
Estamos en el inicio de una nueva época. Con la llegada de la pandemia del coronavirus los cambios se han acelerado. Los grandes avances tecnológicos y científicos están dando forma a maneras diferentes de abordar los problemas sociales. Es necesario que los Gobiernos tomen nota de que todo es posible para garantizar el bienestar general de los ciudadanos.
Sería preciso que el tamaño de los sistemas administrativos y burocráticos sea mayor de lo que ya es. No extraña que un 27% de los jóvenes quieran ser funcionarios por la estabilidad económica que proporciona y todas las personas tendrían que tenerla, con distintos procedimientos laborales. Y esto para que los derechos de todos no sigan siendo algo puesto en cuestión en la realidad cotidiana, por falta de medios y personal. En la sociedad telemática o digital en la que ya estamos instalados la eficiencia puede ser mucho mayor.
Una vida digna para todos ya no es algo utópico, porque se puede conseguir, pero es precisa una organización extraordinariamente minuciosa por parte de los Estados, en relación con el desempleo y las medidas que se tienen que tomar para que el bienestar llegue a todos los que lo necesitan, sin exclusiones ni excusas.