Haciendo caso de su invitación, Sra Ruiz, (no he dejado de leer con interés algunos de sus artículos), he leído el último aparecido y, quizá debido a mi ignorancia sobre el tema, esa ignorancia a la que usted alude, de verdad que me ha parecido fascinante, y he quedado sinceramente asombrado del ínfimo lugar que ocupamos con respecto a la inmensidad del universo, que yo presentía más pequeño, con nombres de planetas y estrellas de los que jamás había oído hablar. Es un documento verdaderamente sensacional que me he apresurado en guardar en mi archivo.
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Quizá no sepa decirle de donde vengo, pero si exactamente donde voy: convertido en pequeños átomos de polvo seré, no sólo dispersado entre las estrellas que componen ese maravilloso universo, sino completamente olvidado después de que varias y sucesivas generaciones se olviden hasta de este nombre que hoy llevo con tanto orgullo. Lo sé y lo tengo más que asumido sin excesivo pesimismo puesto que es lo que a todos nos espera mas temprano que tarde. Pero mire usted, Sra Ruiz, ese gran universo queda a años luz (nunca habré dicho una frase más exacta) de lo que representa el pequeño universo donde, al menos yo, vivo y me desarrollo; ese otro universo tan inmenso y lejano me es imposible abarcarlo, y yo necesito algo más tangible donde agarrarme y ser yo mismo. Y ese lugar, ese pedazo de tierra donde se agarran nuestras raíces, en detrimento de lo que algunos/as piensan, es mi patria, y lo es porque en ella tengo todo lo que me pertenece y quiero: mi casa, que la he levantado con mi esfuerzo para en ella vivir con mi familia que es la parte más importante de mi felicidad; esa parcela es mi patria porque en ella tengo tantos innumerables amigos que me son imprescindibles para sentirme querido y respetado y, en la medida en que no atento contra la de los demás, en ella tengo la libertad de hacer y decir lo que me viene en gana. El pensamiento de ese patriotismo que a usted le parece “una ignorancia especialmente dañina”, no creo que a nadie cause daño que se sienta respeto y cariño por el lugar que lo ha visto nacer. Porque como seres humanos tendremos que hacernos firme sobre algo sólido que nos sostenga y donde podamos sostenernos. ¿Qué no es esa patria deseada por algunos/as se dan en negarla, cuando no despreciarla abiertamente?, pues muy bien, ellos/as sabrán si les da lo mismo que sus raíces arranquen de China, del Congo o de Saturno, por ejemplo. Pero entonces seremos átomos de polvo en estado vivo vagando en ese espléndido universo sin ataduras a nada ni a nadie, vegetando, y solo esperando a morir para seguir en el mismo estado de desarraigo de cuando vivíamos. No piense, Sra Ruiz, que todo el que ama a su patria cree forzosamente en los siete días de trabajos forzados atribuidos a Dios, Yaveh, Alá o a cualquier otro dios que el hombre se haya inventado para justificar la compleja creación del universo. Ni que le “parte la cara” a nadie por defender a ningún hipotético Dios habido o por haber. Pero si hay quien ha cruzado (yo, por ejemplo), algún que otro golpe con alguien que ha tratado de ridiculizar u ofender mi patria. No con ningún español, que el desprecio que me produce quien niega el suelo donde ha nacido ya es bastante para ignorarlo, sino con más de un guiri o gabacho que han pretendido desprestigiarla. Pero ojo, siempre defendiendo a ése trozo de tierra que yo tengo por patria, no a los que la han gobernado o gobiernan, que la mayoría de las veces lo ha hecho o lo hacen mal; defendiendo ese trozo de tierra donde “circunstancialmente” nací, pero donde reposan los huesos de todos mis antepasados o sea, mis raíces, y que yo considero mío: ése pequeño territorio perdido en la infinitud del universo, que se llama España, y que está identificada con la bandera roja y gualda, aunque aquellos/as que la desprecian nos identifiquen a los que si la respetamos con…¿qué?. Aún quedan quienes quieren fraccionar una España que es de todos, unos empleando bombas y pistolas, y otros con palabras que no provocan sangre, pero que dan la sensación de estar del lado de los que si vierten esa sangre inocente que a todos debe de dolernos. Yo amo el pedazo de tierra que es mi patria, o mi patria, que es ese pedazo de tierra donde he batido mis sueños e ilusiones. Y como soy el soñador empedernido que trata de ver el lado bueno de la vida y además expresarlo en forma de ripios, permítame que le muestre más gráficamente la idea que tengo de mi patria.
Dios quiso hacer de la naturaleza un conjunto de vastos semilleros con enormes despensas y graneros llenándolos de grano con largueza.
Volcó sobre los campos la riqueza; colmó de aguas los ríos y veneros, queriendo que de Adán, los herederos, vivieran sin temor a la pobreza.
Pero mientras que el hombre va secando las raíces a las que el ser se aferra destruyendo las fuentes de la vida,
yo sigo tenazmente laborando mi pequeña porción de noble tierra en huerto por mis manos convertida.
Ésta es, Sra Ruiz, la idea que yo tengo de mi patria: el lugar donde duermen para siempre mis seres queridos, o lo que es lo mismo, donde se agarran mis raíces; el lugar donde trato de vivir honestamente, donde deseo estar en paz con todo el mundo, y donde creo que casi todos ponemos nuestra mejor voluntad para que sea mejor de lo que fue en otro tiempo no tan lejano. Los que prefieran otra patria o incluso no tener ninguna, allá ellos. Pero me horripila la sola palabra de apátrida.
Mi más cordial saludo. |