaria, "regaló" al pueblo de Torremolinos una estatua de dudoso gusto arquitectónico denominada "Monumento al turista". A partir de ese momento, el presunto fabricante de chorizos urbanístios, "Sandokán" pasó a ser "don Rafael", y su amigo el alcalde don Fernández le puso su nombre a la mayor avenida de la ciudad, continuación del tramo de la circunvalación que honra la figura nada menos que de uno de los padres de la Constitución, don Manuel Fraga Iribarne. Ahí es nada. Hay que tener cuidado con los nombres. Los carga el diablo con efecto retardado. Juan Carlos Sanz de Ayala
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