
Hay un anhelo escondido detrás de cada suspiro. Un sueño, un deseo sin cumplir. Una voluntad retenida o una conveniencia sometida.
Oculto tras un suspiro siempre hay algo más. Un "si yo pudiera...", un sencillo "ojalá...". Tal vez, incluso, el peso del mundo entero sobre unos hombros, detrás de un "si yo te contara...".
Un suspiro habla por sí solo de una carencia, que a menudo se simplifica en un no saber por dónde empezar.
A contar, a caminar, a desenrollar la madeja, o a desandar lo andado, cuando ya hemos constatado lo erróneo del camino.
Cuando escuches un suspiro en el pecho de un amigo, pregúntale qué más le ocurre, y dale tiempo. Tiempo suficiente para localizar la casilla de salida. Ten paciencia. A veces no hay palabras exactas para expresar un dolor.. o un miedo... o una necesidad.
No es fácil controlar un suspiro, pues a veces se deslizan sin darnos cuenta, casi siempre en soledad, o delante de alguien de mucha confianza. Muy a menudo suelen manifestar peticiones de auxilio, estranguladas por pudor.