A las ocho menos cuarto de la mañana, don Guerado trabajaba en solitario en la sala de plenos, alineando los micrófonos y colocando botellas de agua de a litro y medio para los gaznates de los ediles, que ya se sabe que las discusiones multimillonarias secan la garganta pero que una barbaridad. Hacia las ocho menos cuarto llegó don Villanova, alegre y jovial, dando saltitos de alegría, como si se hubiera desyunado unas buenas tostadas con manteca colorá y se dispuso a preparar su gran herramienta institucional, arma letal contra los díscolos e incontrolados: el reló (léase reloj) electrónico que a base de leds rojos, que no gualdas, cortará en seco las diarreas verbales de los allí presentes. Como si se bajara el micrófono en '60 segundos', pero salvando las distancias de la presentadora, de los contertulios, de la sala, de los contenidos... bueno, la verdad es que no se parace en nada, así que olvídense del desafortunado símil. Es un reló y ya está.
Poco a poco fueron llegando l@s concejal@s, casi todos desmaquillad@s -sobre todo ellos- aunque se notaba que alguna había pasado la ITV frente al paciente espejo y parecía que iba de compras a Puerto Banús con su modelata y sus morros acarminados tipo 'Marbella del Guadalhorce'. Colocados en sus puestos de combate, se miraron inquisidores unos a otros, como midiendo las fuerzas, o la falta de ellas por cansancio matinal. Y para que no falte de nada, que este Ayuntanmiento es rico y por cargos no será, faltaría más, allí estaba el gabinete de Prensa en pleno, con un don Sesmero jovialmente camisetado a la cabeza, que desde que dejó de ser concejal parace haberse quitado diez años de encima, aparte de la corbata y la altanera mirada de antaño. Sus ricitos bisbalines apenas dejaban traslucir el nerviosismo que le embargaba en esos momentos: estaba en plenos exámenes para conseguir su puesto fijo de funcionario -sí, de esos de para toda la vida hasta que la muerte nos separe- al que se han presentado también varios opositores muy bien preparados que vamos a ver quién se queda, porque eso duele... pero a bisbalín se le notaba tranquilo. Los ataques de IU, contrarrestados por el apoyo incondicional y -por qué no decirlo- un tanto corporativista de la asociación de periodistas de turno no le hicieron perder la sonrisa. Ni siquiera la presencia un poco más allá -pikiti, pikiti- del Gran Jefe de la Comunicación el irrepetible (¿menos mal?) don Bravo, turbó uno solo de sus bucles pilosos. Arropado por la cámara de Torrevisión, bueno, de Mundovisión alquilada, don Sesmero se agarraba al bolígrafo Bic blandiéndolo desafiante: la información al Poder...
La familia Bravo estaba allí bien representada. El patriarca don Bravo, meciendo sus poco luengas barbas canosas al viento, muy cerca de su medioambientala hija Marina, que tuvo un día parco en palabras. Tan parco que no dijo ni pío. Ni cuando se habló de los informes de su competencia del nuevo Centro Comercial a construir a la entrada del pueblo. Marina asentía fiel y lealmente a las explicaciones de don Herrera, que no tiene ni un pelo de tonto. 'Para qué voy a repetir yo lo mismo -pensaría la medioambientala Marina- si conmigo el dúo urbanizador -Salvador y Gerardo- no tienen ni para tomarse una tapita de experiencia. ¡Que trabajen ellos! No vamos a entrar aquí en los profundísimos temas que allí se trataron, que ya han sido sesudamente despiezados y desmenuzados por los diversos partidos políticos a lo largo de estos días. No es la labor del correveidile que esto escribe. Sí me llamó la atención la embarazadísima doña Alba (no confundir con Albal aunque su niño, felicidades, vaya a nacer con un buen bocadillo envuelto en sueldo aluminio-diputacional bajo el brazo) y su verborrea, abundante pero escasamente afilada. Tiene futuro esta chica, bien arropada por su fiel escudero Rafael, la modelna Mar, el enjundioso Enrique y don Sánchez, incapaz casi de transcribir en sonidos guturales las letras impresas en un folio escrito pero que constituye la fuerza bruta del invento socialista alhaurino...
Pero si por alguien siento un especial fervor cristiano, nunca mejor dicho, es por Mercedes Avila, quien como aquella otra de su pueblo, santa Teresa de Avila, aplicaba a sus quejas, abundantes, un candor y una generosidad más allá del deber... Hay que reconocer que cada día lee mejor los escritos previamente publicados en los diarios digitales, queriendo darles apariencia de naturalidad pero que no engañaría ni a Teresa de Calcuta. Dicen de ellos que los hace un negro, como el libro de Ana Rosa Quintana. Pero que yo sepa, negro no es, aunque sí un tanto alopécico... Reconocer es de labor, que doña Avila de ciencias no es. Esas cifras repetidas por ella de 'ochocientos mil cuatrocientos miles de euros' son muchos euros para las neuronas a esas horas de la mañana. Menos mal que después lo arregló con el chiste de que 'es inadmisible que en el centro comercial nuevo pongan Burguer Kines, porque producen mucho colesterol...'. Luego, alguien me dijo que no había sido un chiste, aunque todos nos partiéramos de risa. No sé. Siempre me quedarála duda...
