|
Libertades que matan | | Francisco Miguel Gómez. 17.02.20 | | Este sábado tuvimos la triste noticia de otra celebridad se quita la vida. Esto no es nuevo, si siguen la prensa amarilla británica, entenderán como el ataque sin pudor de periódicos a famosos (y no tan famosos) puede fácilmente acabar con la estabilidad mental de cualquiera. Caroline Flack era la presentadora de “Love Island”, otro programa de telerrealidad (o más bien, telebasura) de esos que solemos copiar de los británicos. Aquí en la isla de la reina llevamos ya seis temporadas y tres suicidios, no sé cómo lo lleváis por ahí en la península. Ni me importa, vamos, estos programas me aburren. Lo que no me aburre, y me preocupa, es la influencia que tienen en la vida del ciudadano, particularmente su impacto en los jóvenes. | En la era de las redes sociales, la libertad de expresión sirve de arma para aquellos cuyo trabajo es explotarla al máximo, y por supuesto, se ganan su salario legalmente. El problema que tenemos es que cuanto más extrema sea la noticia, más vende. No importa cuanto se tergiverse la realidad, de hecho, cuanto más se manipule, más reacción se obtendrá; y el algoritmo matemático para decidir su importancia, elevará el embuste a primera página. Al mismo tiempo, y mientras la reputación del individuo se reduce a cenizas, las hienas de la prensa amarilla se llenan los bolsillos. Desde mi conciencia y mi adoración de la libertad individuo, yo sería el último en ponerle frenos a la libertad de expresión; pero debemos entender que las libertades que disfrutamos conllevan una responsabilidad. Y esta responsabilidad pasa por no hacer daño a nuestros semejantes. ¿Es posible proteger la integridad mental del individuo sin caer en la trampa de la censura, cuando ni siquiera nuestros responsables políticos tienen el conocimiento científico o la autoridad moral para legislar en consecuencia? Probablemente llevemos desde 1984 buscando una solución. Si ponemos los hechos recientes en contexto, Caroline fue denunciada por lanzar una lámpara a la cabeza de su pareja Lewis Burton el pasado mes de diciembre. Lewis intentó retirar la denuncia, pero el fiscal del estado no le dejó. Algunos de los individuos responsables de las fechorías de la prensa amarilla ya corren a desviar la atención de sus propios hechos, y ahora critican esta decisión. No obstante, todos conocemos casos, sobre todo de mujeres, que han sufrido maltratos a manos de sus parejas en España. Muchas de estas denuncias nunca llegaron a juicio porque la mujer fue manipulada o decidió retirar la denuncia, para luego ser encontrada muerta. En ningún caso voy yo a defender aquellos que perpetran la violencia de género, pero es aquí donde los derechos humanos, que muchos hoy día creen obsoletos, siguen teniendo una importancia fundamental. Si es verdad que Caroline fue una agresora, se merece el juicio y la condena, pero no la pena capital, que es al final, la que ella ha pagado. Muchos nos preguntamos ahora si Enrique y Meghan Markle eligieron su vida en Canadá para evitar un episodio como el de Caroline. Las ratas que hicieron banquete de las penurias de Caroline son las mismas que dedicaron tres años a una campaña de acoso y derribo a Markle.
Francisco Miguel Gómez |
|
| | <-Volver |
|
|