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Día Escolar de la la No Violencia y la Paz en el 2020 | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 26.01.20 | |  En este año, que acabamos de empezar, con todos los propósitos concebidos hasta democráticamente, no podemos pasar por alto el tema tan transparente de la No Violencia y la Paz. Es difícil ajustar la agenda de la Paz, porque la luz, con la que todos los días contamos, no nos hace ver con diáfana claridad el quehacer diario de la Paz. Sin embargo, todos los colegios ya están preparando las actividades que se van a llevar a cabo el próximo jueves, día 30 de enero, para rendir el más ferviente de los cultos a la Paz. Sencillamente y casi sin hacer demasiados aspavientos todos los escolares se prestan a rendirse y rendir sus propósitos y sus promesas a esta diosa tan humana que es la Paz. No necesitamos grandes ni ambiciosas proclamas, para hacer de este día un día mayor que pueda hacer cundir con su ejemplo una ferviente devoción diaria, a pesar de las soflamas que nos rodean y que asedian nuestras modestas y solidarias voluntades. El día de la Paz tiene que ser uno de los días más nuestros, porque a muy poquitos de los humanos les gusta que los fastidien. Las provocaciones que tanto nos separan tienen que ir desapareciendo conforme esta juventud solidaria y consciente de los verdaderos problemas del mundo vaya creciendo y con ella se puedan llevar adelante los acercamientos y la eliminación de sospechas, para que solidariamente se vayan liquidando las provocaciones incluso domésticas y sociales. | La escuela debe aprender que su existencia es una verdadera redundancia de compromiso de paz, porque la concordia, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos tienen que crecer desde abajo hacia arriba. No es mal árbol el que da buenos frutos, pero hay que conseguir que todos los días podamos labrar un aire generoso que nos impida por más tiempo tener que administrar tantos malos y contrarios vientos. Las escuelas tienen que contagiarse y contagiar todos los días del espíritu de esta celebración, que no puede quedar reducida a una sola jornada, por muy laboriosa que haya sido su preparación. Siempre hemos dicho que la escuela, sobre todo, está falta de movimiento y, especialmente, en los programas de infantil y primeros años de primaria, donde la psicomotricidad, estrategia de prevención, tiene que ser una acción educativa indispensable, que no se puede eludir, porque las programaciones todavía no han caído en la cuenta de los valores educativos que poseen el movimiento, la música, el teatro, el arte espontáneo mediante el dibujo libre y los textos libres... Siempre recordaremos un colegio de infantil que tenía todo el patio encementado. Suponemos que sería para que los “estudiantes” no se ensuciaran. Pues bien, todos los días había grupos de niños que se dedicaban a machacar los ladrillos vistos de la corona o sombrerete del muro exterior, sobre el que descansaba o alzaba la valla metálica. Así sacaban un polvo fino, una arenita, con que poder jugar. Los niños no tenían arenario disponible y ellos por instinto se dedicaban a fabricar el material que necesitaban. Además lo hacían en plena conformidad, sin peleas y colaborando unos con otros. En ese mismo patio había un tubo muy alto, de no sabemos qué, y siempre había alguien que subía por él. La verdadera libertad lleva a la creatividad y a la solución pacífica de conflictos. Ya explicamos en “Sensibilidades municipales”, cómo unos amigos se encontraron un colegio que tenía todo el recreo convertido en un gran arenario y cantidad de palas, cubos y carritos. Las cosas parecen que van cambiando, pero si pertenecen a las decisiones de “palacio, van despacio”. Ahora podemos hablar de urgencia. Y la urgencia es que en todo el desarrollo curricular haya una apertura hacia el juego libre, la psicomotricidad libre y otras actividades, aunque sean medio o totalmente dirigidas que pongan al alumnado en situación de creatividad, que es la que lleva grandes dosis de reconocimiento de los valores ajenos, de disposición colaborativa, de entendimiento, de comprensión... entre personas de distintos estatus social, de distinta cultura, de diferentes razas... Así siempre y día a día, no sólo “un día al año, como si no hiciera daño”. Sobre todo, en los primeros cursos la educación no puede ser esclava de una concepción mercantilista, que va enfermando el “espíritu” de la escuela con el paradigma de supermercado que últimamente está inoculando las premisas y expectativas de una sociedad más domesticada que educada. Una sociedad verdaderamente educada es un instrumento de paz. josemª |
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