El vino es la leche de los ancianos. PlatónEscribe Walter Pimienta.- Llegó la pandemia y el desdichado del alcalde del pueblo, a Paredes Pardo, un viejo jubilado de la construcción, de 77 años de edad, 57 de ellos de diaria milonga y vino, le cerró el bar de la esquina. “Asunto de salud y orden pública”, dice el papel pegado afuera. …Y a Paredes Pardo, lo redujeron desde entonces a tres despropósitos diferentes: al de “no puedes papá salir a la calle” –que le dijeron terminantemente los hijos- Al del intrascendente uso él tapaba bocas como escudo contra el coronavirus, y al de escuchar al presidente a las 6 de tarde en televisión en si auto novela de no creer titulada: “Así va el coronavirus en el país”. ...Y, allí, allí en la esquina de su calle, ligado a lo más entrañable del corazón, el cerrado bar en el que la callaron los himnos de sus boleros de traga níquel y sus rancheras de balas perdidas…A Paredes Pardo le cerraron su segundo hogar, promesa cotidiana de vinos y cervezas, de alegrías y desamparos; pero también sitio de la últimas esperanzas escritas en papel servilleta mientras apura el vaso y en ella escribe temas de la vejez para la vejez y pide de Perales, “Canción de otoño” y de Nicola di Bari, “Sé que bebo, sé que fumo”…letras de un romance que se quedó en espera…. Qué excluyentes fueron las autoridades con Paredes Pardo. Él es uno de esos viejos que hacen de los asiduos bares de esquinas, otra patria sin tiempo para el tiempo. Que hacen de la ciudad otra ciudad de espalda a ellos en la geografía conocida de la misma calle, los mismas casas y los mismos vecinos; dueños de un territorio donde permanecen pero borrados por otra generación la generación del desarraigo y pobre de historias… |
Paredes Pardo muere en lo cotidiano: la casa, el bar, la canción de Perales, la canción de Nicola…La canción de Nicola, la canción de Perales, el bar y la casa; pero muere a pedazos en lo extraordinario de ver un nuevo día; ahora no, ahora, cerrado el bar de la esquina, Paredes Pardo muere por encima de los acontecimientos y, lleno de rabia, le mienta la madre al alcalde… Paredes Pardo es feliz con los fantasmas vivos de su bar; es decir, con sus viejos amigos, reviviendo en el traga níquel a Gardel con “Tomo y olvido” y haciendo de “La vida sigue igual”, un canto de fe que les regala Julio Iglesias. El bar de la esquina es parte de la vida de Paredes Pardo. Él, allí, es una estampa de costumbre, elemento del paisaje que se distrae en la añoranza de Marilyn Monroe mostrando al viento sus piernas en una foto que nunca muere. Paredes Pardo ha descubierto en el bar de la esquina lo fácil que es ser poeta a punta de vino y cerveza…y allí, allí, en el bar de la esquina, escucharle hablar es escucharle esa mixtura de música, de calle, de gente, de pasiones y de mujeres que le ha regalado la vida en lo tangible y lo intangible de amores que fueron y no fueron y, en tal caso, viviendo en esa edad en que ya no vale la pena guardar a secretos lo cuenta todo sin dejar de matarle la madre al alcalde porque le cerraron el bar de la esquina y del que, a su juicio, dice tiene ganado mediante el vino un pedazo de la escritura. Por la ventana de su vejez, Paredes Pardo, queriendo escapar de encierro, mira en sentido del bar de la esquina con puertas cerradas guardando adentro las voces de los viejos que como él y con él, desandan ahora amistades y antiguos pasos. “Qué no me cierren el bar de la esquina”, les dijo Paredes Pardo a sus hijos soñando juventudes con una cara triste estrangulando inconforme el tiempo que se le va…Y con voz medrosa, de un tango mentiroso y que le duele por dentro, canta: “…Sentir que es un soplo la vida/ que veinte años no es nada/ que febril la mirada/ errante en las sombras/ te busca y te nombre/”… Pared Parda no se recoge de palabras para maldecir al alcalde que le cerró el bar de la esquina y, con estas mismas palabras hace su poema diario, poema de barriada, dejando cada en verso un pedazo de su viejo corazón enamorado cuando la vida era bella. Hablar del bar cerrado de la esquina, es hablar de Paredes Pardo, una memoria que recuerda de Consuelo Velázquez su “Bésame mucho” cantando Bocelli, degustando en la barra de madera el bouquet de un buen vino que filtra en un vaso los rayos de un sol de la tarde y que por alguna hendija se mete en el afán de beberse siquiera la última gota…y, en ese momento, él, él, desde su ventana susurra: “Solamente una vez/ amé en la vida/”… y se hace a la idea de las cambiantes luces del traga níquel en el pretérito de una mujer de su pueblo que le hiciera escribir cartas de amor, dejando en ellas fragmentos de un corazón que equivocando sus pasos, se fijó en otra. ”Qué no me cierre el bar de la esquina” se dice Paredes Pardo más solo que nunca en el desarraigo de esta la primera canción que al llegar al bar pedía…”Hola soledad/No me extraña tu presencia/Casi siempre estás conmigo/Te saluda un viejo amigo/Este encuentro es uno más/”…
Walter Pimienta Anímese la lectura de esta crónica, pulsando: https://youtu.be/2_vcw-VEKRM
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