Hasta hace unos meses, siempre que un ministro del gobierno iba en busca del presidente para contarle alguna iniciativa genial que costaba dinero, la respuesta zapateril era siempre la misma: “Bien, pero eso antes de nada háblalo con Solbes, a ver lo que cuesta y que te dé permiso”. Del control solbiano se ha pasado al descontrol zapateril. Solbes es la voz que clama en el desierto, la conciencia lógica de un gobierno que encadenado a un programa que no ha podido cumplir y se ha agarrado al clavo ardiendo de la promesa electoral irrealizable buscando votos a costa de los remanentes de dineros, que Solbes, cual hormiguita, ha ido recopilando en estos años de bonanza.
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Dos mil quinientos euros por nacimiento, subida de pensiones por encima de ipc, viviendas gratis para todos, arreglos bucodentales, pagar los millones comprometidos con Cataluña y lo de ayer, ayudas a los jóvenes para pisos en alquiler. Solbes se debe de estar tirando de los pelos. Ha pasado de ser el ogro y el controlador al ninguneo. Protesta, advierte, amonesta, aconseja, pero no se le escucha. En España en momentos de crisis económica se está tirando la casa por la ventana y ni puto caso al administrador, artífice principal de que la casa se haya mantenido económicamente más o menos bien durante tres años y medio.
Pedro Solbes, alicantino de 65 años, tiene un amplio currículo en la administración española, donde ha desempañado puestos de alto nivel, hasta que González lo ascendió a ministro de Economía y Hacienda desde la cartera de Agricultura, para intentar arreglar el desaguisado en las cuentas que había dejado su predecesor el infausto Solchaga. Un técnico no politizado que tomó el carné del PSOE cuando entró de ministro.
Lo intentó con buen criterio y en su tarea logró cosas importantes de contención del déficit, poniendo las bases de una economía europea acorde a los planes de convergencia previos a la entrada de la moneda única y en 1996, al acceder al poder el PP, le sustituyó un buen amigo suyo, de su misma escuela, Rodrigo Rato, con quien siempre ha guardado unas excelentes relaciones de amistad y trasvase de conocimientos, tanto es así, que Solbes es el autor de la biografía de Rato. Fue nombrado miembro de la Comisión Europea en 1999, con pleno apoyo del gobierno popular a la propuesta y desempeñó la importante cartera de asuntos económicos y monetarios teniendo un importante papel en la introducción del euro como moneda única.
Sirva esta pequeña sinopsis biográfica para darse cuenta de que Solbes sabe de economía, sabe y mucho, por ello Zapatero lo recuperó de ministro en 2004 para darle confianza a los sectores económicos, bancarios y empresariales españoles, garantizándoles que se dejaba la economía en buenas manos y no habría aventuras disparatadas. Un inmenso prestigio profesional avala a Solbes y lleva unos meses clamando en el desierto. Ya ha anunciado que no piensa repetir de ministro, caso de que gane el PSOE y ZP se lo pida de nuevo.
Es listo, sabe lo que pasará con estas medidas electoralistas y las que vendrán de aquí a marzo. Si gana el PSOE, menudo marrón para quien le toque la cartera de Economía, en plena crisis, tiesos, y con un ciento de compromisos que cumplir y si gana el PP, pues nada, de todas formas él no va a repetir y el que venga atrás, que arree.
Así que en estos momentos que todos los ministros hacen cola en la puerta del despacho del presidente con sus variopintas propuestas -¿apostamos algo a que dentro de unos días aumentan los plazos de excedencia laboral a la familia en caso de embarazo?-. Solbes debería también de pedir número en la cola ministerial con su plan bajo el brazo.
“Presidente, aquí traigo la mía, cuadriplica la pensión que reciben los cargos públicos -incluido ministros evidentemente- en caso de jubilación, que yo me voy y no me digas que no hay dinero. Anda y que te zurzan ZP”.
Luis Bravo |