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Relato-testigo
Mi maleta de cuarentena
Cuentos y relatos globales. 07.06.20 
Uno vuelve siempre /A los viejos sitios/Donde amó la vida/Y entonces comprende/Cómo están de ausentes/ Las cosas queridas… (Cesar Isella).
A quienes confinados  por la  pandemia, igual  que  yo,  no  han  podido  regresas a las cosas queridas
Escribe;  Walter  E.  Pimienta Jiménez.- .Mi  maleta de  cuarentena se  ha  quedado en  el  rincón  de  un  cuarto, allí duerme  sus  ganas  de  viaje sin visa ni  tiquete de regreso  ni  pasaporte. Nadie  viaja. El  mundo se detuvo y  la muerte ronda. Es imprescindible quedarse en casa donde la  vida  reside y  no nos  habíamos dado cuenta.
  Cada  uno  tiene una maleta que  le  identifica;  la  mía es de  color marrón militar y  con  ella tengo entrañables relaciones de viajero; conoce  mis secretos… sabe  que en los  aviones me  gusta el  puesto del pasillo…Miro  mi  maleta y  me seduce viajar, pero la  pandemia me  ha  hecho,  por  cinco  meses, echar  raíces donde  ahora  estoy imaginando  caminos y  ya, sin  darme  cuenta,  me  estoy pareciendo a los de  por  aquí…Anoche le  pedí a  mi  esposa me  mandara por  “wasat”  una nueva foto de ella para no que  no  se  me  olviden ni   su  cara ni  sus  besos y  así  no se  me  olvide quererla…Y, entonces, es posible que los  lunes,  cuando  por  el  ultimo digito de mi  cédula salgo a  la calle,  con  los  demás,  termine  confundido en el  olor a  tinto  recién colado que  cada  mañana inunda al  pueblo de café sembrado…
  Mi  maleta  es  parte  de  mi  memoria y algo  tan mío… me  pertenece tanto que,  sobreviviente de  viajes, tiene,  como  yo,  alas de  golondrina y de   hospedaje  de  paso; pero ahora,  ahora en  las  sombras  de mi  cuarto sin sol ni  de verano,  equivocada de sitio,  sólo  guarda llegadas que  no llegan como  las  flores  de  amor que, el  de  las  encomiendas equivocó y,  desacertado, me  las  entrega diciendo:  “Tome. Creo  que  son  para  usted…y  si no, cójaselas”... Así funcionan por  acá las cosas...
  Mi  maleta conoce el  cielo de su  cielo y la  calle de  su  calle y  la  casa  de su casa;  la identifica porque,  como  yo, también  tiene alma de  pájaro perdido y  por eso quiere  irse llena de mi  ropa,   de mi gorra, de mis  camisas y  camisetas,  de  mis  “yines”,  de mis tenis y  mis  usos… Si  caminara,  ya se hubiese  ido, pero  no  puede  dejarme y  sabe que a los dos nos  va  ganando  la tristeza de  quienes no  estamos  con los nuestros.
  Mi maleta,  en su  frío  mutismo de  valija inexistente de aeropuertos, me  habla con  su  silencio de inmovilidad y lejanía… y, a veces,  creo,  me  cuenta  historias de  los  dos para  que no  se me  olvide, como  la  vez en  que,  descuidado y  ensimismado, mirando a una elegante  rubia, la  dejé en una sala de espera donde  nadie  nos esperaba y, a gritos,  volví  corriendo  por ella en  tanto,  también  gritando  me decía: ¡No  me dejes! ¡Nunca me dejes!...Ese  día  lloró  lágrimas de “llévame”…A si  como  ahora llora  lágrimas de…” cuando  nos vamos”…” de quiero  irme  ya”…Y en  tal  caso me digo: Cuántas maletas como  la mía,  tal  que  yo, no  ansían  viajar y  no  encuentran fuga…
  Seguro  a  usted le  pasa  lo  mismo confinando no  se sabe hasta  cuándo por la  pandemia que  nos  corta  la felicidad de  un abrazo y  que  nos quiere  matar  por  viejos y  por  débiles… Una  colorida mariposa entró  hoy  a mi  cuarto,  aleteó y  se  fue…Tenía en  su  frágiles alas la certeza de la libertad en  tanto espero el  grito noticioso del…!Se acabó¡ ¡Pueden  salir! ¡Pueden irse  ya!...Pero abro  la ventana y  nadie me entera de que  la  historia sea  otra. Y  vuelvo a mirar mi  maleta que  guarda el  perfume que  uso,  lenguaje cifrado del  último  adiós, cremallera que guarda dentro  de ella el  espíritu del  último tiquete incierto  de regreso…
  Uno  en  esta  cuarentena,  se  va acostumbrando a  otras historias, a otros umbrales, a otras puertas y  dinteles. A  los colores de  las casas vecinas y  a  la placa del  auto viejo que  muere de óxido  estacionado frente al hotel que  ya   es algo efímero de huéspedes, ni tiene  en sus  paredes aventuras de amantes…Uno en esta  cuarentena,  ya  distingue el  sonido quejumbroso de las  puertas  que se abren y  se cierran solas y,  buscando  qué  hacer, sacude  el  polvo de su  maleta para  adivinarle  sus  sueños de  viaje y  sus  pesadillas de encerramiento: por eso, por eso  he  decidido que el  día en  que  por  fin nos  den salida, y  juntos  nos  vayamos,  meteré en ella mi  alma,  cabe  allí perfectamente y  me  sobra espacio para   llevarme bajo  llave,   mis  penas y  abatimientos de recuerdo junto  con mis  pesares que, liados con mis camisas, también  en ésta caben …

Acompáñese, si quiere, la lectura con esta canción que dice tanto pulsando:https://youtu.be/fXvz4bkQRZI
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