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Un  cuento de  la  juventud
'Nunca más supe de ti'

Cuentos y relatos globales. 23.02.20 
*De  lo  que suele  ocurrir  cuando  no  se dice a tiempo: “Yo  te amo”… y  se  da  la espalda  al  verdadero  amor.
Escribe; Walter  E.  Pimienta Jiménez.- Nunca supe  más  de  ella hasta el  día en que  la encontré, 50 años  después, por  la  internet. La pensé por décadas, susurraba  su  nombre. Allí estaba su foto con  su  sonrisa  de  los setenta y,  del  otro  lado de  la  red, en  mi  computadora fría y  muda,  la  frustración de  un primer amor que  nunca le  declaré.
Habían  pasado cincuenta años y,  de  nuevo,  en  mis  oídos, su  cálida  voz juvenil  cantando de  Gibliola Cinquetti aquella canción que  tanto le gustaba: “No  tengo  edad/ no  tengo  edad para amarte/ y  no  está  bien/ que salgamos  solos dos/No sé qué más/no sé qué más puedo decirte/tu sabes bien, muchas más cosas que yo/Deja que viva este amor tan romántico/deja que llegue el día soñado/mas ahora no/...
Ahora,  ella y  yo, pasamos  de  los sesenta, pero allí, allí  en  la  pantalla    del  monitor,  está  su  rostro  joven de antes y de ahora. La última  vez que la  vi fue  en el  colegio. Estudiábamos  juntos.  Tardé una eternidad en  encontrarla.
El internet me  dijo dónde estaba y lo que escasamente de su  persona quería  se supiera de  su  vida.  Yo  me  casé, ella también. Vinieron hijos,  luego nietos y las  carreras de la  vida…Yo,  tiempo  después, me separé. Nunca me  pasó por  la  cabeza soparme;  pero fue  algo que  llegó y  ocurrió…

por 
Ella no   era de  mi  pueblo.  Llegó a  vivir entre nosotros con su  familia como  por  cuatro  años dado que  su  madre era  profesora de la misma  institución donde   ambos,  en  cursos  distintos,  estudiábamos…teníamos la  misma  edad,  en  ese  momento, como  unos  quince…Era  bella,  lo  sigue  siendo. Lo  dice  su  foto.

A.M., vivía una  dos calles  antes  que  la  mía,  en una  casa grande de esquina y terraza. Allí,  en  nuestro  pueblo, el  mundo era  otro…y  por  sus  calles de arena,  la  gente  pasaba y  saludaba…era  grata y de  las  cocinas,  por  las  tardes, en  guisos y  asados, salía el  olor de  la  vida y  se  daba a  otros la  hora desfallecida en  relojes que  no  querían andar.

Cómo me  gustaba  su cinturita, su  paso  elegante y  discreto y  natural que no   hacía ruido. Su  rostro de merecida estrella del  cine o  de  actriz de  una fotonovela de Corín  Tellado…A  veces se hacía  una trenza que  la  enmarcaba  toda y  otra  vez su  sonrisa intrigante.

En  aquel  tiempo  la  vi  y  quedé  prendado  de ella…Quién sabe  si  ella de  mí,  no  creo…Era un  muchacho delgado,  tímido,  rondador su  esquina que sólo  la  veía al  ir  y  al  volver del  colegio buscando  ambos el  futuro. Yo  quería  ser  médico,  terminé de maestro.

Después  de  clases,  por la  misma  calle,  sin decirle nada,  acompañaba hasta su  casa. Siempre,  siempre,  bajo  la eterna mirada celosa de  su  padre que la  esperaba…Y yo, sin  darle  un abrazo y, de  miedo,  con  ganas  de  salir  corriendo… y  creyendo que  el  hijo  de un  campesino no  sería lo  que su familia tendría en  mente para ella…Una  distancia invisible  me resultaba insalvable.

Me  era  incómodo ser un  simple  amigo de A.M. Por  eso me  alejé;  fue uno  de  los momentos más  triste de mi vida.

La perdí de  vista.  Vinieron mis estudios   de  normalista en  la  ciudad,  mi matrimonio a  la ligera y  muy  joven;  tres hijos,  la  universidad…Y,  a lo  mejor ella  también casada y  con  hijos…En mi  matrimonio no  fui  feliz,  pero  hice lo  posible por  serlo y  terminé pareciéndolo hasta  cuando no  se  pudo más ni  nada lo  evitaría.

Hubiera  querido para  A. M., junto  a mí,  un pueblito tranquilo donde lo  que  más se disfrutara hubiese  sido  vivir,  y  allí  a prender a  envejecer entre un  círculo  de  amigos viejos con  encuentros de  domingos hasta cuando se  me acabaran los domingos…

Alguna  vez, de  enamorado, quise escribirle  una carta. Me   atormentaba la  idea de  su  rechazo. Y ni  siquiera  la escribí. Yo   era un adolescente y  empecé otras búsquedas.

Nunca  la  olvidé.

Quizá  el  Facebook le  habría  mostrado  mi  pelo blanco,  y mis  ojos tristes y  mi  sonrisa tímida de  los 17.

…Y  entonces me  imagino que de estar en  la  ciudad donde vive A. M., contactando con ella a  fin de  vernos, la  invitaría a cenar.  Organizaría todo…y le  mandaría por  Facebook un  mensaje para  que  se arreglara y  llegara  a  la  cita más bonita de  lo  que es…y la  esperaría nervioso pero  sonriente…con  un  ramo de  rosas y en  este  una  nota que dijera: Gracias  por esperarme 50  años…

…Y  saliendo  del  restaurante tomados de  la mano, seguro  no  faltará el  curioso que,  viéndonos,  dirá: “Cómo  se  quieren los señores”…Y  yo me  diré:   en  verdad,  existen los milagros…Y  de nuevo  le  diría: Gracias…

…Y  cada  tarde, de  mudarme a  la  ciudad  de A.M., nos  reuniríamos a  tomar café como una  manera de no   estar  solos…Ya  sé lo  que  pensará la  gente: al  vernos  siempre  juntos: que somos  amantes… Y  un a  tarde  de  esas,   a su  cita iría con  su  hija y  me  la presentaría como  amigos de  cuando en  mi  pueblo fuimos  estudiantes…Y yo le  diría  a su  hija: “Nunca gané la  competencia”…Y  ambas  entenderán  y  agregaría: “Tuvimos toda una vida por  delante para amarnos pero  nunca  fue”…

Todo quedó  50 años  atrás…y,  a lo  mejor, su  hija nos  dejará a  solas para  la  intensión de  un  primer viejo beso sin  presiones…Y  la besaría…y  por  m mejilla correrá una lágrima…y  la abrazaría y  tomaría  su  mano y  le  diría:

-¿Nos vemos  mañana? Di  que  sí. No sea que  antes muera de  amor.

NOTA. Esta canción, de  aquella época,   hace  referencia  al  tema. Pulse el  enlace   y  escúchela … https://youtu.be/koYTx0K9dCQ
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