que había que matar: un delincuente le puso precio a su asesina mano, y para su trabajo cotidiano se desplazó hasta aquí. Cobardemente,
para cumplir su triste cometido, traía ya tu nombre y apellido grabados en el plomo de una bala.
Y te dejó tendido en el camino con la saña y crueldad del asesino que la fiera más fiera no lo iguala.
Quizá sea esta la bandera bajo la que muchos quisieran militar; bajo la que se cometen tanto crímenes y desmanes; bajo la que, en contra de lo que creen, viven más oprimidos y obligado, hasta dejar de ser humano para convertirse en la más corrupta de las fieras. Cada vez parece que hay más adeptos a vivir bajo otros símbolos y bajo otros colores. Porque primero se empieza por humillar a la bandera bajo la que se ha nacido y hecho hombre, para luego militar bajo otra que va en contra de sus propias raíces. Y hasta se sienten orgullosos de publicarlo a los cuatro vientos. Para que sepamos lo que son.
Paco Acosta 12.octubre.2007 |