
Al cumplirse un mes de confinamiento de la población española, los datos de incidencia que nos deja el coronavirus no son nada alentadores, aunque continúan en descenso. A fecha de hoy, 13 de Abril, las personas contagiadas ascienden a 170.000, las fallecidas suman 17.500 y las personas curadas ya son más de 65.000. Hoy hemos tenido el terrible dato de que de los fallecidos 10.000 eran ancianos que vivían en residencias.
Iniciamos el segundo mes de confinamiento y a nivel mundial ya somos más de 4.000 millones de personas las que nos encontramos en esta situación. Un aparente lazo de complicidad nos reubica como especie.
En busca de algunos “beneficios” que nos deja esta pandemia y sin ánimo de frivolizar con la desesperación de los datos, intentaré señalar aquello que me parece más relevante. Durante este periodo, como afirma Miguel Ángel García, “El respiro que le hemos dado a la atmósfera es la única luz blanca que cae sobre una oscura pandemia”. La escasa movilidad ha provocado una limpieza casi absoluta de nuestro aire, ese que respirábamos a sabiendas de su alto grado de contaminación. Los cielos limpios en las grandes ciudades deberían de hacernos pensar que nos merecemos vivir mejor. Los mares y océanos limpian sus aguas, se regeneran especies, nuestros ríos y arroyos fluyen con aguas más cristalinas.