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Tu diario. Libertad de expresion

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Autarquías diversas
Jose Maria Barrionuevo Gil. 01.03.20 
Todo el mundo que nos hemos encontrado, para ilustrar una conversación ocasional, nos ha referido alguna vez que otra aquel dicho o expresión de “Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como”. El suelo patrio de Juan Palomo no podía ser menos y siempre fue muy suyo, muy propio para emprenderlas sin ayuda de nadie. Claro que, como ya sabemos, quien lo dice tiene más seguridad que nadie. No hay quien lo eche para atrás. Cuenta con todos los saberes y todos los motivos para ser así y para actuar con absoluta autonomía.
Los JuanPalomo dicen mirar siempre adelante y por eso no nos extraña que se dejen todas las luces encendidas y que no tiren ni de la cisterna... Aunque la desmemoria voluntaria les asiste cada dos por tres, se las dan de saber mucho; pero como “no hay mal que por bien no venga”, saben tanto que ignoran demasiado y por ello quedan sus seguridades desnudas y nuestras dudas satisfechas.
Como cada vez que pueden, los autarcas no se arredran, por muy evidentes circunstancias que les denuncien, sacan cabeza de historias sospechosas o se inventan historias que no son ni sospechosas. De esta manera se consideran dueños de la historia y vuelven sus miradas falsamente a lo que no fue y sí a lo que no tenía que haber sido. Así ignoran que la prisa que los “nacionales” de antaño se tomaron para terminar con la corta república, condenaron a su España, a toda España, a una autarquía de veinte años, por lo menos. Salvaron a España de un progreso “pernicioso” como fue la alfabetización de los pueblecitos y la ilustración y el modernismo y la modernidad y nos dieron un lustre de filias y fobias que imperaron en todo el terruño patrio por demasiados años.  Fueron “los que no adelantaron a la solemne patria el pan, sino las lágrimas” (P. Neruda)
Como dijimos hace tiempo, en esta España “Única, Grandiosa y Liberal”, autárquicamente cada uno va a su bola. No digamos si la ignorancia se reviste de soberanía democrática y sigue la “escondida senda” de los artífices de tantas tergiversaciones y manipulaciones, haciendo de lo blanco un todo negro, de lo perverso una ciencia histérica más que histórica, de lo verdadermente ominoso un santo y seña de un propósito político y políticamente ciego.
No nos quedan tan lejos las quemas de libros ni el tenerlos que traer de contrabando ni el tener que conseguirlos en pisos clandestinos que no en librerias, ni el tener que dar a nuestro librero todos nuestros datos personales para que nos pudieran servir algún que otro ejemplar  que necesitábamos por motivos de estudios...
Tampoco se quedaban atrás los psicólogos que bebían más en las fuentes de sus prejuicios que en el manantial de la ciencia. La pobreza intelectual volvía a hacer de las suyas y la psicología quedaba a expensas de un cierto pensamiento no solo único, sino tercamente unificador y totalmente autárquico.
Ahora que las luces de la razón se nos acercan tímidamente, las medievales antorchas aparecen por todos sitios, creando de nuevo unos reinos de taifas tanto intelectuales, como políticos, como religiosos, que no ceden en su empeño por conseguir la vuelta a las autarquías de antaño.
Lo que a duras penas ha sido una memoria histórica queda deshecha en un “santiamén”, y nunca mejor dicho. El reconocimiento de lo que fue una traición más y una venganza más de los traidores victoriosos contra los confiados defensores de la democracia, que, en sus días, volvieron a sus casas porque sus manos no estaban manchadas de sangre, queda literalmente por los suelos. Ahora esa memoria es arrancada de cuajo de las paredes dedicadas a nominar la memoria de las víctimas de la brutal represión de la dictadura, años después de la guerra.
Las autarquías, que no han cesado ni un momento, han ido haciendo de su capa un sayo y se las han ingeniado para ponerse de acuerdo con quien luego nos hablaría a todos de “las ramas y el árbol”, pero en catalán. También con los temas de los distintos estatutos y en distintas lenguas...
Las autarquías se han hecho hasta bastante personales, como hemos podido rebobinar con tantas puertas giratorias de las ultras y modernas cofradías políticas, que son conducidas por los que ahora nos ponen una cara apocalíptica de espanto, cada vez que nos regalan la imagen y toman la palabra.
¡Qué poderío nos desgranan las autarquías, que no nos cesan, por los cuatro costados!
josemª
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