Tal que hiciera el más fino joyero eligiendo las perlas de un joyel, el racimo de uva moscatel lo elige sabiamente el jornalero.
Con sus manos y un infinito esmero, como haciendo la ofrenda de un clavel, déjalo al sol para que se haga miel sobre la parda tierra del pasero.
Y es como si del traje de un torero los cuernos astifinos de un burel hubiéranle arrancado algún cairel dejándolo brillando en el albero.
Llegándole pisado, el cosechero trasvasa el zumo de oro en el tonel; y hasta alcanzar su más alto nivel madúralo el experto bodeguero.
Terminó la crianza. El vinatero procede a embotellarlo del granel, y es cual si el sol, embriagador doncel, quedara en la botella prisionero.
Y en su buqué, tan noble y placentero, tan preciado donde haya buen mantel, el malagueño vino Moscatel lleva nuestra embajada al mundo entero. |