
Las preguntas sobre la esencia de la felicidad han sido continuas a lo largo de la historia. Desde el justo medio y la prudencia de Aristóteles hasta el placer sin excesos de Epicuro. Y también la resiliencia y la razón como base para ser feliz del estoicismo. No es casual que el emperador y filósofo Marco Aurelio diga que la felicidad de nuestras vidas depende de la calidad de nuestros pensamientos.
La actitud mental y psicológica es clave para ser feliz. Algo explicado también por Séneca y otros pensadores. La serenidad de la mente y la dirección de la razón son también necesarias para el logro del equilibrio y de una buena vida. Según Bauman existen infinitas maneras de ser feliz, porque depende del carácter de cada persona. Estoy de acuerdo.
De todas formas, estoy convencido de que, si no damos de sí todo lo que podemos, es difícil ser felices, de una forma auténtica. Por esta razón, considero que como dijo Helen Keller: la vida es una gran aventura o nada. No existen términos medios para hacer la vida que uno quiere de verdad.
La pasión y la intensidad en todo lo que se hace son parte integrante del placer o de la felicidad, de distintas maneras. Franklin D. Roosevelt decía que el estado feliz está en la alegría del logro y en la emoción del esfuerzo creativo.