De lo que no tengo duda es de la transformación habida en la persona de Gerado Velasco. Bueno, más que en la persona (sigue con su cara de haber recién comido pepinillos en vinagre de siempre), trasformación en sus modales. De aquel experto en 'menopausias' ajenas y 'pitopausias' propias, don Velasco parece haber recibido clases de urbanidad y protocolo de la mismísima Cuca García Vinuesa. Su discurso suave, angelical, conciliador y azucarado, sacó de su éxtasis a la etérea santa Mercedes de Avila, quien, embaucada en su candor, se echó en sus brazos por primera vez en su vida felicitándole ante los allí presentes, que no salíamos de nuestro asombro. ¡Mercedes reconociendo y agradeciendo que don Velasco no le insultara nivilipendiara! Si no los conociéramos, podríamos haber pensado que allí había inicio de rollete. Político, claro. Pero por algo se empieza. Que los más grandes amores nacen de los más profundos odios...
Y como esto se alarga, habré de dejar para otro día temas puntuales del pleno, para aclarar dos temitas para mí importantes. Uno, el espeto, y no de sardinas, de Francisco Pérez Ríos. Don Pérez me espetó abocajarro y sin avisar: 'Juan Carlos, en el escrito de la cena de Roque no nos sacaste a los del pueblo'. No comprendí nada. ¿no eran del pueblo todos los que allí estaban y 'saqué' en las fotos? Pues va a ser que no, según don Ríos... arroyos y cañadas que son su especialidad. Quise explicarle a don Ríos que la cámara con la que tiré las fotos de la cena dejó desenfocadas más de la mitad de las instantáneas, por lo que no pude publicar una por una las trece o catorce mesas del evento. Cosas del directo, don Francisco, aunque usted ni siquiera me dio tiempo a explicaciones. Que es usted muy suyo y debe ser un poco duro de oído, porque oyó pero no escuchó mis excusas, por otra parte ya publicadas. Amén.
Y el que estuvo genial, de libro gordo (de Petete), fue, con mucho, don Villanova. ¡Qué arte tiene toreando opositores! ¡Cómo clava la puntilla a los puntos del día, los ruegos y preguntas, muriéndo de éxito y de placer en ello! Lo de menos es que tenga razón o sea ética e incluso moral su argumentación. Todo ello queda proscrito a un segundo plano ante su vehemencia, su sabiduría y buen hacer, su aplomo de auténtico estadista. En la cabeza de Manuel Fraga cabía todo el Estado. En la de don Villanova, más grande aún, cabe todo el universo universal...
Fue mi tio cascarrabias, don Caravias (el rojelio que se va a autodexiliar a Cuba si el PP gana las próximas elecciones) quien abrió la caja de Pandora preguntándole al sulfurado alcade: '¿Se puede saber por qué no fue usted al homenaje de Roque? Se entiende que 'estos' (señalando a los del PSOE) no fueran, pero usted es el representante del pueblo, y Roque un personaje público. Debía haber ido allí'. Y allí comenzó la contrahipérbole circunstancialmente demagógica más increíble que he visto nunca. Sin mover un pelo de la ceja, el alcalde contestó: '¡A mí nadie me invitó'. Y tenía razón el primer edil. Ni el que esto escribe, autor inicial de la idea de la cena, ni los organizadores de la misma, le invitamos como institución, ni falta que hacía. Era una reuinión de amiguetes de Roque, entre los que no creo que se cuente él mismo. Pero lo más alucinante fue el retruécano alcaldil para justificar, por si cabía alguna duda, su ausencia allí: 'El homenaje se le hacía COMO MAESTRO, y tú bien sabes que yo a homenajes de maestros no voy, y no hubiera ido aunque me hubieran invitado. A ti te hicieron un homenaje como maestro y no fuí ¿verdad?'. Y dicho esto se quedó más ancho que largo.
Todos me miraron a ver qué cara ponía, que no puse ninguna. Me limité a ojear a Luis Bravo que me decía con sus ojos : '¡A mí plim, yo duermo en Pikolín!'. Ahí descubrí al gran estadista que es nuestro jefe y líder, loado sea por siempre, Joaquín Villanova. El único que no se había enterado de que la cena de Roque no era un homenaje a un maestro de escuela, sino el reconocimiento a un amigo por parte de sus amigos. Y punto. Se dijo por activa y por pasiva. Pero el único que no se enteró, ni por la prensa como hacía Felipe González, un despiste supongo, era don Villanova, cuya candidez me produce ternura y hasta un cierto grado de complicidad. Pobrecito, es que a veces no se entera... Aunque, a decir verdad, le pillamos en un pequeño renuncio. En el anterior pleno, había afirmado con rotundidad que él no leía Alhaurín.com. Y sin embargo tras la 'boutade' del homenaje magisteril, se arrancó por peteneras: '¡Ydice que no se va (por Roque) de la política!. ¡Y que hay que denunciar las choricerías que se cometen en este pueblo!....'. Pues para no leer el periódico digital, está usted muy bien enterado de lo que en él comentamos, alcalde y compañero Joaquín...
La oposición solicita que se emita en directo todo el pleno. Don Bravo calibra la posibilidad de colgar de internet únicamente el audio, grabado con un pequeño MP3 de bolsillo. ¿No sería más fácil sacar la señal del amplificador de sala en el que enganchan los micrófonos de la mesa cuyo sonido escuchamos a través de los altavoces? No es lo suyo, pero algo es algo. Un algo al menos con buena calidad.
Si ha llegado hasta aquí, querido lector, se ha ganado medio Cielo. Habrá hecho un esfuerzo parecido al que tuve que hacer yo para tragar y digerir varias horas de pleno. Prometo y amenazo con nuevos escritos sobre el mismo. Y contaré quién se sacó un moquillo con la uña del dedo meñique y quién miraba con fijación casi enfermiza el 'canalillo' de la concejala Mar Jiménez... escasamente disimulado por una blusa ¿premeditadamente? ajustada.
Juan Carlos Sanz de Ayala |